Dolor de una madre buena

Vista de la Virgen de las Lágrimas. / Andrea Cubillas

El buen tiempo animó a un buen número de leoneses a salir a la calle a arropar a las tres tallas de la Virgen procesionadas por la Cofradía de Angustias y Soledad

N.B. León

Especial por su número y por moverse en el umbral entre el día y la noche, la iglesia de Santa Nonia volvió a ser el punto de salida tradicional de la procesión del Solemne Dolor de Nuestra Madre, organizada por la Cofradía de Angustias y Soledad, una de las más nutridas de la ciudad.

Un auténtico mar de túnicas negras enfiló la calle de Santa Nonia cumpliendo las expectativas de centenares de leoneses, que acompañados por las buenas temperaturas salieron para arropar a las tres tallas que se han exhibido en la procesión.

Los braceros han portado las tres tallas en las que la Virgen, como no podía ser de otra forma, ha vuelto a ser protagonista.

Y este año era especial. 25 años cumple saliendo en procesión la imagen de la Virgen de las Lágrimas, del año 1952, de Manuel Gutiérrez Álvarez, que ha partido en primer lugar. Tras ella, la Virgen de las Angustias, de la escuela de Juan de Juni, de finales del siglo XVI.

A la cola, Nuestra Señora de la Soledad, parapetada en el trono tras decenas de largas velas, fue la imagen más aplaudida a la salida de la procesión, entre las notas del himno nacional.

La salida de los pasos, su giro hacia la calle la Rúa, y el discurrir hasta el final de la calle San Francisco han sido sin lugar a dudas algunos de los instantes más visuales de una marcha marcada por el recogimiento, que ha vuelto a ofrecer bellísimas estampas en el entorno del viejo consistorio de San Marcelo.

Estremecedor también ha sido el encuentro Plaza de las Concepcionistas, cuanto las bandas han dejado un solo tambor para acompañar a los pasos mientras las monjas del monasterio han cantado a las marianas imágenes.

La música, a cargo de la agrupación musical de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, junto con la banda de tambores y cornetas de la misma cofradía, puso la nota necesaria a una procesión bella y querida.

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