El cielo se abre a la Esperanza

Una petalada cae sobre el paso de la Virgen de la Esperanza. / Inés Santos

La Procesión de Jesús de la Esperanza logra sacar a las calles de León sus cuatro tallas bajo un marcado acento andaluz con una puja que solo la Cofradía del Sacramentado ofrece a los leoneses

RUBÉN FARIÑASLeón

El cielo azul abrió paso a la esperanza. León se pudo lanzar a la calle, como le gusta hacer en cada primera luna de primavera, para disfrutar de su gran pasión.

La Procesión de Jesús de la Esperanza logró el indulto del tiempo y pudo cruzar el arco de la Colegiata de San Isidoro para recorrer el centro de la capital leonesa.

El Cautivo asomó a la plaza de Santo Martino. Sometido ante Anás, caminó bajo el paso que sólo la Cofradía del Sacramentado sabe darle a la Semana Santa de León.

Sus braceros, a dos hombros, movían la talla de Jaime Babío al ritmo que marcaban las cornetas y tambores de la Banda del Santísimo Cristo de la Victoria, unos músicos leoneses que ofrecen en el Sábado de Pasión sus únicas marchas, antes de emigrar al Sur.

La Virgen del Piedad y del Milagro también sumó el dolor de una madre a la excelsa procesión que propone la humilde cofradía de capirotes altos e intenso azul marino de sus túnicas.

Esta talla, anónima y datada en el siglo XVI, también es pujada por mujeres a dos hombros, dando un carácter de portadores y un sentido andaluz a la Pasión leonesa.

La emocionante petalada

La Agrupación Musical del Gran Poder hizo sonar los acordes del Himno de España para la ocasión y también guió a Jesús de la Esperanza. La obra de Melchor Gutiérrez, un Cristo yacente de tonalidad dorada destaca por su intenso colorido floral.

Al brazo y al hombro. Gritó el seise de la Virgen de la Esperanza. Bajo esa premisa, se elevó esta imagen bajo palio de Miguel Bejarano, acompañada por la Agrupación Musical de la Bienaventuranza.

Especialmente emotivo fue su paso por la calle Sacramento. Desde las ventanas de la Colegiata de San Isidoro, una petalada caía sobre las braceras, las andas y el palio de la Virgen de la Esperanza, antes de encarar la plaza, donde la Coral Isidoriana cantó al paso de las cuatro tallas del Sacramentado.

También, en la calle Ancha, ante la Capilla del Cristo de la Victoria, la banda del mismo nombre honra anualmente este lugar con un sencillo acto.

La tregua del cielo fue aprovechada por la penitencial para ofrecer una magnífica procesión y meter de lleno a León en su Semana Santa.

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