El Dulce Nombre de Juan Carlos Morán

El próximo domingo, este 'papón de cuna' tomará la vara de mando de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno tras 41 años prestando su servicio a la penitencial de Santa Nonia

Juan Carlos Morán será el nuevo abad del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. / Sandra Santos
RUBÉN FARIÑASLeón

En sus venas corre sangre nazarena. Lleva el negro de la túnica incrustado en su piel. Ahora, sobre su espalda no sólo llevará el peso de la cruz, también llevará 407 años de historia.

Juan Carlos Morán nos recibe en el hogar que vincula a los 4.500 hermanitos de Jesús. Su alto cargo laboral rápidamente lo deja de lado, nos pide que le tratemos de tú; así quiere él que le traten los papones del Dulce Nombre durante el mandato que iniciará este domingo.

«Mi máxima va a ser estar cerca de los hermanos y eso implica estar disponible en cualquier momento que puedan necesitarme». Por delante tendrá un año donde lo que más pesará será «la responsabilidad de representar y ser la imagen visible de tantos hermanos», pero está convencido de que la vara no le cambiará y seguirá siendo «un humilde papón, un hermano de la cofradía»

La Capilla de Santa Nonia ya está engalanada para su toma de posesión. Tomará el relevo de Manuel Modino, actual abad de la centenaria penitencial, y lo hará tras una vida dedicada al Nazareno.

«Recuerdo que vinieron a buscarme a casa para llevarme a mi primera procesión. Recuerdo la emoción de ponerme en mi fila con mi cruz»

Desde 1976 pertenece a esta histórica cofradía. Han pasado 41 años desde el primer día que se enfundó el capillo negro y recuerda su primera vez. «Recuerdo muchísima emoción, muchísimos nervios. No quería llegar tarde. Recuerdo que vinieron a buscarme a casa para llevarme a mi primera procesión. Recuerdo la emoción de ponerme en mi fila con mi cruz. Vivir con muchísima intensidad el dar la mano a todos los niños que esperaban la procesión y la emoción de llegar a Santa Nonia tras todo el recorrido».

Su trayectoria como hermano del Dulce le retrotrae a sus primeras tiradas con el Expolio; de ahí tomó la decisión de pasar a ser suplente de Nuestro Padre Jesús Nazareno hasta que pudo ser titular.

Más de cuatro décadas como papón, desde las filas de cruces hasta la junta de gobierno. Accedió a ella gracias a Carlos Rueda, en 2011, algo que se aceptó por unanimidad y por lo que estará «eternamente agradecido». Ahora, afronta el año más importante como miembro de la cofradía.

«Nunca olvidaré cuando hace unos años tuve el poder de pujar con mi padre a Nuestro Padre Jesús Nazareno, la almohadilla, hombro con hombro con mi padre; fue algo único»

Sus ojos brillan de una manera especial cuando mira al Nazareno, «la piedra angular sobre la que pivota mi vida religiosa. Para mí es un honor llevar a Nuestro Padre Nazareno en hombros, ser un humilde bracero, y el sentimiento que se vive ahí debajo es muy difícil de trasladar». Y de ‘el señor de León’ emana la anécdota que recuerda con un profundo sentimiento. «Nunca olvidaré cuando hace unos años tuve el poder de pujar con mi padre a Nuestro Padre Jesús Nazareno, la almohadilla, hombro con hombro con mi padre; fue algo único».

A nivel general, también tiene grabado en la memoria como «punto de inflexión de mi experiencia como hermano» el vía crucis de Madrid con motivo de la visita del papa Benedicto XVI a la capital de España. «Fue un momento único. Los que tuvimos la suerte de poder vivirlo tuvimos un sentimiento espectacular, de gran intensidad religiosa, de confraternidad y hermandad».

Reconoce que cada Viernes Santo le cuesta dormir. Desde la cena de hermandad hasta La Ronda, en la noche del Jueves Santo; desde el silencio de las horas previas hasta que camina hacia Santa Nonia. Poder abrazar a los hermanos que hace un año que no ve, en la puerta de la capilla. Todo ello cobrará un especial sentimiento en 2018.

«Las emociones están siendo tremendas y las muestras de cariño y apoyo no dejan de llegar»

«Será igual de emotivo, un momento muy especial; poder presidir la Procesión de los Pasos va a ser muy emocionante. Poder ver la procesión junto a la familia y ver que por delante pasan los hermanos y todos rinden un sincero tributo hacia el abad, como se ha hecho a lo largo de la historia, va a ser seguro un momento muy emotivo».

Apenas faltan unas horas para que Juan Carlos Morán tome la vara de mando del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Está viviendo unos días muy intensos, asegura. «Las emociones están siendo tremendas y las muestras de cariño y apoyo no dejan de llegar».

El nuevo abad promete un mandato de «continuidad, cercanía con los hermanos y pequeños cambios», en los que vienen trabajando. No cree en los proyectos de un año y por ello espera no ser nada más que un pequeño grano de arena que de más esplendor, si cabe, a esta centenaria cofradía.

El nuevo abad de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, horas antes de su toma de posesión. / Noelia Brandón

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