Nevenka Fernández, el primer grito contra el acoso sexual que dividió a España, convertida en un referente

Nevenka Fernández, en una comparecencia pública en Madrid. /Juan Lázaro
Nevenka Fernández, en una comparecencia pública en Madrid. / Juan Lázaro

Juan José Millás reedita el libo ‘Hay algo que no es como dicen’ en el que relata cómo la concejala de Ponferrada fue la primera en denunciar un caso de acoso sexual, en un año en el que ‘Time’ ha nombrado persona del año a aquellas famosas que lideraron el movimiento ‘Yo también’ | Su madre hoy lamenta que su hija no tuviera el mismo apoyo que estas mujeres

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El ‘caso Nevenka’ vuelve a estar en plena actualidad. En el año en el que numerosas famosas han iniciado un movimiento contra el acoso sexual, siendo nombradas personas del año por la prestigiosa ‘Time’, la concejala berciana, la primera que dijo “no” y denunció públicamente a su acosador vuelve a la memoria de España.

Un país que se dividió ante este caso que llevó a Nevenka Fernández a abandonar el país y exiliarse en el extranjero. Tan duro episodio tuvo su mejor reflejo en forma de libro. Juan José Millás publicó 'Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad’, que ahora reedita DeBolsillo.

Un libro que recuerda unos hechos que ocurrieron hace ya 16 años, cuando la joven, al frente de la concejalía de Hacienda y Comercio, denunció públicamente el caso, que provocó primero la dimisión del alcalde Ismael Álvarez y, más tarde, su condena por acoso, después de que no rompiese la decisión de haber teminado con su relación.

Fue el primer político condenado por acoso sexual en España. Sin embargo, la pena fue mínima: el pago de una indemnización de 12.000 euros y una multa de nueve euros al día durante nueve meses. La condena de Nevanka fue peor. La joven vive en el extranjero para alejarse de sus fantasmas, que duermen en Ponferrada.

«Cuando vi a Nevenka, me quedé espantado: parecía una criatura recién salida de un campo de concentración. Estaba en los huesos. Miraba a un lado y a otro cada vez que decía algo, como si flotara en el ambiente un peligro indeterminado que en cualquier momento pudiera materializarse. Encendía un cigarrillo con la brasa del anterior. También hacía un gesto raro con las manos, como si se las estuviese lavando continuamente, o como si quisiera deshacerse de unas ataduras invisibles. En fin, te ponía los pelos de punta...» JUAN JOSÉ MILLÁS

«Fue un infierno»

También tuvo que irse de Ponferrada su madre, Francisca García, que recuerda, en una entrevista para el Español, que eran consciente de que denunciar era ir a una “guerra de soldados” y asegura que le gustaría que su hija hubiese “recibido tanto apoyo” como hoy se le presta a otras víctimas, como ocurre con el caso del productor de Hollywood Harvey Weinstein.

En cualquier caso, para Francisca asegura que la sociedad sigue siendo “muy machista”, tanto que incluso Nevenka se plantó a denunciar ante la asfixia social que sufrió. “"El alcalde trató de evitar el escándalo y ella, en principio, pensó en no ir a juicio si le daban una salida digna. Nos hubiéramos equivocado, claro, pero eso lo sabemos ahora".

Francisca recuerda que fue un infierno, sin embargo, asegura que esta “orgullosísima de su hija a pesar de que la denuncia la obligó a cerrar un negocio y hoy, todavía, sigue siendo la madre de Nevenka. “El apoyo a la familia fue clave. Sin él hubiese sido difícil afrontar este proceso. Ella vivió un infierno y, si no hubiera denunciado, habría muerto como nos dijeron los médicos”, asegura durante su entrevista a El Español.

La visión de Millas

En su día, Juan José Millás confesó una atención irregular al caso, perdiendo notas que tomaba aquí y allá, se desvela una noche, coincidiendo con la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Castilla y León, y piensa en la historia de esta mujer como en la de un extrañamiento.

«Había sido víctima de su propia cultura, una cultura machista, misógina, brutal en muchos aspectos. De hecho, cuando Ismael Álvarez perdió el juicio y se vio obligado a dimitir, Ana Botella, una de las mujeres más influyentes del Partido Popular, había alabado la actitud impecable del acosador sin tener una sola palabra de solidaridad hacia la víctima”.

“Nevenka, pues, había sido “uno de ellos” hasta que “ellos” empezaron a producirle horror (y ya veremos el tamaño de ese horror). A lo largo de ese proceso de extrañamiento se convirtió en un monstruo para los suyos, pero también para sí misma, pues no había contado con una cultura de recambio que la acogiera para curarle las heridas. En cierto modo al denunciar el caso, había renunciado a su identidad sin tener otra de repuesto» (página 27).

Y así, a lo largo de 21 capítulos y un epílogo, Millás mete al lector de en una historia concreta, terrorífica, de acoso moral y sexual en la que la víctima, como todas las víctimas de acoso, ha quedado paralizada, sin posibilidad de defenderse.

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