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Philippe Vieira, adiestrador de caballos y fundador del Club Hípico del Bierzo.
Philippe Vieira, adiestrador de caballos y fundador del Club Hípico del Bierzo. / César Sánchez

Caballos que leen la mente

  • El director del Club Deportivo Hípica del Bierzo imparte un taller de telepatía con equinos en Fabero para fomentar la comunicación sensorial entre jinete y animal

«Yo no soy científico, pero puedo decir que hay una manera de comunicarse con el caballo que no se explica muy bien, que funciona fuera de la forma habitual», asegura tajante Philippe Vieira, técnico deportivo en la especialidad de equitación y director del Club Deportivo Hípica del Bierzo. Este francés enamorado de los caballos, que en el año 2013 instaló en Camponaraya su escuela de equitación, impartirá un taller de telepatía con equinos en el transcurso de la Feria Mundo Esotérico, que se celebrará en Fabero los días 26 y 27 de noviembre. «Nuestra parte instintiva no entiende de distancias ni de tiempo ni de fronteras, el instinto animal nos da información sobre las energías que nos rodean», explica Philippe, que espera que el taller cumpla con el objetivo de que «aprendamos a relacionarnos de nuevo a través de los instintos».

La posibilidad de comunicarnos sin utilizar palabras ni gestos es un sueño que la humanidad ha perseguido desde tiempos antiguos. Pero Philippe considera que ya disponemos de esa capacidad, aunque la hayamos dejado aparcada. “Nosotros olvidamos a veces que somos animales, el ser humano ha olvidado su parte instintiva y las facultades que puede desarrollar”, explica. “No se trata de hablar con el caballo. Se trata de lo que pasa en tu interior, de las vibraciones que transmites y que los animales pueden sentir”, asegura el técnico de equitación, que admite sentirse inspirado por la figura mitológica del centauro, el ser a medio camino entre el hombre y el caballo. “Esa es un poco la idea, el binomio entre el jinete y el caballo, que cuando estamos montando, hacemos una unidad completa”, afirma.

Como prueba de que esa “comunicación sensorial” entre el ser humano y el equino existe, Philippe explica que “en las competiciones de saltos, sólo con la mirada, sin utilizar las ayudas de las manos y las piernas, el caballo sabe dónde tiene que ir, cuál es el próximo obstáculo”. El francés admite no tener una explicación científica para el fenómeno. “Es una forma de comunicación casi telepática, no me preguntes cómo funciona, porque el caballo está abajo y el jinete arriba. No se puede explicar todo, pero que no entendamos una cosa no significa que no exista o que no funcione”, defiende. Algo similar sucede en los espectáculos de doma clásica. “Tú piensas en la figura que quieres hacer y sin que tengas que actuar en nada, el caballo llega al lugar y la ejecuta”, asegura convencido. “Y esto no lo digo sólo yo, todos los jinetes de doma clásica te dirán lo mismo”, remacha.

Aunque el ejemplo más evidente de esa forma de comunicación es el de los caballos que participan en los espectáculos taurinos para la práctica del rejoneo, que Philippe define como “una de las formas más avanzadas en términos de compenetración entre jinete y animal”. “En esa situación de peligro, en la que el caballo se está jugando la vida, el jinete tiene las banderillas en el aire y las riendas sobre el pantalón, porque el caballo sabe perfectamente lo que tiene que hacer”, explica el técnico de equitación, que asegura que el riesgo provoca que las partes instintivas de caballo y jinete “se mezclen”.

Gestión de emociones

La clave del sistema de comunicación sensorial radica en la gestión de las emociones, una materia en la que Philippe también ha impartido talleres, tanto en Camponaraya como en Valladolid. En esos talleres de canalización de emociones, el instructor de equitación enseña a los participantes a diferenciar las distintas ondas que emitimos en función de nuestra actividad cerebral. Así, la onda beta estaría asociada a un estado de excitación, mientras que el modo alfa permitiría entrar en un estado relajado cercano a la meditación.

Al respecto, Philippe recuerda como, durante una de las sesiones prácticas, pidió a los asistentes que formaran un gran círculo uniendo sus manos. “Una yegua muy nerviosa se puso a dar saltos en medio porque sentía su energía, pero cuando entramos en modo alfa, la yegua se tranquilizó y empezó a pastar”, relata Philippe, que considera que ese tipo de comunicación se produce “a través de sentimientos que recibimos y transmitimos”. “No sé si se puede hablar de telepatía, yo hablaría más bien de comunicación con el caballo de una forma un poco distinta de lo que imaginamos. En equitación se habla de compenetración, aunque nadie sabe definir muy bien lo que es”, explica.

En un plano más científico, el director del club hípico recuerda que el cerebro humano está dividido en tres secciones, siendo el cerebro reptiliano el más primitivo, “el que nos permite huir de los miedos básicos”. Por otro lado, existe una parte límbica, donde se generan y administran las emociones. “Esas dos partes están muy desarrolladas en el caballo, mientras que los humanos hemos desarrollado más la parte del neocórtex, que controla los aspectos cognitivos y el pensamiento”, afirma. Eso explicaría por qué los caballos son uno de los animales que detecta con antelación fenómenos como un terremoto o un tsunami. “Los caballos tienen esa sensibilidad muy desarrollada, nosotros la perdimos con el tiempo”, explica Philippe.

Un animal extremadamente sensible

En ese sentido, el francés define al caballo como “un animal extremadamente sensible, con un corazón tan grande como su cuerpo” y recela del papel superior que se ha otorgado a sí misma la especie humana dentro del tablero de la vida. “Los animales entienden como nosotros, al final somos todos seres vivos y funcionamos igual, con emociones, memoria, razonamientos, sentimientos, días malos y días mejores. Si tú sabes transmitir tranquilidad, serenidad y amor, un caballo te da su vida entera”, explica con entusiasmo.

Conocer previamente al caballo “facilita esa comunicación”, admite, que recuerda, no obstante, una situación en la que tuvo que tranquilizar a un caballo desconocido antes de participar en un espectáculo. “Lo había visto tirar jinetes en actuaciones anteriores, pero cuando llegó mi turno, me puse a hablar tranquilamente con él; el caballo entendió perfectamente lo que le decía y me hizo el ejercicio clavado”, relata.

Equinoterapia

Tras formarse en la Fundación Caballo Amigo, Philippe también ha investigado las posibilidades asociadas a la equinoterapia y avanza su intención de poner en marcha un proyecto filantrópico cuyo objetivo sea “poder medir los beneficios que se dan o no en estas sesiones terapéuticas”. “Yo pongo a disposición mis caballos y el conocimiento que tengo de ellos, pero necesito que, en paralelo, exista un comité científico de médicos en función de la patología. En algunos casos necesitaremos un psicólogo, en otros un logopeda y en otros un fisioterapeuta. Cada caso es un mundo y necesita especialistas que dispongan de un protocolo para poder medir bien cómo vamos avanzando en cada programa”, explica el director del club.

En ese sentido, el francés reconoce que “a nivel económico constituir el grupo es muy complicado, cuesta encontrar especialistas que se comprometan” y recuerda que “esto tiene que ser muy altruista y con gente voluntaria, es la única manera de hacerlo”. “Quiero que sirva para algo, por eso quiero centrarme en casos concretos, no me interesa tener grupos grandes y poder dedicar sólo cinco minutos a cada uno”, explica Philippe.

En estos tres años de vida del club, su director ha atendido casos como el de un niño con síndrome de Asperger que presentaba problemas de psicomotricidad y dificultad para concentrarse. “Hicimos un trabajo de inclusión y lo pusimos en un grupo con otros niños sin discapacidad. Al final, el niño acabó liderando la tanda y, a nivel de psicomotricidad, lo hacía mejor que cualquier otro porque el caballo le ayudaba a concentrarse y a vivir en el momento presente”, asegura.

Otro caso más complicado tuvo que ver con un pequeño que sufría una enfermedad degenerativa neuromuscular. “En la primera sesión, sólo el hecho de subirlo al caballo le provocaba mucho dolor, abrir las piernas para él era un suplicio. Llegamos a la conclusión de que había que hacer un trabajo de fisioterapia previa y, después de hacer esos ejercicios, tenía que subirse otro jinete con experiencia detrás para sujetarlo bien”, recuerda Philippe. El trabajo con el pequeño le ayudó a “reequilibrar su cuerpo y encontrar movilidad al trabajar músculos que en la silla nunca trabajaba”.

Además, Philippe explica que, en el caso de personas en silla de ruedas, el movimiento encima del caballo provoca una interesante reacción en el cerebro del paciente. “El caballo se mueve simulando el paso y los neurotransmisores dan información de que se tiene movilidad, estamos simulando que caminamos”, explica. En ese sentido, el director del club recuerda que “todos los pacientes pueden beneficiarse de la equinoterapia, tengan o no discapacidad” y afirma que “en pocos meses se ven muchos progresos” en aspectos como la confianza, la relajación o la concentración.