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Los bebés también quieren masajes

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Una pareja aprende técnicas de masaje infantil. / Fotos: Marta Jara. Vïdeo: M. Jara / V. Carrasco

  • La Asociación Española de Masaje Infantil imparte clases a los padres para aprender a manejar a sus recién nacidos

La clase comienza y los más pequeños callan porque el primer día de clase sus padres les sorprendieron con nuevos y agradables movimientos. Los monitores de la organización ilustran, dan instrucciones y responden a las dudas, pero sólo son los progenitores los que tocan a sus bebés (y no se despegan). Se necesita la confianza del pequeño y que muestre una actitud colaborativa porque así el masaje será satisfactorio, ya que las acciones se encuadran también dentro de la comunicación entre padre e hijo.

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Algunos acuden porque a sus hijos les cuesta expulsar los gases. O porque tratan de aprender cualquier técnica para ayudar a sus inquietos bebés. Otros, simplemente porque son padres primerizos y cada curso les parece esencial. Realmente, el espectro de progenitores que acuden a la Asociación Española de Masaje Infantil es tan diverso como el perfil de sus hijos y de sus posibilidades.

Lo primero es la edad. Pepa Pérez, una de las portavoces de la cara española de la organización internacional, aconseja los masajes a los bebés con menos de doce meses. «Se recomiendan en el primer año de vida, que es cuando hay que establecer el vínculo que es tan importante y seguro. Siempre luego más adelante hay oportunidades de establecer un vínculo, pero es mucho más sencillo hacerlo en los primeros meses de vida», señala. No obstante, también se contemplan talleres para niños de uno a seis años con enfoques diferentes. «Ya el bebé podrá interactuar más, ya le interesará absolutamente todo. Va a haber más movimiento del niño pero vas a poder hacer el masaje a cualquier nivel», explica.

No hay truco en las cinco sesiones en las que se suelen dividir los talleres para enseñar a los padres a masajear a sus hijos. «Aunque no es una cosa ancestral, tampoco es un invento reciente porque es una cosa que se ha hecho toda la vida. Ahora los padres tiene mucho interés en las herramientas y quieren hacer cosas con sus hijos», reconoce Pérez. La principal diferencia de estos profesionales es que han desarrollado un programa a partir del original de Vimala McClure en los años ochenta. Entonces ayudó a un orfanato de la India. Hoy, su idea inicial se ha extendido por una cincuentena de países con aportaciones más contemporáneas como la reflexología podal.

La clase termina y los bebés masajeados sonríen. No fueron todos porque es casi imposible mantener en calma a media docena de churumbeles. Los padres que no pudieron practicar con sus chavales lo hicieron con muñecos y memorizaron los movimientos para casa. Así, pronto sus hijos conocerán la satisfacción tras las sesiones y probablemente entonces serán los pequeños de la casa quienes lo pidan. Porque los bebés también quieren masajes.