Veinticinco años del secuestro de la farmacéutica de Olot

Vista de Olot. /Susanna Saez
Vista de Olot. / Susanna Saez

Fue el rapto más largo en España sin relación con el terrorismo

EFEOlot (Gerona)

Veinticinco años han transcurrido desde que, el 20 de noviembre de 1992, la farmacéutica de Olot Maria Àngels Feliu fuese secuestrada para pasar en cautiverio 492 días hasta su reaparición, una vez liberada, en una gasolinera de Lliçà de Vall (Barcelona).

El suyo fue el secuestro más largo de España sin que mediasen causas de terrorismo. A ello se sumó que la avalancha informativa de hoy día se canalizaba entonces a través de menos medios y mucho más convencionales, con lo que casi todo el país 'conocía' a Maria Àngels Feliu. La liberación fue una sorpresa y unos agentes de la Guardia Civil que se encontraban en aquel momento en la gasolinera fueron los primeros en intervenir, tras lo que vendría el traslado a un centro hospitalario de Barcelona.

El juez que instruía el caso era Santiago Pinsach y los primeros encarcelados fueron dos hombres, Joan Casals y Francesc Bassa, delatados por Francisco Evangelista, una persona que alcanzó gracias a ello una cierta cuota mediática. Sin embargo, Maria Àngels Feliu negó una vez liberada que Casals y Bassa fuesen quienes la habían mantenido encerrada durante dieciséis meses e, incluso, llegó a querellarse contra Evangelista.

El fin del secuestro se había producido el 27 de marzo de 1994 y, hasta cinco años después, la investigación no volvió a señalar culpables, en este caso con el punto de mira puesto en la Policía Local de Olot. Un agente, Antoni Guirado, se entregó, confesó los hechos y señaló como colaboradores suyos a un agente rural, Ramon Ullastre, y a su mujer, Montserrat Teixidor, así como a una tercera persona, José Luis Paz, que contaba con antecedentes por diversos delitos. Guirado justificó su participación en el caso en una extorsión por parte de Ullastre, quien le amenazó con desvelar asuntos turbios en los que se había visto inmerso.

La relación de implicados fue más allá y se sumaron otros dos individuos, un camarero y un entrenador de fútbol, aunque éste último fue absuelto.

El zulo donde Maria Àngels Feliu permaneció encerrada 492 días también fue encontrado, en el sótano de una casa en la localidad de Sant Vicenç de Torelló (Barcelona). El juicio tuvo que esperar una década desde el secuestro y, en él, Feliu relató como la asaltaron con arma de fuego en el aparcamiento de su vivienda y la subieron a un vehículo.

Posteriormente, la víctima dio detalles del espacio en el que pasó su cautiverio en condiciones inhumanas y de los diferentes roles de sus secuestradores, incluido el camarero que la liberó finalmente y para el que tuvo las mejores palabras, aunque ella nunca vio los rostros.

El siguiente salto en el tiempo de una cronología que arranca hace veinticinco años se remonta a 2009, cuando esa persona, la que mejor cuidó a Feliu, Sebastià Comas 'Iñaki', quedó en libertad después de cumplir una pena inicial de diecisiete años de cárcel que quedó reducida a ocho, incluidos los dos de prisión preventiva. Las otras condenas fueron de veintidós años para Ramon Ullastre, cabecilla de la banda, y Antonio Guirado; de dieciocho para la mujer del primero, Montserrat Teixidor; y de catorce para José Luis Paz.

A Iñaki le benefició haber sido la persona que liberó a Maria Àngels Feliu, aunque Guirado obtuvo también ese año un tercer grado penitenciario que vio revocado en 2012 al incumplir la obligación de mantenerse alejado de la farmacéutica y de Olot.

Feliu, hija de un industrial y madre de tres hijos, fue secuestrada cuando tenía 35 años y su familia estuvo dispuesta a pagar el rescate, según relató uno de sus hermanos durante el juicio, quien cifró el montante exigido en entre 12.000 y 600.000 euros, aunque todos los intentos resultaron infructuosos.

Una de las dudas que siempre planeó sobre este caso es si la víctima padeció el conocido como 'síndrome de Estocolmo', algo que corroboró el forense más popular de Gerona, Narcís Bardalet, que recientemente volvió a la actualidad en su calidad de embalsamador del cuerpo de Salvador Dalí, recientemente exhumado. Bardalet circunscribió ese 'aprecio' a Iñaki, el camarero que cuidaba de Feliu y la persona que la devolvió a la libertad en aquella gasolinera de Lliçà de Vall.

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