Pérez Vejo, el ‘asesino de Caloca’, se suicida en su celda de El Dueso

Pérez Vejo, el ‘asesino de Caloca’, se suicida en su celda de El Dueso

El autor confeso de la muerte a puñaladas de María Cruz Fernández en septiembre de 2013 se ahorcó usando las sábanas de su cama

NACHO GONZÁLEZ UCELAY

Funcionarios del Centro Penitenciario El Dueso encontraron ayer muerto en su celda al recluso Juan Carlos Pérez Vejo, condenado a 18 años de prisión por matar a su compañera sentimental en el mes de septiembre de 2013. Autor confeso de un espantoso crimen que causó una honda conmoción en toda la comarca de Liébana, el recordado ‘asesino de Caloca’ se habría ahorcado usando las sábanas de su camastro.

Según ha podido saber este periódico, el interno, que llevaba ya cuatro años en el penal santoñés, habría dejado sobre su lecho una carta de despedida dirigida a un familiar próximo y en la que le transmite sus emociones así como las motivaciones que le han llevado a tomar tan drástica decisión.

Declarado por un jurado popular culpable del asesinato de su pareja, María Cruz Gutiérrez Fernández, una lebaniega de 44 años de edad, Pérez Vejo pasará a la historia de la crónica negra de Cantabria como el ‘asesino de Caloca’ pues fue allí, en ese pequeño pueblo de Liébana, donde ocurrió todo.

Conforme al escrito de acusación presentado por el Ministerio Fiscal, el día 18 de septiembre de 2013, Pérez Vejo y María Cruz Fernández (él vecino de Caloca, ella de Barrio, ambos pareja estable desde 2010), quedaron para ir a cenar a un restaurante del municipio de Polaciones del que, según dijeron los testigos, se marcharon sobre las diez y media de la noche.

Luego de abonar la cuenta, ambos se subieron al vehículo de ella y pusieron rumbo a una pista forestal que une Caloca y Casavegas (Palencia) con la intención, parece ser, de escuchar la berrea.

Recién cumplida la una de la madrugada, María Cruz Fernández detuvo el coche en un paraje conocido como ‘La vuelta del Rozo’, donde la pareja se enzarzó en una discusión motivada por lo visto por los celos de su novio que desencadenó el terrible crimen.

Doce puñaladas

En un momento de la controversia, según relata en su escrito el fiscal, él «cogió del interior del vehículo un objeto cortante de hoja plana», y asaeteó el cuerpo de la mujer (hasta doce veces, contó el forense) causándole a ‘Crucita’ la muerte «no instantáneamente pero sí de forma rápida» con una puñalada directa al corazón.

Tras consumar la agresión, el asesino arrastró el cadáver de su novia hasta el límite de la pista forestal –en dirección a Caloca– y lo arrojó entre la maleza, donde quedó abandonado hasta que, a las once y media de la mañana del día siguiente, fue encontrado por unos excursionistas que, espeluznados, dieron la voz de alarma.

Huido a Santander, donde fue localizado apenas 48 horas después, Juan Carlos Pérez Vejo fue capturado y puesto a disposición del juez, que decretó su ingreso en la cárcel, donde el acusado esperó durante dos años y medio un juicio que se celebró en febrero de 2016.

El proceso arrancó con la selección de los miembros del jurado popular, seis mujeres y cinco hombres que no tuvieron que decidir si el encausado era inocente o culpable, porque él mismo confesó su crimen. Tuvieron que hacer funambulismo sobre una línea más fina que esa, cual era la que separa el homicidio del asesinato.

Decantándose finalmente por este último delito, con la circunstancia agravante de parentesco y descartando además la atenuante de consumo de drogas y alcohol que solicitaba el abogado del acusado, el jurado popular emitía el 5 de febrero su veredicto colocando a Pérez Vejo frente a una condena de 18 años de prisión, que, según explicó el magistrado Agustín Alonso, era «la pena más adecuada a la gravedad de los hechos».

Impasible, el ‘asesino de Caloca’, que abandonó la sala con una sonrisa de oreja a oreja, era devuelto al Centro Penitenciario El Dueso, donde ayer, casi cuatro años después de asesinar a puñaladas a su pareja, se quitó la vida ahorcándose con las sábanas de su camastro reservando a sus más íntimos las razones que le han llevado a obrar así.

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