El descuartizador de Majadahonda niega haber cometido los crímenes

Bruno Hernández. / Fernando Alvarado (Efe)

Bruno Hernández se refugia en una supuesta amnesia y en su enfermedad

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Bruno Hernández, el supuesto 'descuartizador de Majadahonda', lo niega todo y se refugia en su supuesta amnesia y en su enfermedad para no reconocer que mató a su tía y a su inquilina, a las que luego despiezó y cuyos restos habría hecho desaparecer en una trituradora de carne.

En la segunda sesión del juicio, Hernández ha afirmado no haber "cometido ningún delito" ni haber "hecho nada ilegal". El acusado ha respondido infinidad de veces con un "no recuerdo" a las preguntas más delicadas del fiscal. Además, ha alegado que sufre una "enfermedad" (está diagnosticados de esquizofrenia paranoide), que está "fuertemente medicado" y que su único interés es su pertenencia a una supuesta sociedad secreta a la que pertenece.

Hernández se enfrenta a un petición de cárcel de 26 años por haber asesinado a su tía Lidia H. F. y a una ciudadana argentina, Adriana B.G, que estuvo de inquilina en su casa, a las que luego despiezó e hizo desaparecer pasando sus restos por una trituradora de carne.

Ayer, la representante del Ministerio Público destacó que el acusado llevó a cabo "actos lúcidos y complejos" para "intentar eludir su participación" en los dos crímenes, lo que, en opinión de la fiscal, refleja que no sufre una esquizofrenia completa que le exima penalmente de manera absoluta de los dos crímenes. La acusación pública sostuvo, como ya hizo en sus escritos, que al acusado solo se puede aplicar una eximente incompleta de enajenación mental por su esquizofrenia paranoide, diagnosticada médicamente.

Según la fiscal, Bruno Hernández no fue totalmente ajeno a las supuestas atrocidades que cometió porque intentó encubrirlas y sacar provecho de las mismas. Así -recordó la acusadora pública- el supuesto homicida creó una sociedad de construcción para transferirse hasta 333.000 euros de su tía, a la que mató en 2010; falsificó su firma; viajó a Barcelona para posicionar allí el móvil de su inquilina argentina y despistar a los investigadores; o mandó mensajes a los familiares de su víctima sudamericana para intentar hacerles creer que seguía viva.

Los abogados de las familias de las víctimas defendieron que ni siquiera debe aplicársele una eximente incompleta, puesto que el presunto asesino cometió alevosía en ambos homicidios y fue plenamente consciente de lo que hacía.

El letrado del acusado, Marcos García Montes, por su parte pidió la absolución de su cliente porque es una persona que "está enferma y que está perdida en el tiempo y en el espacio".

Fotos