Condenan a un hospital por diagnosticar dolor de espalda a una mujer que murió por infarto

Vista exterior de 'El Defensor del Paciente'. / Oscar Solorzano

El centro sanitario deberá abonar la cantidad de 83.000 euros por el fallecimiento de la paciente, con antecedentes de hipertensión arterial, diabetes y obesidad

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El Juzgado de Primera Instancia número 49 de Madrid ha dictado sentencia por la que condena a un hospital privado madrileño a pagar la cantidad de 83.189,59 euros, más intereses legales y costas por el fallecimiento de una paciente de 76 años a la que se diagnosticó erróneamente el dolor de espalda pero murió por un infarto al final.

En un comunicado de 'El Defensor del Paciente', el suceso se remonta al 3 de marzo de 2015. La paciente, con antecedentes de hipertensión arterial, diabetes y obesidad, fue remitida por su médico de atención primaria al Servicio de Urgencias del Hospital para valoración de un cuadro de dolor torácico que estaba produciendo un deterioro físico importante.

La paciente decidió entonces acudir al Servicio de Urgencias del hospital privado. Inexplicablemente, a su llegada al Servicio de Urgencias, se derivó a la paciente al Servicio de Traumatología. Hizo constar como motivo de consulta dolor de espalda.

Tras una simple exploración física y una radiografía de columna, se diagnosticó Dorsolumbalgia atraumática y contractura muscular, se pauto reposo y analgesia y se dio el alta.

Al día siguiente, la paciente tuvo que ser atendida en su domicilio por emergencia hipertensiva con taquicardia y taquipnea, motivo por el que fue trasladada de forma urgente al Hospital. Se encontraba desorientada y en situación de insuficiencia respiratoria severa.

Una vez allí, se realizaron de inmediato las necesarias pruebas diagnósticas y se diagnosticó infarto agudo de miocardio en evolución. A pesar de las medidas aplicadas, la paciente falleció dos días después del ingreso.

Hospital: pérdida de oportunidad

La demandada, ya en la audiencia previa al juicio, en concepto de 'pérdida de oportunidad', que sostenía que se desconocía si habría fallecido en caso de haber sido diagnosticada antes.

Pero la familia no lo aceptó y respondió que no consideraban justo que la víctima, en este caso los familiares de la víctima, tengan que soportar la carga de una prueba diabólica (demostrar lo que habría ocurrido si se hubiera actuado correctamente), básicamente porque a esta situación se había llegado por culpa del médico que infringió la lex artis.

Acreditada por parte del paciente la mala praxis (carga de la prueba ya bastante dificultosa), debería corresponder al responsable de la conducta contraria al deber objetivo de cuidado, el médico, la carga de la prueba de demostrar que el resultado se habría producido de igual forma o su porcentaje.

La Sentencia acoge los argumentos del Abogado y condena al total porque considera que 'no se aprecian razones para ponderar la reclamación ni se da justificación de la reducción salomónica'.

Además sostiene que 'ni se hicieron todas las comprobaciones que la buena praxis médica aconseja, ni se siguió el protocolo dada la situación y dolencia cardíaca que presentaba el paciente, pues debió de solicitarse un electrocardiograma, análisis de sangre que incluyeran marcadores cardiacos y radiografía de tórax'.

'La evolución natural del infarto fue consecuencia de ese error de diagnóstico inicial, al no haber adoptado los medios adecuadas o tratamiento correcto, para evitar el empeoramiento del estado de salud del paciente, que terminó con su fallecimiento', agrega.

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