Las razones de Puigdemont para no convocar elecciones

«En estas últimas horas, antes de que expire mi potestad para convocar elecciones al Parlament como resultado de la entrada en vigor de las medidas propuestas por el Gobierno español en aplicación del 155, he considerado la posibilidad de ejercerla y convocar elecciones.

Es mi potestad y diversa gente me ha interpelado en estos días si pensaba ejercerla o no. Mi deber y mi responsabilidad es agotar todas las vías, absolutamente todas, para encontrar una solución dialogada y pactada a un conflicto que es político y que es de naturaleza democrática.

He estado dispuesto a convocar estas elecciones siempre y cuando se dieran unas garantías que permitieran su celebración en absoluta normalidad. Ninguna de estas garantías que justifiquen hoy la convocatoria de elecciones al Parlamento.

Mi deber era intentarlo honestamente y lealmente para evitar el impacto sobre nuestras instituciones de la aplicación del artículo 155 tal y como lo ha aprobado el Consejo de Ministros y se aprobará en el Senado.

Es una aplicación fuera de la ley, abusiva e injusta, que busca erradicar no sólo el soberanismo sino toda la tradición del catalanismo que nos ha llevado hasta aquí. No acepto estas medidas, por injustas y porque esconden casi sin disimular la intención vengativa de un Estado que se vio derrotado el día 1 de octubre.

Tampoco hay ninguna intención de detener la represión y de procurar unas condiciones de ausencia de violencia en la que unas posibles elecciones deberían celebrarse.

He intentado obtener estas garantías. Creo haber obrado de acuerdo con mi responsabilidad y con el sentimiento de gente de diferentes opciones que lo ha ido planteando. Pero esto no ha conducido, una vez más, a una respuesta responsable por parte del Gobierno, que ha aprovechado esta opción para añadir tensión en un momento en que lo que hay es máxima distensión y diálogo.

En este punto, y naturalmente sin haber firmado ningún decreto de disolución de convocatoria de elecciones, corresponde al Parlament proceder con lo que la mayoría parlamentaria determine en relación a las consecuencias de la aplicación contra Catalunya del artículo 155.

Nadie podrá reprochar a la parte catalana voluntad de diálogo y de hacer política. Nadie podrá decir que no está dispuesto a sacrificios para garantizar que se pondrían todas las facilidades al diálogo.

Pero una vez más comprobamos, con mucha decepción, que la responsabilidad sólo nos es exigida y presionada a unos, y a otros se les permite su absoluta irresponsabilidad. Es la lógica de una política hecha a base de gritos como el “a por ellos” en lugar de una basada en el “con ellos”.

La sociedad catalana, movilizada, nos ha llevado hasta aquí a base de participación, compromiso y serenidad, también de responsabilidad. Yo he intentado tener en mi presidencia, y en estos días que nos quedan para culminar el camino, este mismo compromiso, esa misma serenidad, cada uno con su responsabilidad.

Mi voluntad de presidente era agotar hasta el final todas las opciones que yo tenía en la mano. La sociedad catalana lo ha hecho siempre, como este gobierno, invocando la paz y el civismo, militante en la paz y el civismo.

Es necesario que en estas horas que se nos presentan el compromiso con la paz y el compromiso con el civismo se mantengan más firmes que nunca porque sólo de esta manera, y subrayo, sólo de esta manera, podremos acabar ganando».

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