Rajoy ante el abismo de Madrid

Cristina Cifuentes, en la convención del PP en Sevilla./Afp
Cristina Cifuentes, en la convención del PP en Sevilla. / Afp

El presidente aguarda, ante la negativa de Cristina Cifuentes a dar un paso atrás, mientras el PP evalúa el riesgo de perder uno de los feudos históricos del partido

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Fuerzas contrapuestas han tensionado esta semana las filas del PP. La negativa de Cristina Cifuentes a dar un paso atrás ha colocado a la formación conservadora en la tesitura de tener que elegir entre forzar su marcha y ceder ante Ciudadanos o aguantar y perder el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Mientras la presidenta regional resista, todo apunta a que Mariano Rajoy no dará muestras de transigir ante los liberales. Pero por mucho que se alargue el conflicto, al final en el cuartel general de Génova se decidirá si retener el poder o pasar el último año de legislatura en la sombra de la oposición sin la certeza de recuperar en las urnas la factura pagada.

El debate interno existe y en el entorno de Cifuentes no ven tan grave que los populares entreguen el Ejecutivo. Pero la maniobra es arriesgada y la dirección del partido es consciente de ello. La Comunidad de Madrid no es cualquier territorio para el PP. Sobre todo, desde que en las elecciones de 2015 su hasta entonces abrumador poder autonómico se vio gravemente debilitado. El de Cifuentes es una de las joyas de la corona, uno de los «históricos feudos electorales» del partido, con un valor simbólico y político que va más allá de lo numérico.

Los populares administran la comunidad desde 1995. Ha sido uno de sus principales graneros de votos y, junto a la Comunidad Valenciana, un escaparate para la exhibición de poderío. Pero los escándalos de corrupción acabaron por minar los bastiones del PP y debilitar los pilares del partido. Solo así se entiende que la noche del 24 de mayo de 2015 los 48 escaños obtenidos por Cifuentes supieran a mayoría absoluta.

Pese a los 18 puntos de caída, que las cuentas salieran con Ciudadanos para seguir gobernando salvaron el ánimo de los populares en una noche aciaga, en la que perdieron buena parte de su poder local y autonómico. El recuento acabó dejando incluso el Ayuntamiento de la capital en manos de Ahora Madrid, la alianza que incluye a Podemos, y no bajo la batuta de la hasta entonces invencible Esperanza Aguirre.

Así se convirtió Cifuentes en la gran esperanza del PP, la imagen de la regeneración. Era el final del 'aguirrismo' y la ruptura con un pasado de escándalos que lastraba a la formación conservadora. Hasta el punto de que el 27 de junio, un mes después de los comicios, Mariano Rajoy escenificó su satisfacción con el cambio de ciclo al asistir en la Casa de Correos de la Puerta del Sol a las tomas de posesión de los consejeros madrileños. Por primera vez un presidente del Gobierno acudía al acto. «Un indudable respaldo -interpretó la dirigente popular- no solamente del Gobierno de España al Gobierno de la Comunidad, sino también del presidente del PP al Gobierno del PP en la Comunidad».

En ese momento, restaban seis meses para las elecciones generales. «Madrid anticipa tendencias -recuerda un veterano dirigente del PP-. Perder Madrid puede ser la señal definitiva de que todo está perdido». Esa reflexión recorre hoy la columna vertebral de los populares, que se estremecen sólo con pensar que lo que parecía un riesgo lejano, puede ser real si no se juegan bien las cartas.

Pugna con Ciudadanos

De ahí la importancia añadida que tiene para el partido conservador, y para Rajoy, gestionar bien la crisis de Cifuentes. En 2016, en los últimos comicios al Congreso y al Senado, a la Comunidad de Madrid le correspondió elegir a 36 diputados. Es la circunscripción más numerosa y una de las autonomías con mayor representación. El PP se hizo con 15 escaños. Ocho más que el PSOE y muy por encima de los seis que obtuvo Ciudadanos.

También para los liberales, la madrileña es una plaza especialmente relevante. La fortaleza del partido de Albert Rivera está, al menos hasta ahora, en los grandes núcleos urbanos. Y en la región su base electoral se nutre de los votantes desencantados del PP.

Su última encuesta interna le coloca en primer lugar, seguido del PSOE, y relega a los populares al tercer puesto. Además, el sondeo apunta a que el 66% de los madrileños cree que Cifuentes debería dimitir tras las dudas sobre cómo obtuvo el título de máster en Derecho Público del Estado Autonómico en la Universidad Rey Juan Carlos.

Más presión. «Nadie está por encima de las siglas del partido», advirtió hace unos días el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, sobre quien recae la difícil tarea de negociar y conjugar intereses. Quienes asumen, más allá de los mensajes públicos de Rajoy ganando tiempo, que el final está escrito, ya barajan posibles nombres para el periodo transitorio hasta las autonómicas de 2019. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, sería la opción natural para el relevo de Cifuentes. «Él es quien mejor posicionado está», reconocen fuentes del partido, que tampoco descartan por completo el nombre del consejero de Medio Ambiente, Pedro Rollán. «Otra cosa es quién será el próximo candidato», añade un cargo nacional.

En los últimos meses, sin sospechar la tormenta, las quinielas sólo se centraban en el futuro aspirante al Ayuntamiento de la capital. En los corrillos políticos se escuchaban los nombres de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que ya fue una opción en las elecciones de 2015, y, con menos fuerza, el del ministro de Educación y portavoz gubernamental, Íñigo Méndez de Vigo. Hay alguno que ha deslizado incluso el de la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Quien figura en todas las apuestas, a riesgo de acabar quemado, es el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado. Fuentes del partido en la comunidad creen que, por su perfil, habría formado un buen tándem electoral con Cifuentes.

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