El expresident tiene dos meses para renunciar o ir a elecciones

Jordi Turull, el jueves, junto al asiento de Puigdemont en el Parlament./Efe
Jordi Turull, el jueves, junto al asiento de Puigdemont en el Parlament. / Efe

ERC pide ya de forma clara a Puigdemont que se aparte para poder ganar la votación de investidura sin el apoyo de la CUP

CRISTIAN REINOBarcelona

Cataluña sigue bloqueada y sin gobierno, pero la investidura fallida de Jordi Turull ha puesto nuevos elementos sobre la mesa en el tablero catalán. De entrada, el tiempo ya no corre sin sentido, sino que apremia. Los independentistas tienen dos meses para formar gobierno, si no quieren una repetición electoral que podría salirles muy cara, según admiten en privado los propios partidos secesionistas.

Fuentes soberanistas reconocen que en estos momentos están todas las opciones abiertas, que todo puede pasar en estos dos meses y que la llave la tiene Carles Puigdemont, como desde hace tres meses, aunque de forma distinta. Hasta ahora, JxCat y ERC habían confiado en el apoyo de la CUP, pero la abstención de última hora del jueves han disparado los recelos entre unos y otros.

El respaldo de la CUP a un candidato neoconvergente dependerá, además, de lo radical que quieran los nacionalistas y los republicanos que sea el programa de gobierno. Si es como el discurso del jueves pasado de Jordi Turull, que no pronunció ni la república ni el proceso constituyente, los anticapitalistas no se moverán de la actual abstención, porque entienden que la propuesta que está sobre la mesa es «autonomista» y «neoliberal».

Con los antisistema repitiendo los vetos de la pasada legislatura, todas las miradas están puestas en Puigdemont. Si el exalcalde de Girona quiere que haya investidura, tiene que entregar su acta de diputado y convencer a Toni Comín, que también está en Bruselas, para que haga lo mismo. Sería la segunda renuncia en tres meses del expresidente de la Generalitat, que prometió que si ganaba las elecciones regresaría como presidente. Primero tuvo que apartarse de la candidatura a la presidencia y ahora le piden que deje de ser diputado, lo que ya le cerraría de lleno las puertas a volver a postularse como candidato a la presidencia, como era su intención a medio plazo, ya que para ser presidente de la Generalitat hay que ser parlamentario.

ERC ya pide públicamente al expresidente que se aparte, de nuevo, mientras que en el JxCat y en el PDeCAT la procesión va por dentro. La aritmética no deja mucho margen a los independentistas, que tienen dos meses para buscar el plan D, tras los fracasos de Puigdemont, Sànchez y Turull. Lo que es seguro es que el aspirante saldrá de la filas de Junts per Catalunya. El PDeCAT quiere a Marc Solsona, alcalde de Mollerusa (Lleida), y no a Elsa Artadi, que rompió el carné de la formación heredera de CDC poco antes de sumarse al proyecto electoral de Puigdemont.

El expresidente, en cambio, querrá situar a un dirigente próximo, como la propia Artadi o Eduard Pujol, para poder seguir manejando los hilos del poder. Incluso Quim Torra, expresidente de Ómnium, que es el más radical de todos ellos y que podría servir para seducir a la CUP. El 22 de mayo es la fecha tope para saber qué derroteros toma la política catalana.

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