Una fugaz estancia en prisión

Carles Puigdemont./Omer Messinger (Efe)
Carles Puigdemont. / Omer Messinger (Efe)

La teoría de que Puigdemont se dejó detener tras pasar por la frontera alemana gana adeptos a la vista del resultado de todo el proceso

CRISTIAN REINOBarcelona

No fueron pocos los que, el 30 de octubre del año pasado, fruncieron el ceño cuando Carles Puigdemont cogió el coche y se plantó en Bruselas, vía Marsella, para huir de la justicia. Lo más suave que le dijeron -también en el independentismo- fue cobarde por eludir sus responsabilidades con la justicia. El tiempo le ha acabado dando la razón, también por emprender una campaña internacional de denuncia contra España que le ha llevado a Dinamarca, Suiza, Finlandia y ahora Alemania. Sin embargo, cuando el expresidente de la Generalitat fue detenido en una gasolinera del norte de Alemania, tras abandonar Dinamarca, muchos pensaron entonces que ahí acababa el viaje del fugitivo más famoso de los últimos tiempos. De imprudente y kamikaze para arriba, le llamaron. Alemania es aliado de España, Merkel lo es de Rajoy y la poderosa canciller cortará de raíz el periplo del expresidente, era la tesis más generalizada. En el independentismo dieron la partida por acabada y hasta se atrevieron a trazar un paralelismo diabólico entre la entrega de Lluís Companys al régimen de Franco por parte de la Gestapo en el año 1940 y la extradición que Alemania permitiría de Puigdemont. Otra vez Alemania se cruzaba en el camino de un presidente de la Generalitat, decían. Aquellos mismos aplauden ahora la decisión del Tribunal de Schleswig-Holstein y ensalzan el sistema judicial alemán por su independencia, no como el español, apuntillan.

Lo cierto es que la teoría de que Puigdemont se dejó detener tras pasar por la frontera alemana gana adeptos a la vista del resultado de todo el proceso. Él lo niega, pero en cambio no da una explicación muy convincente para explicar por qué no cogió un avión para ir de Helsinki a Bruselas y en cambio se montó en un coche para recorrer media Europa por carretera. Cuanto más aficionado sea uno a las películas de espías, más teorías puede poner sobre la mesa. Una de las razones de todo ello puede estar en los doce días que ha permanecido en prisión, casi una anécdota comparados con los casi seis meses que llevan Jordi Cuixart y Jordi Sánchez o los casi cinco de Oriol Junqueras y Joaquim Forn. Puigdemont incluso podría no entrar más en prisión, pues sus abogados confían en que la justicia alemana también tumbará el delito de malversación, como ha hecho con el de rebelión. La ministra de Justicia germana ha dado esperanzas al expresidente, ya que calificó de 'absolutamente correcta' la decisión de la justicia de su país en el caso de Puigdemont y dijo que a España «no le será fácil» explicar por qué acusa de malversación al dirigente nacionalista. Costará explicar cómo algunos dirigentes son condenados a penas de más de tres décadas de prisión, mientras el exalcalde de Girona mantiene la presidencia de la república en Waterloo. Esos son los planes de Puigdemont. De momento se instala en Berlín, hoy no ha querido precisar dónde con exactitud, mientras dura el proceso judicial para resolver su extradición. Está a disposición de las autoridades alemanas. Si no hay extradición, su idea es regresar a Bruselas.

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