'BREXIT' Y 'CATEXIT'

Pocos portavoces dan la cara o levantan la voz en la prensa extranjera como lo hacen los independentistas

DAVID MATHIESON

La bronca sobre Cataluña no tiene límites. No sólo está aplastando la política en España, sino que los temblores también llegan a otras zonas de Europa. Hace unos días asistí a una reunión de unos diputados laboristas en la Cámara de los Comunes para hablar del 'brexit': ¿cómo podemos frenar la misión suicida de los nacionalistas británicos (con el apoyo de apenas la mitad de los votantes) que quieren hacer añicos una unión tan importante como la que existe entre el Reino Unido y los vecinos de la Unión Europea?

Al salir de la reunión del 'brexit' -sin resolver el problema, claro- fui a otra reunión en una de las muchas salas dentro del laberinto que es el Palacio de Westminster. Aquí también el nacionalismo fue el enfoque del debate: unos diputados nacionalistas de Escocia y Gales presidían una reunión organizada por la Asamblea Nacional de Cataluña. El anuncio de la convocatoria lo decía todo: 'Demostrar apoyo a una solución democrática en Cataluña; diputados y periodistas debatirán el referéndum catalán'. No hace falta mucha reflexión para concluir que la frase es contradictoria, por no decir una tontería. Uno puede debatir un tema y llegar a una conclusión o se puede demostrar el apoyo a una conclusión predeterminada. Pero no se puede hacer las dos a la vez. Y que yo sepa, no hay nadie que no quiera una solución democrática en Cataluña. La pregunta clave es: ¿cómo se pueden resolver las diferencias en Cataluña acatando la ley?

Sin embargo, los organizadores no querían arriesgarse. Se hablaba mucho de democracia, pero ninguno de los ponentes estaba invitado para promover el hecho positivo de la unión entre España y Cataluña. Un diputado británico 'tory' intervino, pero sólo para decir que si hay que respetar el resultado de un referéndum en Cataluña, también hay que respetar el resultado de los dos referéndums en Gibraltar, donde más del 90% de la población ha votado para seguir siendo británico. Y con una sonrisa picaresca, el 'tory' abandonó la sala dejando a los demás volver al tema. Y así el 'debate' continuó formulado en términos de Cataluña como la víctima de España -o de Madrid-, que realiza el papel de opresor. Me recordó mucho a los argumentos de los 'brexiteros' en los que Reino Unido es, supuestamente, la víctima de una UE autoritaria.

Cuando hice una intervención para explicar que, en mi experiencia, la línea divisoria más importante no está entre los españoles y los catalanes, sino entre catalanes y catalanes, los más radicales me abuchearon y me tacharon de «xenófobo», «racista», e «ignorante». Pero el 'lobby' independentista está muy bien organizado y financiado y fuera de España muchos pasarán por alto las complejidades del debate. Los independentistas están ganando la simpatía de un sector importante en el extranjero, porque pocos políticos o portavoces de los otros partidos dan la cara o levantan la voz en la prensa extranjera como lo hacen los independentistas. Si quieren frenar el momento de 'catexit', y evitar la lamentable catástrofe del 'brexit', tienen que hacer más y el tiempo corre.

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