Habrá elecciones pero Rajoy se enroca

Habrá elecciones pero Rajoy se enroca
ANTONIO PAPELL

La sentencia de la Audiencia Nacional sobre el 'caso Gürtel' ha golpeado como una maza al Gobierno y al PP, y sus términos extremos han sacudido también a las demás organizaciones políticas del espectro, hasta provocar un auténtico terremoto que, con toda probabilidad, representará el final de la actual legislatura.

La sentencia tiene varios elementos de extrema gravedad: primero, las 29 condenas (351 años en total), muchas de ellas de gran contundencia, que dibujan con realismo un panorama de cohechos y exacciones que se articulaba en torno al propio tesorero Bárcenas; segundo, la constatación de que existía una «caja B» en Génova, al menos desde 1989, lo que enturbia la tesis esgrimida por los actuales dirigentes de que nadie sabía nada en la cúpula; por último, la inclusión en la sentencia de que no han sido creíbles las declaraciones de los testigos, entre los que se encuentra el propio presidente del Gobierno, quien tuvo que comparecer en la causa. Todo ello, unido a la detención 24 horas antes del exministro Eduardo Zaplana y su posterior ingreso en prisión incondicional, ha resultado indigerible para el establishment.

Ayer, a las pocas horas de conocerse la contundente sentencia, el líder de Ciudadanos, que acababa de apoyar los Presupuestos Generales del Estado, declaraba que «esto lo cambia todo» e insinuaba que retiraba el apoyo al Gobierno Rajoy, lo que equivalía a dejarle caer dada lo exiguo de su representación: no se puede gobernar con 134 escaños y sin algún aliado estratégico. Y esta misma mañana, el PSOE, principal partido de la oposición, presentaba en el registro del Congreso una moción de censura que era inmediatamente secundada por Podemos.

La moción del PSOE ha obligado a Ciudadanos a pronunciarse —de hecho, ya ha dicho que no la apoyará— y ha situado al partido naranja en posición incómoda por varias razones: por un lado, no debe ser plato de gusto apoyar a Rajoy en estas circunstancias y, por otro lado, es evidente que si no respalda la moción dejará al PSOE en manos de las minorías nacionalistas, que podrían aupar a Sánchez aun en contra de su voluntad… En estas circunstancias, el vicesecretario Villegas no ha acabado de mostrarse rotundo: ha sugerido que el PSOE retire su moción y que se plantee otra, instrumental, para convocar elecciones…

Por si hubiera dudas sobre el encastillamiento del Gobierno, Rajoy ha comparecido al término del consejo de ministros para restar importancia a la sentencia, criticar con dureza a Sánchez y echarle en cara que sólo se guía por su ambición personal, y culpar a todos sus adversarios de no cultivar el interés general y de poner en riesgo a este país. Como si no fuera la corrupción de su partido la que nos ha puesto a todos a los pies de los caballos. Sólo el PP es responsable de que sus miserias judiciales se sustancien en momentos delicadísimos, y no tiene autoridad moral para reprochar a los demás que reaccionen ante sus propios escándalos.

Así las cosas, la situación sólo se resolverá yendo efectivamente a elecciones, aunque por razones obvias el PP se resistirá cuanto pueda. El PSOE, por boca de Pedro Sánchez, se ha declarado dispuesto a convocarlas, pero solo «después de estabilizar» la situación, lo que sugiere que piensa permanecer un cierto plazo que Ciudadanos no le concederá. Tampoco Sánchez se avendrá a retirar su moción, por lo que la solución más lógica es que PSOE y Ciudadanos lleguen a un acuerdo para que Sánchez, una vez investido, convoque elecciones inmediatamente. Rajoy, por su parte, está atado de pies y manos ya que no puede disolver estando en marcha una moción de censura.

Produce escalofríos pensar que todo esto acontece mientras el conflicto catalán permanece en carnazón. Puigdemont sigue huido y Quim Torra reclama que se publique en el BOE su gabinete para que la Generalitat eche a andar… hacia el despeñadero del 'procés'. Esta difícil coyuntura dará la talla de Rivera y de Sánchez, que son quienes, una vez adoptada la decisión del relevo terapéutico del gobierno, han de aprestarse a procurar un desenlace lo más rápido y pacífico posible que incluya la consulta a la ciudadanía. Una consulta que, previsiblemente, será la puntilla para el Partido Popular y en la que Ciudadanos y el PSOE tendrán que disputarse la primacía.

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