Todas las miradas del PP se centran en Feijóo

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, rodeado de informadores. /Emilio Naranjo (Efe)
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, rodeado de informadores. / Emilio Naranjo (Efe)

Algunos dirigentes defienden las opciones de Sáenz de Santamaría y Cospedal, e incluso de Ana Pastor y Alfonso Alonso

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Tras la emotiva despedida de Mariano Rajoy, las miradas de los barones y de la mayoría de los asistentes a la reunión del Comité Ejecutivo del PP se dirigieron hacia Alberto Núñez Feijóo. El presidente de la Xunta de Galicia, que tuvo hoy una sentida intervención ante la dirección del partido, se negó a comentar las quinielas que ya corrían como la pólvora y se limitó a elogiar la figura de Mariano Rajoy, que «ha demostrado para los que no lo conocían una grandeza humana y política muy importante. Es un político atípico en la democracia española».

A pesar de que hoy pudo echar balones fuera, Núñez Feijóo sabe que no podrá mantener mucho tiempo esa táctica escapista porque es el candidato a la sucesión favorito para la gran mayoría del PP. Quedan algunos reductos de dirigentes y organizaciones territoriales que apoyan las opciones de Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, pero son minoritarios y se difuminarán en cuanto la secretaria general del partido y la hasta esta semana vicepresidenta del Gobierno anuncien, como muchos prevén en el partido, que no piensan dar la batalla.

Feijóo hasta ahora se ha cuidado para nadar y guardar la ropa. Nunca decía que sí aspiraba al relevo de Rajoy y nunca decía que no lo contemplaba. Se escapaba por la tangente con el argumento de que su compromiso era con Galicia, pero que siempre estaría a disposición de lo que decidiera el partido. Aunque en los últimos meses se había mostrado un poco más arrojado y en una entrevista en la Sexta se atrevió a apuntar que sería «positivo para España que un presidente del Gobierno haya presidido antes una autonomía». Toda una audacia para los tiempos y formas del presidente gallego.

Núñez Feijóo no tiene detractores, al menos que hayan dado la cara, dentro del PP. Los barones del partido, en general, solo tienen buenas palabras en público, y en privado subrayan que es el único sucesor posible. Solo surge un reparo, las amistades peligrosas, como la que mantenía con el narcotraficante Marcial Dorado, de la que existe constancia en unas fotos publicadas en 2013, pero que se tomaron en 1995. El dirigente gallego ha asegurado cuantas veces se le ha preguntado que desconocía las actividades ilegales de su amigo y mantiene que «nunca» se habría dejado fotografiar con él si hubiera conocido sus antecedentes. La oposición en Galicia mantiene, por el contrario, que «todo el mundo» sabía a qué se dedicaba Dorado. De hecho, acabó condenado a 13 años de cárcel por narcotráfico y sus mansiones y yates fueron incautados por la Policía.

El de la Xunta de Galicia es el único presidente autonómico del PP que gobierna con mayoría absoluta. Fue además la tabla de salvación a la que se agarró Rajoy en 2009, que tras dos derrotas sucesivas en las generales de 2004 y 2007 frente José Luis Rodríguez Zapatero vio el cielo abierto con la victoria de Feijóo en las autonómicas gallegas de aquel año, un triunfo que rompía una cadena de derrotas sucesivas del PP bajo su entonces discutido liderazgo.

Adiós por sorpresa

Pero Rajoy no está en condiciones de devolver el alivio. No ha señalado a su delfín ni ha optado por alguno de los aspirantes no declarados en liza. Su adiós llega por sorpresa tras una moción de censura a la que no daba probabilidades de victoria y no tiene preparado un proceso sucesorio. A diferencia de José María Aznar, que tenía diseñado desde hacía años su salida de la Moncloa y la forma en que iba elegir su sucesor. Rajoy ha descartado la opción «digital» que aplicó Aznar con él y piensa dar un paso atrás para no perturbar el debate sucesorio.

Dos nombres que siempre salen en las quinielas, los de la aún vicepresidenta y la secretaria general del PP, se mantienen en el candelero, pero sus opciones son mínimas, según apuntaban varios de los asistentes a la reunión del comité ejecutivo del partido. Es más, la impresión general es que ambas, que mantienen una cada vez menos soterrada pugna, renunciarán a participar en el duelo sucesorio. Lo mismo que la presidenta del Congreso, Ana Pastor, o el presidente del PP en el País Vasco, Alfonso Alonso, que cuentan con algunos valedores entre los dirigentes del partido.

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