Marcos Aguirre, del GRS de León a un tiroteo en Cangas de Onís

Marcos Aguirre, el agente herido que salió del hospital para ayudar a sus compañeros.

«Quién me iba a decir que a los diez días de llegar a un puesto tranquilo iban a estar a punto de matarme»

OLAYA SUÁREZ

«Quién me iba a decir a mí que iba a llegar a un puesto que se suponía que era muy tranquilo y a los diez días iban a estar a punto de matarme...». El guardia civil Marcos Aguirre respira aliviado por «la buena suerte» que tuvo el martes por la mañana tras resultar herido en un brazo durante el atraco a un banco de Cangas de Onís. Se incorporó al cuartel de Arriondas el pasado 12 de octubre después de diez años formando parte en León de una de las unidades de mayor riesgo de la Benemérita: los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), conocidos como antidisturbios. Ninguna de sus muchas intervenciones con narcotraficantes, bandas criminales del Este o grupos violentos es comparable a lo que vivió anteayer. «Fue lo que tocó. Lo importante es que no resultó herido ningún ciudadano», indica.

Nadie mejor que él para relatar lo que ocurrió. «Sobre las 9.10 de la mañana recibimos una llamada de la central indicándonos que había un atraco en una sucursal bancaria en Cangas y que probablemente había personas en el interior. Inmediatamente paramos el vehículo, mi compañero y yo nos pusimos los chalecos antibalas y nos dirigimos para allí», relata.

En el tiempo que emplearon en recorrer los ocho kilómetros que separan Arriondas de Cangas de Onís, los dos atracadores ya habían perpetrado el robo y se disponían a abandonar la sucursal con el botín conseguido. «Nada más llegar a la avenida de Covadonga vimos a varios compañeros de Cangas que ya estaban allí, nos indicaron con la mano que había gente dentro de la oficina. Paré el coche, mi compañero se bajó y yo seguí para colocar el coche delante de la oficina y asegurar la zona. Pasaba mucha gente, coches, el movimiento de un día normal...», explica. Hasta que normalidad se interrumpió.

«Iba a bajarme para parapetarme detrás del vehículo y, de inmediato, sin darme tiempo casi a frenar el coche, vi que salían dos hombres del banco, uno de ellos con las manos en alto y el otro con una pistola en cada mano. Sin decir nada, me encañonó y empezó a disparar. Uno de los tiros entró por la luna y me pegó en el hombro, nada más que vi que me apuntaba directamente mi reacción fue acelerar y salir de la zona. Mientras avanzaba el atracador seguía disparándome, estaba obcecado conmigo; de hecho el vehículo tiene cinco impactos de bala...», asegura Marcos Aguirre, que alejó el coche patrulla, se atrincheró detrás de él y repelió el ataque desde varios metros. Juan Carlos Sahagún, un delincuente con numerosos asaltos con rehenes a sus espaldas, volvió sobre sus pasos y se introdujo en la oficina bancaria. Acabaría suicidándose. Su compinche, J. M. S. V., no opuso resistencia y lograron arrestarlo. «Poco a poco fueron llegando compañeros de otros puntos y cuando ya vi que había bastantes efectivos pedí que llamasen a los sanitarios porque estaba herido».

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