Màxim Huerta dimite para «evitar que una jauría destroce este proyecto»

Màxim Huerta. /Afp
Màxim Huerta. / Afp

Hacienda sancionó al ya exministro de Cultura y Deporte con una multa de 218.322 euros en 2006 y dos sentencias de mayo de 2017 le condenan «por dejar de ingresar en el plazo establecido la deuda tributaria»

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Ni una semana ha tardado Pedro Sánchez en tener su primera crisis ministerial. Todo en los últimos tiempos, desde que el PSOE presentó la moción de censura contra Mariano Rajoy, va muy deprisa en la política española. El día amaneció con la noticia de que el ministro de Cultura, el presentador televisivo y escritor Màxim Huerta, tuvo que pagar 365.939 euros a Hacienda después de que dos sentencias establecieran que utilizó una sociedad interpuesta para pagar menos impuestos de los que debía en los ejercicios de 2006, 2007 y 2008. Su primera intención fue resistir. Y la del presidente del Gobierno sostenerle. Acabaron claudicando.

A las siete de la tarde, más de diez horas después de que 'El Confidencial' hubiera publicado la delicadísima información sobre sus antiguos pleitos con la Agencia Tributaria, Huerta compareció en la sede del Ministerio para comunicar su dimisión. Lo hizo al ataque y sin ningún gesto de autocrítica. «Me voy para que el ruido de toda esa jauría no parta este proyecto», dijo en alusión a los medios que publicaron la información y a quienes a lo largo de toda la jornada habían reclamado su dimisión. «Lo que hice era común en la profesión y no era ilegal en ese momento».

El exministro insistió en ese argumento durante todo el día. Alegó que simplemente había sido víctima de un «cambio de criterio» de Hacienda, de «una caza de brujas» de Cristóbal Montoro, llegó a apuntar en su comparecencia final. Es cierto que, en los últimos años, han sido muchos los presentadores, actores y creadores que se han visto en una situación similar a la suya, pero en realidad no hubo un cambio de criterio.

En 2006, con el Gobierno de Zapatero, sí se aprobó una ley que modificó el régimen de las operaciones vinculadas. En 2009, el Departamento de Inspección Financiera y Tributaria advirtió de que estaba detectando «la utilización indebida de ciertos mecanismos por parte de algunos profesionales, con el objeto de minorar la base imponible susceptible de ser gravada» y, en un comunicado, advirtió de que abriría una campaña de inspección, aunque daba la oportunidad de regularizar la situación 'motu proprio' a quienes estuvieran defraudando por esa vía. Huerta no lo hizo.

Sin «buena fe»

Fue ya en 2012 cuando Hacienda concluyó que durante tres ejercicios se había deducido injustificadamente como gastos por actividad artística 148.702 euros. Entre esos gastos, se incluye una vivienda en la playa. Además tributó por Sociedades una remuneración que debía haber declarado en la autoliquidación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. El tipo impositivo de Sociedades era del 25 al 30%; el de IRPF, en su caso, habría llegado al 48%, así que la diferencia es notable. En total, el fraude ascendió a 218.322 euros. Huerta recurrió la multa, pero dos sentencias, una del Tribunal Económico Administrativo Regional de Madrid y, tras un nuvo recurso, otra de la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo, dieron la razón al Fisco. El TSJM incluso consideró que no se podría estimar «buena fe» en la conducta de entonces presentador de televisión.

Huerta habló por la mañana con el presidente del Gobierno. Le explicó que aquello había pasado hacía varios años y que en la actualidad estaba al corriente de sus obligaciones tributarias. Según él mismo explicó, Sánchez le dijo entonces que transmitiera públicamente ese dato (el de que ya no debe nada) y le instó a seguir trabajando. Desde la Moncloa ese fue, ciertamente, el mensaje durante horas. «Las explicaciones que ha dado son totalmente solventes», alegaron. En privado, muchos dirigentes socialistas admitían su desconcierto e incluso su malestar. En público, a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio -que tenía una rueda de prensa tras su primer encuentro con sindicatos y patronal- no le quedó otra que defenderlo: «Aquello se resolvió, él pago, está al corriente de pago y no tengo nada más que decir».

La situación empezó a cambiar cuando en los medios de comunicación empezaron a aparecer, repescadas, unas declaraciones de Sánchez en 2015.«Si yo tengo en la ejecutiva federal de mi partido, en mi dirección, a un responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que le toca pagar, esa persona al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva; ese es el compromiso que yo asumo con mis votantes y también con los españoles».

El vídeo, de una entrevista en Telecinco, empezó a correr como la pólvora en las redes. «Atentos a esta tarde», fue entonces el aviso que empezó a llegar desde Presidencia. Al poco, vino la convocatoria de la comparecencia de Huerta para las seis de la tarde. Finalmente, su despedida se retrasaría una hora, hasta las 19:00 horas. «Para defender lo que se ama, a veces hay que retirarse. Y yo -dijo en su último acto en el Ministerio- amo la cultura». El periodista achacó su cese a los males de una sociedad «ahogada por el ruido, por la desinformación interesada y donde las explicaciones no tienen cabida».

 «Perfil incontestable»

Su nombramiento, el último en conocerse el miércoles de la semana pasada, fue ya muy polémico por su perfil poco convencional. Algunos en el PSOE no dudaron en tildarlo de «extravagante». Para sustituirlo, en cambio, el líder socialista ha mirado en las antípodas. Apenas una hora y media después de la salida de Huerta, se anunció la elección del nuevo ministro de Cultura y Deporte. «El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, considera que José Guirao tiene un perfil y un currículum incontestables», rezaba la nota de la Secretaría de Estado de Comunicación. Toda una enmienda.

Guirao, que tomará posesión del cargo mañana a las 11:00 horas, fue director del Museo Reina Sofía y de la Casa Encendida y es una persona reconocida en el mundo de la cultura, bien considerado incluso por los que ahora serán sus adversarios políticos. En la actualidad, ejercía como director de la Fundación Montemadrid, dedicada a la inclusión de personas en dificultad social.

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