ETA: Disolución a plazos

Seis años lleva ETA remoloneando para reconocer su derrota y disolverse de una vez por todas. Parece que, por fin, el momento ha llegado aunque disfrazándolo una vez más con recovecos dialécticos

ETA: Disolución a plazos
DIEGO CARCEDO

Seis años lleva ETA remoloneando para reconocer su derrota y disolverse de una vez por todas. Parece que, por fin, el momento ha llegado aunque disfrazándolo una vez más con recovecos dialécticos. Todo menos asumir el fracaso de sesenta años de sembrar el terror y segar vidas, y pedir perdón sin rodeos ni ambigüedades, puesto que ya no cabe otra cosa, para resarcir en lo posible el mal causado a las víctimas, a los familiares, a los mutilados, a huérfanos a las viudas y a una sociedad que vivió sesenta años de dolor y angustia.

Todavía hoy, en que la banda ha anunciado formalmente su disolución por etapas, deja un último plazo pendiente para hacerlo de manera escenificada, veremos cómo, dentro de algunos días en Francia. La estrategia que siguen sus restos es la misma que seguían sus pistoleros cuando asesinaban por la espalda: prolongar la incertidumbre, dosificando el proceso, para disipar el impacto de su final, e intentar que el triste recuerdo que deja se vaya borrando. No será fácil.

ETA en sus seis décadas de terrorismo acumuló mucho dolor en la sociedad española como para borrarlo haciendo creer que deja de matar porque terminan su «ciclo histórico y su función» -tal y como si se tratase de algo mesiánico o de la liquidación de una empresa-, «disuelve sus estructuras». Así de simple y de inocente apariencia intenta que más de ochocientos muertos se olviden. Que ha sido acorralada, que se ha quedado sin pistoleros y sobre todo sin financiación, lo oculta.

Con todo, la disolución formal es una buena noticia para cuantos amamos la paz y rechazamos la violencia. La disolución «definitiva y concluyente» de la banda garantiza, y no es poco, que desde ese momento todos podremos salir más tranquilos a la calle. Y que la banda no lo haga a cambio de ningún tipo de compensación, sin haber conseguido que el Estado se rebajase a negociar la rendición ni aceptase en ningún momento su chantaje, es importante. ETA deja en la cárcel a más de doscientos de sus miembros

La Justicia no puede ceder ante los delitos cometidos. Pero quizás, eso sí, sin apartarse ni un ápice del cumplimiento de las leyes, que obliga a todos, la nueva situación, una vez consumada, podrá contribuir a que el futuro de los presos se contemple con otra perspectiva. Disminuye el temor a la reincidencia, y el arrepentimiento seguramente podrá facilitar algunas nuevas ventajas para ellos y sus familiares, como el acercamiento a sus lugares de origen y para su futura reinserción. En paz todo es posible.

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