Del despacho a casa con parada en Roland Garros

Màxim Huerta en Roland Garros./Efe
Màxim Huerta en Roland Garros. / Efe

El fugaz titular de Cultura no llegó a organizar su agenda ni a abordar nombramientos | El ministro a quien no le gustaba el deporte se estrenó felicitando a Rafa Nadal en París y se fue citando a Lope de Vega

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Del despacho ministerial a casa, con parada en Roland Garros, y todo en apenas siete días. Es la fugaz carrera del televisivo ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta (Utiel,1971), que entró en el ojo del huracán antes de tomar posesión, y se va vapuleado por el torbellino, sin inaugurar su agenda y abordar ningún nombramiento de calado, abandonando el puesto con inédita celeridad y muy dolido.

Una semana después de jurar y tomar posesión de su cargo, copaba de nuevo los titulares al saberse que fue sancionado a abonar 366.000 euros a Hacienda por los 218.000 euros que dejó de pagar en los ejercicios de 2006, 2007 y 2008. «Me retiro porque amo la cultura más que nada», dijo al presentar su dimisión de la que acusó a «la jauría que quiere partir el proyecto ilusionante de Pedro Sánchez». Citó un soneto de Lope de Vega -«Ir y quedarse, y con quedar partirse, partir sin alma, y ir con alma ajena»- y dijo ser víctima de una «caza de brujas».

Se le había helado la sonrisa que lució al comparecer el día después de llegar a su despacho en el matinal de Ana Rosa Quintana, su jefa televisiva durante una década, y ante quien repitió risueño su mensaje fundamental: «La cultura no debe ser de bandos».

Aún no se habían apagado los ecos de la polémica generada por unos tuits en los que de declaraba enemigo del deporte. Tanto que Huerta, al tomar posesión y recibir la cartera de manos de Íñigo Méndez de Vigo, dedicó buena parte de su primera alocución a desmentir que odiara el deporte, como sugerían sus desafortunados antecedentes digitales, antitaurinos además de antideportivos. «No soy deportista. No me gusta practicarlo, pero voy a apoyar y amar el deporte y apoyar a todos los deportistas, porque son héroes y heroínas», dijo el periodista, escritor y expresentador para contrarrestar «todo lo que ha salido».

Un día después confirmaba que mantendría en sus puestos a los titulares del museos como el Prado y el Reina Sofía y añadía que su «mano derecha» en deportes será «un nombre incontestable». Lo dijo en una fugaz y amistosa entrevista en 'El Programa de Ana Rosa' de Telecinco, que Huerta codirigió durante 11 años. «Me he pasado el día haciendo llamadas hasta las nueve de la noche, haciendo reuniones con toda la gente que necesito», declaró sonriente.

El viernes tomaba parte en el primer Consejo de Ministros y nombraba a su jefe de gabinete, Daniel Espín, sin abordar más nombramientos ni decisiones de calado. El secretario de Estado para el Deporte no figuró, finalmente, entre los nombramientos del primer consejo ministerial presidido por Pedro Sánchez, por más que el nombre del exseleccionador de fútbol, Vicente del Bosque, apareciera en todas las quinielas.

El sábado se daba Huerta un chapuzón de multitudes acudiendo a la Feria del Libro de Madrid donde, de no haber sido nombrado ministro, habría comparecido como autor firmante. Saludó a colegas como Carme Chaparro y Almudena Grandes, se fotografió con los visitantes, estrechó manos y reiteró ante cámaras y micrófonos una genérica declaración de intenciones sin abordar a fondo los temas cruciales de su departamento. «Seguramente una mujer ocupará la secretaría de Estado para el Deporte», corrigió el tiro, agregando que la composición de su equipo estaba «casi cerrada».

Su objetivo era comenzar el mandato «de la manera más positiva» y «con humildad» para rellenar un espacio «vacío» y «maltratado», ya que a su juicio la cultura estaba «deprimida en las dos acepciones, económica y emocionalmente». Dijo que abriría un periodo de «diálogo» y «flexibilidad» en el que haría «todos los esfuerzos». Se presentó como una persona «muy constante» y un «hueso» capaz e «conseguir al menos que se contagie el entusiasmo». «Quiero que arranque todo de la manera más positiva, con humildad», dijo reclamado «tiempo» para llevar a cabo sus políticas. Para entonces le habían pedido ya cita los escamados taurinos y el nuevo director de la Academia de Cine, Mariano Barroso, que tomaba posesión de su cargo el sábado y con la rebaja del IVA de cine sobre el tapete.

La actualidad le llevó a París el domingo para celebrar una gran fiesta del deporte y acompañar a Rafael Nada en el momento más glorioso de la carrera del tenista manacorense, que alzó sobre la arcilla de la cancha parisina su undécimo trofeo como ganador de Roland Garros. «Nadal es España, porque representa los mejores valores de este país», dijo Huerta en París. Confirmó que ya conocía el nombre de la nueva secretaria de Estado del Deporte, pero que esperaría a «cerrarlo bien» para llevarlo al siguiente Consejo de Ministros en el que él ya no estará.

De vuelta al despacho en la tarde del martes lanzaba su primera nota de prensa advirtiendo que vigilaría de cerca a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) que comanda José Miguel Fernández. Le reclamó información relacionada con los estatutos que serán sometidos a votación el próximo 21 de junio durante la celebración de su asamblea general. Solicitó el contenido del informe de auditoría realizado por la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC) y aclaraciones sobre las mediadas «anti-rueda» que la SGAE pensaba adoptar tras la anulación del laudo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

En la mañana de este miércoles se desayunaba con el titular de 'El confidencial' que comunicaba la decisión de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), desestimando los recursos que Huerta interpuso en 2017 contra la decisión tras notificarle la Agencia Tributaria el total que debía pagar: 365.939 euros, que incluía la multa y los intereses. Un titular que arruinaba su carrera política de apenas una semana.

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