El desahogo de un mosso: «Trapero nos ha neutralizado»

Un policía nacional, entre dos Mossos de Escuadra. / Efe

La Policía catalana asiste a la declaración de su jefe ante la Audiencia Nacional con inquietud por el futuro del Cuerpo

ÓSCAR B. DE OTALORA

«A partir de hoy podemos tener un jefe imputado por sedición. Eso no ha pasado en ningún cuerpo policial en la historia reciente de Europa y muestra la situación a la que hemos llegado los Mossos», afirma Miquel, un miembro de la Policía catalana que sopesa sus palabras y no oculta su temor a lo que pueda pasar en Cataluña en las próximas horas. Se declara no independentista. «Los agentes de base estamos en el medio», agrega. «Nos han traído hasta aquí los mandos políticos. Y desde el lunes estamos superados como representantes de la autoridad. Trapero nos ha neutralizado», se desahoga el policía catalán.

El mayor Josep Lluís Trapero acude hoy a declarar a la Audiencia Nacional bajo la acusación de sedición, lo que en Cataluña dejará una situación de máxima tensión, en especial, en el Cuerpo que dirige. Los Mossos se han convertido en uno de los emblemas del independentismo por su papel pasivo -o de colaboración, según otros interlocutores- en el referéndum del 1-O. Un Cuerpo de 15.000 agentes que asiste traumatizado a la convulsión del proceso independentista en el que se ha embarcado el soberanismo catalán.

«Hace poco ya se pegaron dos agentes antidisturbios en la comisaría de Granollers por una discusión política. Aquí no había pasado eso hasta ahora, pero en estos momentos si no eres independentista te llaman unionista, lo más suave, o directamente facha. Los Mossos estamos tan fracturados como la sociedad catalana», explica Luis, otro policía catalán destinado en Mataró y que encara perplejo al terremoto que sacude al cuerpo policial. «Pero hay que tener en cuenta que en los Mossos la cúpula es independentista. Los mandos vienen de Convergencia o de ERC, así que el sector favorable a la desconexión se siente respaldado», agrega.

En su opinión, uno de los momentos que refleja esa situación de crisis interna se vivió tras el 1-O, cuando independentistas acudieron a la comisaría de Mataró y varios agentes salieron a la calle para cuadrarse ante los radicales mientras cantaban el himno oficial de Cataluña, ‘Els Segadors’. Los policías, al finalizar el cántico, aplaudieron a los ciudadanos. «Esas son las cosas que Trapero y los comisarios han fomentado. Que seamos un instrumento del folclore nacionalista y no un Cuerpo al servicio de toda la sociedad». Para Luis, haber mandado a parejas de Mossos a controlar los colegios en los que votaban cientos de personas supuso el fin del Cuerpo como representante de la autoridad. «Ofrecimos una imagen de mirar para otro lado que la pagaremos», se lamenta.

El mayor Trapero es en estos momento una especie de doctor Jekyll y mister Hyde a la catalana. Para un sector de la sociedad es el héroe del independentismo -incluso hay camisetas con su imagen-, mientras que otra parte le considera un traidor. Esa misma división se produce en los Mossos. «Es un zorro y no sé cómo los mandos de la Policía y la Guardia Civil se fiaron de él. Deberían haberse dado cuenta de que algo pasaba cuando desde los Mossos se les pasó una lista de los colegios que no habíamos cerrado y allí estaban el de Puigdemont y el de Oriol Junqueras», afirma Luis. Según este agente, que esos dos centros de la consulta ilegal no se tocasen fue una estrategia calculada para conseguir una fotografía de las Fuerzas de Seguridad del Estado impidiendo por la fuerza la votación.

«Ese es Trapero. Un gran conspirador. Pero no nos equivoquemos, el sindicato de mandos, el Sindicat de Comandements de los Mossos d’Esquadra (Sicme), acoge al 90% de los jefes y ha salido a apoyarle sin fisuras porque saben qué es lo que quiere el Govern. Si no estuviera él, tendríamos a otro parecido», explica Miquel. Este policía catalán recuerda que existe un grupo denominado Mossos por la Independencia, que forma parte de la Asamblea Nacional Catalana, y cuyo referente, Alberto Donaire, se fotografió el 1 de octubre mientras votaba en el referéndum prohibido.

«Es un mosso y estaba cometiendo un delito. Si sucediera lo contrario, si un agente se significara con los unionistas, al instante sería desterrarlo a Viella». Viella es la última comisaría de los Mossos. Está enclavada en el Pirineo leridano, casi en la frontera con Francia. Supone el destino menos deseado, algo así como un batallón de castigo.

Los almogávares

Los agentes temen que, si la tensión no decrece, vuelva a colocárseles como ariete de las fuerzas independentistas. «Nadie lo recuerda ahora, pero el primer director general de los Mossos, Miquel Sellarés, ya defendió en un ensayo que teníamos que ser el embrión de un Ejército catalán. Era un texto alocado, en el que decía que debíamos crear una armada para patrullar el Atlántico, pero ese era el ambiente», resume Luis. El agente recuerda que hace cerca de veinte años, cuando entró en Mollet, la academia en la que se forman los agentes catalanes, lo que menos importaba era la formación policial. «Si alguien me preguntaba dónde estaba la calle Almogávares yo les podría explicar uno a uno quiénes fueron los almogávares (soldados catalanes del siglo XIV)», rememora el policía.

Entre los agentes de los Mossos se diferencia claramente entre los ‘mandos payeses’ y ‘los de ciudad’. «Los primeros están en Lleida o Girona y son claramente nacionalistas. Tienen ‘pedigree’. Trapero es de los segundos, agentes que salieron de Mollet y se dieron cuenta de que necesitan un apoyo político para subir por la escala de mando», explica Miquel. Aunque él no ha trabajado nunca con Trapero, sí que le recuerda en algunos contactos casuales que tuvieron en el pasado. «Siempre fumando Winston y con un aire muy prepotente. Ha ascendido muy rápido, así que no tiene muchos amigos en el Cuerpo», señala. Otra cosa es qué pasará a partir de su declaración hoy en la Audiencia Nacional. «Suceda lo que suceda, saldrá como un héroe».

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