La novia del teniente de Alsasua: «Desde aquel día perdí mi vida. Mis amigos me aislaron. Pensé en quitarme de en medio»

María José N. C. describe con detalle las agresiones de varios procesados y asegura que les pegaron por ser guardias civiles

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

María José N. C., novia del teniente de la Guardia Civil y una de los cuatro agredidos la madrugada del 15 de octubre de 2016 en el bar Koxka de Alsasua (Navarra), se sometió ayer a una prueba pericial contradictoria de cuatro horas antes de declarar hoy en la Audiencia Nacional. «Fue muy dura, me preguntaron por las agresiones, mi estado mental, mi situación personal y familiar, mi ideología...Les dije que sí, que era de izquierdas. No lo voy a ocultar».

Con una entereza muy destacada, la joven de 21 años de Alsasua, donde residió desde los tres y sus padres regentan aún el bar de la tercera edad, ha confesado ante el tribunal que no ha levantado cabeza tras las agresiones sufridas aquella madrugada. «Perdí mi vida, mi hogar...lo perdí todo. No he vuelto a salir sola por Alsasua ni para pasear a mi perra. Mis amigos me aislaron totalmente, se alejaron por miedo. A parte de las lesiones físicas necesité ayuda psicológica. Como no veía una salida llegué a pensar incluso en quitarme de en medio», ha relatado.

María José, que comenzó a salir con el teniente Óscar, de 27 años, meses antes de la agresión en el Koxka, ha afirmado que cuando empezó la relación ya sabía «que iba a tener represalias». «En una fiesta local me llegaron a preguntar si estaba saliendo con un 'madero' y lo negué por miedo», ha señalado. Aquella madrugada, ha dicho, «intercambié unas palabras con Ohian Arnanz (procesado), que estaba muy violento. Les dije que si les querían pegar a ellos me tenían que pegar a mi primero, y ellos (Ohian y el acusado Jokin Unamuno) me respondieron que les iban a reventar», ha asegurado.

«También tuve unas palabras con Jon Ander Cob. Me espetó que no teníamos derechos de estar allí. Empezaron los empujones, agarrones, patadas, puñetazos en la espalda. Recuerdo el odio y la saña con la que le daban a Óscar en la cabeza. Él sangraba y la gente seguía pegándole, tenía el tobillo roto, el pie dado la vuelta prácticamente y le seguían pegando. Nos insultaron: 'putos pikoletos, txakurras', barbaridades... Nadie llamó a la Policía ni a una ambulancia, es más, aplaudían», ha añadido la víctima.

María José ha señalado a Jokin Unamuno como la persona que «empezó la agresión y por el que estamos hoy aquí». «Le aseguro que he acusado a personas que estaban 100% seguro que estaban allí aquella noche, que nos pegaron. Si estaba convencida al 90%, no los he señalado. Y seguro que vendrán testigos de parte que nos pegaron», ha asegurado. «Nosotros no provocamos; nos pegaron por ser parejas de los guardias civiles. Las consecuencias familiares han sido dramáticas. Nos rajaron las ruedas del coche, pancartas, pintadas en el bar. Una rezaba: 'El pueblo no perdona'».

Unas 2.500 personas muestran en Pamplona su apoyo a los agredidos en Alsasua

Cerca de 2.500 personas se han concentrado este martes en el centro de Pamplona, según la delegación del Gobierno, en apoyo a los dos guardias civiles agredidos hace año y medio en Alsasua por un grupo de jóvenes, con motivo de la vista oral que desde ayer juzga los hechos calificados como terrorismo.

El acto, convocado por la Asociación Cultural Doble 12 y apoyado por colectivos de víctimas de ETA como Covite y la navarra Anvite, y por partidos como PP, UPN, PSN y Ciudadanos, ha reunido a unas 4.000 personas, según los organizadores, y a 2.500, según la delegación del Gobierno, ante cuya sede han mostrado una pancarta con el lema «Estamos con vosotros, María José, Pilar, Óscar y Álvaro».

Hasta el lugar se han acercado cientos de personas, algunas con banderas españolas y navarras, para arropar también a los padres del teniente agredido, cuya madre, Inmaculada Fuente, ha calificado de «increíble» el apoyo recibido en un día «muy difícil pero muy positivo», ya que ha comenzado con la declaración de su hijo ante el tribunal y ha finalizado con el acto en Pamplona.

En él, el filósofo Fernando Savater ha leído un manifiesto en el que ha criticado que las instituciones públicas navarras «se han puesto del lado de los agresores» y «no han mostrado el menor signo de solidaridad con las víctimas. Y lo han hecho en nombre de todos los ciudadanos navarros», por lo que la concentración pretendía por el contrario apoyar a los agredidos. Tras su intervención, precedida de numerosos gritos de «vivas» a España, la Guardia Civil y Navarra, se ha guardado un minuto de silencio por las víctimas de ETA, y el numeroso grupo se ha disuelto entre aplausos tras sonar el «Himno de Navarra».

«Nadie nos intentó ayudar

Por otro lado, el teniente de la Guardia Civil agredido, ha relatado al tribunal de la Audiencia Nacional que el ataque comenzó sobre las cuatro de la mañana, cuando entró en el local el acusado Jokin Unamuno, que les recriminó su presencia en el lugar. «De pronto recibimos puñetazos y golpes desde todas partes, en las piernas, espalda y cabeza. Tratamos de salir del bar y en la puerta se hizo un pasillo y nos siguieron golpeando. Mi único objetivo era situar al sargento, a su novia Pilar y a la mía, María José. Nadie nos intentó ayudar».

Óscar, nombre del teniente, ha declarado que esa noche fueron a cenar al bar de los padres de su novia, en Alsasua, y que cuando terminaron fueron a tomar una copa a un sitio donde él iba habitualmente. «Eran las dos de la mañana. El sargento acababa de ser trasladado y le dije que saliéramos. Tomamos un par de copas hasta que ocurrió lo que ocurrió. El bar no es abertzale. Estaba bastante lleno, veía buen ambiente, nada raro. No obstante, la gente nos miraba constantemente, pero es algo habitual verte vigilado» allí, ha afirmado el guardia civil al fiscal José Perals.

«Entonces fui al servicio y a la salida me encuentro a un chaval de complexión atlética (Ohian Arnanz), que lo había visto en manifestaciones de Alde-Hemendik (¡Fuera de aquí!), y me pregunta si era madero. Le dije que estaba en mi tiempo libre y me contesta que 'menos tiempo libre'. Me voy y otra persona (Jon Ander Cob) me corta el camino. Me vuelvo a zafar y el asunto queda sin más. Tras ello nos lanzan un vaso de chupito de plástico vacío. Había pasado una hora y llega al bar Jokin, acompañado de varias personas. Se dirige directamente al sargento Álvaro, sin mediar palabra. Jokin le conocía. Nos dice que su abuelo también era guardia civil. Pero no nos recrimina nada de unas multas (como declaró ayer)», ha añadido el teniente.

«Nos hicieron un pasillo de salida y siguieron golpeándonos»

Óscar ha seguido narrando que tras ello noto que les empezaban a golpear e insultar. «Recibí puñetazos desde el principio en la espalda, piernas y cabeza. A María José le increpa una chica (menor). Nos hicieron un pasillo y siguen golpeándonos. Llegué a la puerta del bar, había más luz, y veo a Adur (Ramírez de Alda), un chaval de complexión más fuerte y camiseta roja. Y veo como nos da puñetazos a mí, al sargento y a María José. Me pegaban puñetazos directamente. Empiezo a estar aturdido, pierdo el equilibrio y me desplomo, ya en la calle, María José se pone encima. Hice dos llamadas, creo. Estaba en el suelo, tirado. Noto un receso en la agresión cuando llega una pareja de la Policía Foral de Navarra. Nadie nos intentó ayudar. Fue un calvario eterno y temí por mi vida, pero no perdí el conocimiento pero sí la noción del tiempo», ha declarado el agente agredido, que sufrió la rotura de un tobillo que le mantuvo ocho meses de baja tras una operación que requirió ocho clavos y una placa.

Óscar, de 25 años cuando ocurrieron los hechos y que se mudó de Alsasua tras la agresión, ha ratificado al tribunal la identidad de cuatro de los acusados en la rueda de reconocimiento, realizada semanas después del ataque en el sótano de la Audiencia Nacional. Se trata de Jokin Unamuno, Ohian Arnanz, Adur Ramírez de Alda (que ayer aseguró que no estuvo en el bar aquella noche) y Jon Ander Cob. Además, aseguró que en el bar estaban, al menos, Iñaki Abad y Ainara Urquijo, pero no los involucró en las agresiones.

Sin embargo, el segundo agente agredido y comandante del Puesto de Alsasua, el sargento Álvaro, ha ampliado la identificación a los ocho detenidos en su declaración ante el tribunal y ha confirmado el relato del teniente. «Esa sensación de odio y rencor que tenían contra nosotros por ser guardias civiles no la había sentido nunca», ha afirmado.

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