La CUP da vía libre a la investidura de Torra pero controlará sus pasos desde la oposición

Quim Torra saluda al diputado de la CUP Carles Riera. / Quique García (Efe) I Atlas

Los anticapitalistas evitan la repetición electoral y permiten con su abstención la formación de un nuevo Gobierno de JxCat y Esquerra

CRISTIAN REINOBarcelona

El expresidente de Ómnium Cultural, editor y abogado, Quim Torra, será elegido hoy presidente de la Generalitat, el décimo desde la Segunda República, después de que el cónclave de la CUP diera ayer vía libre a desbloquear la legislatura. Los cuatro diputados anticapitalistas se abstendrán y Torra tendrá suficiente con los 66 votos que suman JxCat y ERC para ganar la investidura en segunda ronda, por mayoría simple.

La vía libre llegó casi 'in extremis' para evitar la repetición electoral, que habría sido automática el día 22. De hecho, un sudor frío recorrió los cuarteles generales de los partidos secesionistas cuando la CUP amenazó el viernes con tumbar la investidura, porque de inmediato recordaron que en 2016 los antisistema mandaron a Artur Mas a la «papelera de la historia».

La presión sobre los cuperos en las horas previas a su decisión fue muy fuerte. Hubo incluso una apelación directa del propio expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, poco antes del inicio del su consejo político. «Espero que mantengan la coherencia. Siempre han dicho que no era un problema de nombres», dijo a 'El Punt Avui'.

Los anticapitalistas condicionaron el discurso que pronunció el sábado el candidato a la presidencia de la Generalitat en la primera sesión del pleno de investidura. Para convencerles, Torra se comprometió a seguir hacia la república, enterrar el autonomismo y poner en marcha un proceso constituyente. No habló de desobediencia ni de unilateralidad, como quería la CUP, pero su radicalidad discursiva, tachada de «frentista» por la Moncloa, acabó de convencer a las bases cuperas.

La abstención de los anticapitalistas será crítica, ya que sus cuatro diputados pasarán a la oposición y no «facilitarán la gobernabilidad». A su juicio, el programa de Junts per Catalunya y Esquerra no avanza en la construcción de medidas republicanas ni sociales, sino que supone un «giro autonomista». Aun así, casi cinco meses después de las elecciones y siete después de que el Gobierno destituyera al Ejecutivo catalán en pleno, en virtud de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, Cataluña recuperará hoy la figura del presidente de la Generalitat.

En los próximos días, Torra nombrará a su equipo, que le viene ya 'prefabricado', en tanto que los consejeros de JxCat los ha elegido Puigdemont y los de ERC los ha designado la formación republicana. Casi se puede decir que habrá tres ejecutivos: el del 'exilio', el de Torra y el de Esquerra. La nueva administración catalana arranca, por tanto, llena de incógnitas.

Línea roja

La de mayor calado es ver cómo discurre el nuevo Gobierno catalán, y cuáles son sus primeros pasos, toda vez que el Ejecutivo central ya le ha avisado que no le permitirá dar ni un paso más allá de la línea roja de la legalidad y que no le temblará el pulso para volver a aplicar el 155. Torra situó el sábado el objetivo en la independencia, pero a estas alturas, y tras la declaración fallida del 27-O, el secesionismo es consciente de que no puede construir ninguna república de la noche a la mañana. El propio candidato a presidente lo ha reconocido en privado, al admitir que no contar con el 50% de los votos es una «losa» para el movimiento independentista.

Fuentes de la cúpula de ERC reclaman que se le dé una oportunidad al nuevo dirigente. «No nos quedemos solo con los tuits», apunta un miembro de la dirección, que cree que a pesar de que la legislatura se ha estrenado en el nivel máximo de tensión, tenderá a «bajar el diapasón».

Está por ver. Lo que sí dejó claro el dirigente de JxCat el sábado es que no tiene intención de rendirse. «Este gobierno no estará sometido, sino que plantará cara y mirará adelante», destacó ayer en esta línea el nuevo hombre fuerte de ERC, Pere Aragonès, virtual vicepresidente de la Generalitat y llamado a ejercer de contrapeso en el Ejecutivo.

Aragonès marcó distancias respecto a Torra, cuando afirmó que el proyecto secesionista debe ser «abierto e integrador», precisamente lo que se le echa en cara desde los grupos de la oposición. Es un «ultranacionalista, supremacista y de derechas», según dijo ayer el PSC. La sombra de Puigdemont será muy alargada y Torra nacerá como un presidente débil. No solo porque no tiene una mayoría amplia para poder gobernar, sino porque el propio Puigdemont se ha encargado de dejar por sentado que su mandato será provisional y que si el Estado «sigue la persecución» habrá nuevas elecciones en unos meses.

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