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Hay un momento glorioso en Peter Pan, la narración inmortal de J.M. Barrie: cuando Peter Pan arroja de forma alevosa por la borda al Capitán Garfio y éste, sorprendido por la jugada de su enemigo, le grita: Bad form! Lo que podríamos traducir por 'malos modales' (o cualquier otra expresión para denominar la falta de urbanidad).

Malos modales son los que imperan en este sainete deplorable de la autodestrucción exprés que el PSOE viene protagonizando desde el miércoles, tras bastantes meses de suicidio a cámara lenta, por culpa de ese doble liderazgo (un secretario general en la luz y una califa en la sombra) que la militancia y los dirigentes de ese partido centenario tuvieron la pésima idea de aceptar como solución a sus problemas de calendario y cartel electoral. Una fórmula desastrosa que se ha probado corrosiva en grado sumo. La formación fundada por Pablo Iglesias (el original) ya no es un edificio en pie, sino una especie de zona cero que evoca cualquier calle de Alepo después de que los cazabombarderos de Putin den una de sus pasadas.

La inquina con que los socialistas tiran de piqueta y mazo para echar abajo las paredes de su casa común, intentando golpearse los unos a los otros, es digna de psicoanálisis, pero en política, más allá de las en este caso complejas y oscuras causas, también son importantes las maneras, y es especialmente alarmante el modo en que se han perdido. Incluso si Sánchez fuera el líder nefasto, insensato y arbitrario en que de pronto lo han convertido (pese a haber detenido la caída libre en intención de voto con que recibió el partido y haber evitado el sorpasso podemita), no es de recibo la conjura con que se le intenta derribar, sumando en su contra el voto de un difunto y sin explicar qué es lo que se pretende y por qué hay tanta prisa en tener otra cabeza visible, o ninguna, para pronunciarse en nombre de toda la militancia a la que, en cambio, no hay prisa alguna en escuchar. Como le advierte Garfio a Peter Pan, incluso si uno es un villano sin paliativos hay modos y modos de desembarazarse de uno.

Y frente a tan turbio golpe, he ahí lo que queda de la ejecutiva, tirando de Prosegur para sostenerse. Unos y otros son una excelente noticia para sus enemigos, que ya olisquean sus despojos.