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La «alcaldesa de España» pone fin a 40 años de militancia en el PP

Rita Barberá y Mariano Rajoy, en Valencia en 2006.
Rita Barberá y Mariano Rajoy, en Valencia en 2006.
  • Tras esquivar el caso Emarsa, el caso Nòos o el caso Gürtel, Rita Barberá se ha visto arrastrada por la instrucción que investiga la presunta financiación irregular del PP

Rita Barberá, la que durante más de dos décadas fuera considerada la "alcaldesa de España" y un referente en el PP, ha puesto hoy fin de manera turbulenta a más de 40 años de militancia política en este partido, que ayudó a fundar y al que deja en una posición delicada al aferrarse a su escaño en el Senado.

Considerada hasta hace poco un icono para sucesivas generaciones de políticos populares, la exalcaldesa valenciana se ha visto arrastrada por una instrucción judicial que, ahora desde el Tribunal Supremo, investiga el presunto blanqueo de dinero en el grupo municipal popular y, por extensión, la posible financiación irregular del PP.

Tras 24 años como alcaldesa de la tercera ciudad de España, 32 como diputada autonómica, candidata a la presidencia de la Generalitat y presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, Barberá (Valencia, 1948) se apartó en junio de 2015 de la primera línea de la política local tras la debacle electoral -"¡qué hostia!", admitía la noche del 24 de mayo-.

Amiga confesa de Mariano Rajoy, quien ha acudido a casi todas sus proclamaciones como candidata a la alcaldía, y protagonista de eventos como la Copa del América de vela o la Fórmula Uno -durante la que se paseó en un Ferrari conducido por Francisco Camps-, Barberá no ha podido poner un broche de oro a su, en su opinión, "longevo e intenso" tiempo de militancia y ha visto cómo iba menguando el número de sus defensores.

Fiasco electoral

La apertura de la pieza del caso Imelsa sobre supuesto blanqueo, del que ha sostenido que no lo conocía ni lo ordenó, la tuvo un mes recluida en su casa, donde se la vio asomada a la ventana y abandonó en contadas ocasiones, como para ir a la peluquería. Pocos días después de que un juzgado de Valencia pidiera al Senado que acreditara si era aforada, y lejos de parecer acobardada, reapareció públicamente en una multitudinaria rueda de prensa en la sede del PP para negar fehacientemente todas las acusaciones, hacer reproches a otros partidos -e incluso a la dirección del PPCV por su "deslealtad"- y proclamar que no dimitía como senadora ni se lo planteaba, una postura que defiende hasta hoy mismo.

Después del fiasco electoral que dejó "su" Alcaldía en manos del tripartito Compromís-PSPV-València en Comú, con su acérrimo contrincante Joan Ribó como alcalde, dio el salto a Madrid como senadora territorial nombrada por Les Corts Valencianes, acta a la que sigue sin renunciar pese a que se le ha reclamado hacerlo, incluso dentro de su partido.

El 'caso Imelsa'

El caso Imelsa, donde acabaron imputados todos los concejales y asesores de su última etapa como alcaldesa, puso el foco de atención sobre Barberá, considerada por muchos "la jefa" o la "todopoderosa" del Consistorio valenciano. Apelativos que a su juicio eran "una visión envidiosa, pero ajena a la realidad" de la oposición, que destaca que Barberá decidía desde el color de las plantas del Puente de las Flores hasta dónde se ponía el árbol de Navidad en la plaza del Ayuntamiento.

Una plaza desde la que reinaba en el balcón del Consistorio en Fallas, donde le acompañó muchas veces la primera plana del PP nacional, la misma que estos días le han pedido que diera un paso atrás. Una muestra de su naturaleza política la ofreció en 2015 con su insólito y polémico "caloret", el término inexistente en valenciano que acuñó en su improvisado discurso del inicio de las Fallas y que ella y su entonces entorno intentaron rentabilizar como eslogan político "simpático".

Barberá había logrado esquivar hasta ahora casos de corrupción que han afectado a dirigentes del PP, como el caso Emarsa -sobre el saqueo en la depuradora de Valencia-, el caso Nóos -donde fue procesado su vicealcalde, Alfonso Grau- y el caso Gürtel, donde según una grabación la trama le regaló un bolso de lujo.

En su última etapa en la alcaldía después de seis legislaturas tuvo que afrontar el "Ritaleaks", la publicación en una web de Compromís de gastos "suntuarios y de lujo" del Ayuntamiento por 278.000 euros en cuatro años, sobre los que la Fiscalía del Tribunal Supremo desistió finalmente de investigar al no encontrar indicios de delito. Para entonces Grau había dimitido tras ser procesado en el caso Nóos y de él se acabó distanciando después de no incluir en las listas electorales a la esposa de este, María José Alcón, tras desvelarse unas conversaciones que la implicarían en Imelsa.