Las térmicas de Anllares, Compostilla y La Robla, de pulmones económicos de León a tener su futuro pendiente de un hilo

Central térmica de La Robla. /Peio García
Central térmica de La Robla. / Peio García

Las tres centrales térmicas de León se sitúan en el centro del debate energético de España y la UE, con garantías de pervivencia únicamente en La Robla, mientras en Anllares ya cuentan los días para el cierre y en Compostilla esperan que la presión del Gobierno obligue a Endesa a mantener la actividad | En la actualidad, las tres centrales emplean a algo más de 370 personas directamente

A. CUBILLAS León

Eran uno de los pulmones del tejido industrial de León. Pilares económicos y generadores de empleo. Emblemas en su zona. Músculos de enorme fuerza económica debilitos con el paso de los años hasta llegar al presente, cuando su futuro simplemente pende de un hilo.

Son las centrales térmicas de carbón, infraestructuras que representan la era dorada de una provincia y que ahora centran el debate energético de España y la Unión Europa, con más detractores que defensores, a excepción de en León, donde la opinión es unánime: es necesario garantizar su supervivencia.

Una defensa que abandera también el ministro de Energía, Álvaro Nadal, y que se ha materializado en un real decreto que endurece las condiciones para otorgar la autorización de cierre de cualquier planta, negando cualquier cierre por razones económica siempre que no sea compatible con la política energética.

Pero, para algunas eléctricas, la decisión está tomada y no hay marcha atrás. Iberdrola ha sido la primera en anunciar el cierre de dos de sus térmicas –Velilla (Palencia) y Lada (Asturias)- y el temor se ha contagiado en el resto de las centrales, que temen su cierre y, consecuentemente, el despido de su plantilla.

Compostilla, en stand by

Un temor fundado en las tres centrales de la provincia de León. Compostilla, en El Bierzo, tiene en funcionamiento dos grupos y el tercero se encuentra en revisión. En la actualidad trabajan 200 personas, una plantilla que alcanzaba los 800 en el año 2000 aunque Endesa llegó a emplear en la térmica a 1.050 personas en el inicio de su actividad en los años 80.

A día de hoy, la previsión del Grupo Enel, que controla Endesa, es acometer su cierre por entender que no es viable aunque está a la espera de conocer la decisión del Gobierno, las nuevas normas de transición energética y de planificación para tomar una decisión.

La plantilla de Compostilla se sitúa en la actualidad en las 200 personas aunque la térmica llegó a tener 1.050 trabajadores en sus orígenes

En cualquier caso, la falta de inversión para acometer la desnitrificación en la planta, clave para que la térmica cumpla con la normativa medioambiental, hace pensar al comité de empresa que la decisión de cierre es definitiva. “La inversión tendría que llegar ya porque la adaptación medioambiental lleva un plazo y no llegaríamos al 2020”, asegura Juan Sobredo, presidente el comité.

Un “palo muy grande”, remarca Sobredo, que recuerda cómo hasta hace poco las térmicas y el sector del carbón representaban el 20% del PIB de la comarca berciana, donde no parece que haya alternativa posible que pueda paliar las consecuencias del cierre.

“Creemos que la alternativa que siempre se predica nunca llega y nadie se atreve a decir las cosas tal y como son. Lo hemos visto con el carbón. Aquí se hace siempre al revés. Primero se suprime y luego pensamos en la alternativa que, al final, nunca llega. Es hora de dejar de mentir a la población”, sentencia Sobrado.

Anllares, el punto y final

Peor se plantea el futuro en la térmica vecina. Gas Natural Fenosa ya ha anunciado el "cese paulatino" de la actividad de la central térmica de Anllares en cumplimiento con la directiva europea de emisiones, al no contar con una infraestructura ni de desulfuración ni de desnitrificación de las emisiones. Una decisión que ya se comunicó en 2013, cuando la eléctrica trasladó su imposibilidad de cumplir con los límites de emisiones.

En la actualidad, trabajan 110 trabajadores -40 de subcontratas- después de que en los últimos años se hayan amortizado otros 70 empleos. Ahora, el comité confía en que se cumpla el plan de vida útil que permitiría prolongar la actividad hasta el 2023 o hasta que se cumplan las 16.500 horas de funcionamiento.

El comité de Anllares confía en que se cumpla el plan de vida útil que permitiría prolongar la actividad hasta el 2023 o hasta que se cumplan las 16.500 horas de funcionamiento.

Roberto González, presidente de comité de empresa, recuerda que en la actualidad la energía nuclear es prioritaria, entrenado posteriormente en funcionamiento la eólica y solar, luego, remarca, entraría en juego el carbón. “Los ciclos están sujetos al precio del gas o el petróleo pero entendemos que debería entrar en funcionamiento el ciclo combinado”.

En este sentido, González entiende que es un “error” que se prescinda del carbón, “dado que debería preservarse como una reserva estratégica, clave para evitar que los precios de la luz se disparen”. Por último, el responsable de USO no oculta su visión pesimista sobre el futuro del resto de las térmicas de la provincia. “Su continuidad está condicionado a la inversión y de momento no se está realizando”.

La Robla mira al futuro

Gas Natural Fenosa también es la titular de la térmica de La Robla. Para ella, sus planes, inicialmente, son diferentes. La eléctrica plantea que siga operando y mantenga la actividad de quema del carbón con una "fuerte inversión" para cumplir con la Directiva Europea de Emisiones Industriales a través de la adaptación del grupo 2 de la central, "con el objetivo de extender su operación más allá del 1 de julio de 2020”.

Gas Natural Fenosa prevé la adaptación del grupo 2 de la central de La Robla para extender su actividad más allá del 2020

Sin embargo, en términos de empleo, la térmica ha sufrido un descenso importante en los últimos años. En la actualidad, apenas alcanza el centenar de trabajadores, a los que suman otras cuatro decenas en empresas auxiliares. Una empresa que alcanzó los 200 empleados cuando echó a andar y que hace 15 años alcanzaba las 8.000 horas de funcionamiento. En lo que va de año, apenas llega a las 2.500.

“Ahora se arranca mucho menos y lo que hace la empresa es reducir el coste de trabajo. Menos trabajo, menos plantilla”, señalan fuentes sindicales de USO, que recuerdan que esta situación es fruto de la gestión del Gobierno, “que no ha apostado por el carbón”, y de las cada vez más estrictas restricciones de emisiones.

En la actualidad, la térmica mantiene un contrato de compra de 10.000 toneladas de carbón a la Hullera Vasco Leonesa hasta fin de año y mantienen una actividad estable en ambos grupos aunque el grupo 1, según la información que maneja el comité, es que se cierre en el año 2020 y se mantenga con vida el grupo 2. “Están previstas una serie de inversiones para cumplir con las restricciones que marca la directiva europea”.

En cualquier caso, en las tres centrales se ha asentado un halo de temor desde hace años, tras la progresiva desaparición del carbón en las cuencas leonesas, ahora acrecentado tras la decisión de Iberdrola que, sin embargo, ha hecho reaccionar al Gobierno que, incluso planta cara a la Unión Europea, quedándose fuera de la ‘Alianza global para eliminar el carbón’.

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