¡Vivan las águedas, viva león!

María Ángeles Fernández toma el bastón de mando como Agueda Mayor 2018 de manos del acalde de León, Antonio Silván, asumiendo los 'poderes' de la capital y reivindicando una igualdad de género prioritaria

María Ángeles Fernández 'toma los poderes' del alcalde Antonio Silván. / Inés Santos
N. BARRIO León

Por las mujeres silenciosas y silenciadas, aquellas que con su trabajo constante contribuyen a la igualdad. Las que están lejos de los focos, las madres, las amigas... las mujeres. Con su recuerdo presente, el salón de plenos del viejo Ayuntamiento de San Marcelo ha sido el escenario del nombramiento de la Águeda Mayor 2018, cargo que ahora ostenta María Ángeles Fernández.

Recibiendo el bastón de mando de manos del alcalde de León, Antonio Silván, María Ángeles quiso mandar un recuerdo a todas las mujeres y no dejó pasar la oportunidad para recordar al alcalde las necesidades de la ciudad, que pasan por cuidar sus tradiciones, mejorar sus calles o sacar partido a la Capital Gastronómica.

La concejala de Servicios Sociales Aurora Baza fue nombrada Águeda de Honor, momento en el que la edil aseguró «no merecer el honor», al tiempo que recordó la labor callada de las águedas en pro de la igualdad.

Con un salón lleno de águedas vestidas con los atuendos tradicionales tuvo lugar el traspaso de poderes, en un día simbólico en el que recordar que el mando debe ser compartido entre géneros.

Una mártir en tiempos de Decio

Santa Águeda o Ágata, celebrada el 5 de febrero, recuerda la vida de una joven y bella noble nacida en Palermo, siendo emperador Decio y presidente de Sicilia, Quinciano. En aquel tiempo se promulgó un edicto obligando a los cristianos a sacrificar a los dioses y Águeda fue llevada ante Quinciano quien, prendado de ella, quiso rendirla entregándola a la vieja Frodisia y a sus cinco hijas, que conseguirían obrar en ella un rápido cambio de opinión.

Tras el paso del tiempo, Águeda, que persistía en su postura, fue llevada de nuevo ante Quinciano quien, viendo a la joven firme en sus convicciones, mandó cortarle un pecho a cercén y encarcelarla sin permitir que médico ninguno la atendiese y sin comer ni beber nada. Desde antiguo se representa a la santa con los pechos cortados sobre una bandeja en la mano izquierda y en la derecha la palma, atributo y símbolo de la pureza y del martirio. Así Santa Águeda, con sus pechos cercenados, se convirtió en “abogada de las enfermedades de las mamas y por ende de las virtudes del recato y la feminidad que éstas encarnan”.

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