Los vecinos del Ejido salen a la calle para exigir que «no nos encierren en nuestras casas»

Vecinas del Ejido protestan en la calle. / Inés Santos

Más de un centenar de personas se manifiesta en la calle Obispo Panduro para exigir a los propietarios de sus viviendas que eliminen «los bodrios» que han cerrado sus terrazas

RUBÉN FARIÑASLeón

Los vecinos del Ejido no quieren que les encierren en sus propias casas. Más de un centenar de personas han salido a la calle para luchar contra el que ya denominan como ‘bodrio’ que ocupa sus fachadas.

Los inquilinos de Obispo Panduro y Antolín López Peláez han mostrado su descontento con la actitud adoptada por la propiedad de sus viviendas. «Han llegado sin hablar con los vecinos, han hecho lo que les ha dado la gana, han abusado de gente muy mayor», denuncian.

El caso

El portavoz de este grupo de personas, Ramón Rodríguez, ha informado a los manifestantes de las actuaciones llevadas a cabo hasta el momento.

Esta mañana han acudido al Ayuntamiento de León, han solicitado la licencia de obra y han observado «irregularidades» en las mismas.

Por ello, van a crear una asociación para hacer fuerza y lograr la rectificación de la empresa propietaria.

Rosa, vecina de la calle Antolín López Peláez, narraba los hechos que habían sufrido en estos meses. El propietario adquirió hace un año los pisos y, desde entonces, «no ha contado con nosotros para nada, nos está cerrando las terrazas, no podemos tender porque nos han quitado las cuerdas».

Un año 'sufriendo' a la propiedad

Y es que primero les cortaron las cuerdas de tender, luego tiraron las carboneras. Algunos estuvieron tres meses sin calefacción ni agua caliente y les impusieron un servicio de limpieza en el portal.

La gota que ha colmado el vaso entre los vecinos han sido unas placas de chapa que ha cerrado sus terrazas y dejado una sensación de enclaustramiento a los vecinos.

Así lo explica Mari Carmen, inquilina desde hace 50 años de un piso en Obispo Panduro. «La sensación es como de estar en una cárcel o un psiquiátrico. La luz todo el día encendida; ahora sube la luz, la mayoría somos pensionistas o jubilados y menudos recibos vamos a pagar».

El agobio y la sensación de vivir en una ratonera está generando una fuerte angustia en los inquilinos, quienes temen que, en caso de producirse un incendio, no puedan salir de la casa.

¿Y en caso de incendio?

«Vive gente de 80 o 90 años, personas con discapacidad, ¿cómo salen?; los bajos están enrejados por detrás y ahora las terrazas cerradas por delante. No pueden entrar ni los bomberos y no pueden salir a la carrera por las escaleras».

Esta tarde han iniciado la recaudación, con aportaciones de 10 euros, para pagar al abogado que les está asesorando.

Descartan manifestaciones, también caceroladas; solo quieren hacen bien las cosas, que les devuelvan sus terrazas y que la propiedad oiga sus peticiones y les devuelva sus hogares tal y como eran.

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