Los retornados desde el extranjero crecen un 56% en un quinquenio aunque su número sigue siendo «muy reducido»

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Si en 2012 retornaron a la provincia 254 personas, el año pasado esa cifra se elevó a 396

Lograr que retornen los castellanos y leoneses que por cualquier circunstancia tuvieron que abandonar la Comunidad, constituye uno de los retos de las autoridades regionales para la recuperación demográfica. Y es que el futuro de la Comunidad lo determinará su capacidad para recuperar población desde la natalidad pero también desde la atracción de inmigración y desde el retorno de los emigrados, con cifras aún completamente insuficientes para frenar el declive demográfico.

Los datos que maneja el Ministerio de Empleo y Seguridad Social reflejan que en el último quinquenio, el número de retornados a la Comunidad, en base a las bajas consulares de residentes en el extranjero, creció casi un 70 por ciento en Castilla y León, y se multiplicó por dos en España., en un contexto económico más favorable tras años de dura recesión, que obligó a muchos a buscarse la vida fuera.

En concreto, si en 2012 retornaron a la Comunidad, 980 personas, el año pasado esa cifra se elevó a 1.665; mientras que en el conjunto nacional pasaron de 27.675 a 56.145. La gran mayoría de los que volvieron llegaron desde América, 918; mientras que 551 retornaron desde otros países de Europa; 120 de Asia; 51 de África, y 25 de Oceanía. León concentró el mayor número de retornados en 2016, con 396; seguida por Valladolid, con 321; Burgos, con 259; Salamanca, con 220; y Zamora, con 105. Además, volvieron 98 a Ávila; 92 a Palencia; 52 a Soria; y 12 a Segovia.

El profesor titular de Geografía Humana de la Universidad de Valladolid, José María Delgado Urrecho, aclaró a Ical que en la actualidad domina el retorno de personas activas, entre los cuales se encuentran familias con hijos menores. En este sentido, afirmó que la mayoría son emigrantes que llevaban una o dos décadas viviendo en el extranjero, aunque también -en menor proporción- hay personas aisladas desplazadas temporalmente por razones profesionales.

Asimismo, afirmó que está aumentando el número de activos jóvenes -menores de 35 años- que vuelven tras una experiencia laboral fracasada o porque han adquirido una experiencia que les permite trabajar o buscar un trabajo en mejores condiciones en España. Este último grupo integra tanto a trabajadores jóvenes que perdieron su empleo en el país de acogida como a eventuales que desde el inicio de su estancia tenían claro que el desplazamiento iba a ser temporal.

Una situación que contrastó este experto con lo que ocurría en décadas precedentes -años ochenta y noventa del siglo XX-, cuando “regresaban principalmente antiguos emigrantes desplazados desde los años cincuenta hasta mediados de los setenta”. “Ahora esa proporción ha descendido notablemente y los jubilados y prejubilados apenas sobrepasan una cuarta parte del total (26 por ciento)”, agregó.

Encuesta a universitarios

José María Delgado Urrecho destacó que el número de retornados es “muy reducido”, lo que conlleva a que “es imposible hacer un análisis profundo” sobre el colectivo. Sin embargo, aclaró a Ical, que el trabajo realizado en Gir Pangea (Patrimonio Natural y Geografía Aplicada), el grupo de investigación de la UVa al que pertenece, ofrece “indicios sobre los motivos del retorno que derivan de encuestas” para otros trabajos y del seguimiento a antiguos alumnos universitarios”.

Delgado aclaró que de esas encuestas se constata que algo más de la mitad de los retornados indica que su elección del país de acogida se debió, a partes iguales, a la facilidad para obtener allí empleo o a tener familiares o amigos que ya residían en ese país.

El nivel de conocimiento del idioma tiene una importancia secundaria (en torno a un 15 por ciento se decidieron por ese motivo), dijo. Este dato, como manifestó, se confirma por el hecho de que dos terceras partes de los retornados habían conseguido trabajo en el extranjero gracias a la ayuda de otras personas y, en mucha menor medida, de organizaciones públicas.

Los análisis también indican que la mitad de los retornados estuvieron más de seis menes y menos de dos años en el país de acogida; y entre un 40-45 por ciento aseguró que estuvo el tiempo que tenían previsto, aunque más de un tercio lo prolongaron.

Por último, la experiencia de los emigrantes retornados en cuanto al trato recibido tanto en el trabajo como fuera del mismo es calificada mayoritariamente como positiva.

La crisis de Venezuela

Los datos cocinados por la institución académica coinciden con los que maneja la presidenta de la Asociación de Emigrantes Retornados de Castilla y León, Aercyl, Paquita Cabello, quien expona a Ical, que el perfil de los emigrantes que retornan a Castilla y León es en la actualidad muy dispar ya que vuelven a la Comunidad personas “de todas la edades”, aunque por lo general todos ellos provienen de países de América Latina. Cabello destaca que en su mayoría las peticiones y solicitudes proceden de castellano leoneses que viven en Venezuela “por la grave situación que atraviesa el país”.

Al respecto, explica que los emigrantes que ya son mayores se encuentran con el problema de que aunque han pagado para tener su pensión “no la pueden sacar del país porque el Gobierno venezolano no les deja” y tampoco reciben ayudas nacionales porque consideran que ya tienen su pensión en el país lationamericano, “un panorama fatal” que en ocasiones prova que “muchos tengan que vender lo que tienen para conseguir un pasaje”.

Otro de los principales países de los que reciben peticiones de información es Chile ya que, según comenta Paquita Cabello, el perfil del retornado de este país del cono sur es el de una persona que “emigró cuando el país iba mejor, pero ahora su situación ha empeorado”.

Con respecto del apoyo instituciones, la presidenta de Aercyl destaca que la Junta ha dispuesto de varias medidas para facilitar el retorno de los castellano leoneses que residen en el extrajero para que “vuelvan y se incorporen al mercado laboral” y por medio de subvenciones y ayudas.

Por su parte, Cabello recuerda su situación personal, cuando regresó de Renania (Alemania) hace más de treinta años, junto a su marido y sus dos hijos. “Cuando tuvimos hijos decidimos que o nos quedábamos o volvíamos”, un regreso que, apunta, “no fue fácil al principio por la adaptación, porque llevábamos mucho tiempo viviendo fuera”.

Falta de oportunidades

La ausencia de una oportunidad en España, en plena crisis económica llevó al burgalés Rodrigo Hurtado, de 32 años, a hacer la maleta hasta tierras europeas. Ingeniero de profesión, y con “ganas de comerse el mundo”, no hizo ascos a una oferta laboral en Alemania que le llevaría a vivir “una experiencia muy recomendable” que le aportó madurez personal y profesional.

“Me marché medio año después de estar en Malta trabajando en un proyecto de energías renovables. Regresé a España y comencé a buscar ofertas de trabajo. Al final me decanté por dos en Alemania y elegí un trabajo en la empresa Magna, en Munich”, explica en declaraciones a Ical.

Reconoce que el comienzo “no fue fácil”, aunque se adaptó rápido. Lo más apremiante, aprender alemán. Algo que consiguió asistiendo a cursos y siendo consciente de que “había veces que en el trabajo me hablaba en alemán en lugar de inglés y a veces no me enteraba de nada”.

Dos años después y con el alemán casi dominado, Rodrigo regresó a España tras recibir una oferta laboral desde su tierra. “Me llamaron hace tres años de Antolín y no me lo pensé dos veces”, agrega el ingeniero, quien reconoce que la “vuelta no esta pensada y se produjo antes de lo que tenía planeado”. La oferta de la multinacional hizo que el joven burgalés se planteara la opción de trabajar en casa, en Castilla y León.

“Trabajo en lo que me gusta y en una empresa de alto nivel”, asevera el profesional, al tiempo que sostiene que su paso por Alemania le permitió comprobar cómo los ingenieros “de Alemania están muy bien formados” debido al esfuerzo que las empresas europeas ponen en la formación de sus empleados.

Persisten las barreras

Elena Arbaizar Santamaría, de 38 años de edad, nació en Zamora, y estuvo residiendo en República Dominicana durante ocho años. El 1 de julio cumple dos años de su regreso a España, donde volvió cuando estaba embarazada de seis meses, para que su hijo naciera aquí, una decisión que adoptó con su marido, nativo del país caribeño.

En la actualidad reside en Logroño, donde se fue por el traslado de sus padres, por proximidad también a Burgos, ya que su padre es de Miranda de Ebro. “Mantengo una vinculación muy estrecha con Castilla y León”, dijo a Ical.

Explica que antes de salir al extranjero tuvo que abandonar la Comunidad, por motivos laborales, y estuvo en Madrid, desde donde se fue con un contrato con una ONG a República Dominicana, donde decidió quedarse. Recuerda que ya tuvo un primer intento de regresar en 2011, pero la economía estaba en plena crisis y tuvo que volver, cuando decidió montar su propia empresa de investigación y consultoría de recursos humanos. Más tarde tuvo un golpe de suerte y se puso a trabajar en una multinacional del ramo y en una universidad.

Sin embargo, la maternidad les impulsó a regresar, dejaron sus trabajos y volvieron a España donde iniciaron su proceso de “reinserción”, como expone, primero para solicitar “papeles” para que les reconocieron sus derechos a percibir, por ejemplo, las ayudas por maternidad.

Además, denunció que se sufre “mucha discriminación” sobre todo a nivel laboral porque existen “muchas suspicacias” sobre la capacitación profesional aunque se haya trabajado en una multinacional de reconocido prestigio. En este sentido, lamenta que aunque trabajan los dos no llegan al nivel de ingresos que lograron fuera. Su marido dando clases de inglés, aunque no se le asume su certificado; y ella, como autónoma, dando servicios profesionales a una empresa de tiempo libre, formulando proyectos para licitaciones.

En este sentido, denunció que intentó el año pasado intentó a través del servicio de Empleo impartir un curso en Soria de sistemas de información en investigación de mercados, y le rechazaron al no reconocer su excelencia profesional, cuando estuvo trabajando para la multinacional francesa del ramo Ipsos, de reconocido prestigio. “Hay barreras para regresar”, dijo.

Con todo, aseguró que la situación en Castilla y León no es peor que en otros sitios y no renuncia a volver, para afirmar que intentará presentar una propuesta de investigación a un premio de las universidades y la junta, a finales de mes, sobre todo el tema de emigrantes retornados, que está muy de moda en la Comunidad.

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