Ramón Gutiérrez en medio del Atlántico: «Queda poco, pero queda lo más difícil»

El aventurero leonés, que está cruzando el Atlántico a remo desde primeros de diciembre, se enfrenta a su último tramo de su gran reto | «Estoy a doce días de la costa» | «Esto es tremendo por lo gratificante y por lo duro»

Ramón Gutiérrez, en el interior del pequeño habitáculo de su embarcación./
Ramón Gutiérrez, en el interior del pequeño habitáculo de su embarcación.
J.C.León

A Ramón Gutiérrez le duelen las manos, y los hombros, y las rodillas... No resulta extraño. Desde hace casi un mes y medio este leonés de aspecto dulce y bonachón rema sin descanso en medio del Océano Atlántico.

Lo hace en una aventura única, tremenda, buscando unir África y América a bordo de su pequeña embarcación, sin vela ni motor, con el único empuje de la fuerza de su cuerpo sobre sus remos.

A 12 días vista de alcanzar su punto de destino, en la Guayana Francesa, Ramón Gutiérrez asegura sentirse «con mucho ánimo» pero con un «desgaste físico importante, el lógico en una travesía tan dura como la que estoy realizando».

Ante sí aún le esperan 800 kilómetros de mar abierto, con olas de entre tres y seis metros y con unas corrientes adversas por momentos que alcanzan una franja «de cincuenta kilómetros».

«Esto es tremendo, por lo gratificante y por lo duro también», sentencia el aventurero leonés. Ramón Gutiérrez rema «una media ahora muy alta de horas, entre ocho y nueve. Estoy en una zona en la que hay que remar con mucha intensidad para conseguir avanzar muy poco, pero es lo que hay en esta zona».

«Apenas puedo dormir porque siempre tienes que estar pendiente de todo lo que supone la embarcación. No puedo cerrar la pequeña puerta del compartimento en el que duermo por el calor y la humedad que hay dentro»

Su barco navega hoy con una dirección de 210º hacia la costa pero en los últimos días lo hacía con una deriva de 180º, esto es casi en paralelo a la lejana costa con el fin de encontrar las mejores corrientes que le permitan entrar en la Guayana Francesa con una mínima garantía.

Son, y lo advierte, los días más duros desde que abandonara Dakar salvando aquellas jornadas en las que tuvo que enfrentarse a la 'tormenta Ana' cuando su pequeño bote tuvo que surcar olas de nueve metros de altura en medio de una ventisca que nunca imaginó.

«Apenas duermo tres horas al día»

A través de su teléfono satélite asegura que el día a día «no permite mucho descanso y eso se nota. Estoy avanzando menos de lo esperado porque la corriente es circular y en estos momentos opuesta. He llegado hasta el centro de esa corriente y cuando alcance el punto de salida espero que ya pueda remar directo hacia la costa».

Con cierta rabia reconoce que las «corrientes en las que ahora estoy» le obligan a asumir «el hacer otros 400 kilómetros más. Me da rabia porque si hubiera girado antes hacia el sur me los habría ahorrado. Pero esto es lo que tiene ser un novato».

En su día a día Ramón Gutiérrez asegura que los días se hacen «cortos» y las noches «eternas»: «Apenas puedo dormir porque siempre tienes que estar pendiente de todo lo que supone la embarcación. No puedo cerrar la pequeña puerta del compartimento en el que duermo por el calor y la humedad que hay dentro, pero al mismo tiempo eso me obliga a estar muy pendiente de una posible entrada de agua. Así que se duerme poco y mal, unas tres horas cada día».

La rutina diaria

Durante cada jornada la rutina de Ramón no deja de sorprender. Al amanecer (sobre las nueve de la mañana hora española) limpia su embarcación de 8 metros de eslora y 1,60 metros de manga de 'peces voladores'. Algunos días retira hasta una veintena, incluso los más pequeños se cuelan en los habitáculos estanco por las tomas de aire.

«Lo más duro siempre son las noches. Apenas tengo tiempo libre porque pese a las reducidas dimensiones en las que se mueve siempre hay tarea»

Desayuno, remo de dos horas con una de descanso, comida sobre las cuatro de la tarde, más remo, cena y descanso, el poco descanso que se puede tener cuando la pequeña barca se mueve como si estuviera en una atracción de feria.

«Lo más duro siempre son las noches», repite una y otra vez. Apenas tiene tiempo libre porque pese a las reducidas dimensiones en las que se mueve siempre hay tarea. La navegación, el control de la desalinizadora, las placas solares, controlar los amperios de las baterías...

La costa, a doce días

Si las condiciones son propicias «creo que veré la costa en unos días, diez, doce a lo sumo. Esperaba que en siete días pudiera estar cerca, pero no será así al decidir bajar en la vertical para encontrar una corriente favorable que me permita la entrada a la Guayana francesa. La línea de llegada es virtual y tiene un ancho de cinco kilómetros. Parece mucho, pero en realidad es complicado alcanzarla con exactitud». Advierte Ramón Gutiérrez que en todo caso «queda poco, pero queda lo más difícil».

Ningún leonés hasta la fecha ha afrontado una aventura de esta dimensión. Cruzar el Atlántico a remo, un hito que parece imposible, está a un paso de convertirse en realidad.

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