Ramón Gutiérrez, desde el Atlántico: «es maravilloso»

El aventurero leonés, que cumple las primeras diez jornadas en su aventura de cruzar el Atlántico a remo, narra en leonoticias desde el emotivo adiós que le dieron los militares españoles hasta cómo ha superado la tormenta 'Ana'

Ramón Gutiérrez, en la imagen en su embarcación, cumple diez días en su aventura de cruzar el Océano Atlántico a remo.
J.C.León

Asegura sentirse como un grano de arena en una enorme playa. Sólo que en esta ocasión ese pequeño trozo de arena es una embarcación de apenas ocho metros de eslora y 1,60 metros de manga. Y la playa, en realidad, es todo el Océano Atlántico.

En ese escenario, tan desafiante como sugerente, se encuentra el empresario y aventurero leonés Ramón Gutiérrez desde hace diez días. Entonces, y después de no pocos sofocos, abandonó la costa de Dakar rumbo al otro lado del océano. A 4.700 kilómetros le espera su destino: la Guayana Francesa. Y hasta allí debe llegar remando.

Durante las primeras jornadas de 'ruta marítima' Ramón Gutiérrez asegura haber vivido «casi de todo», desde no poder comer, hasta tener que superar olas constantes de seis metros de altura, desde la dificultad para mantener la ruta correcta hasta tener que mantener en una sola pieza su nave en medio del temporal 'Ana', el mismo que causó graves daños en la zona norte peninsular.

Detalle del seguimiento electrónico al leonés Ramón Gutiérrez.
Detalle del seguimiento electrónico al leonés Ramón Gutiérrez.

Pese a todas las vicisitudes vividas, desde el medio del Océano Atlántico, Ramón Gutiérrez asegura sentirse maravillado por lo desafiante y espectacular que resulta el océano cuando te adentras en su interior 'cuerpo a cuerpo'.

Diez jornadas después de iniciar la travesía el aventurero leonés conversa con leonoticias sobre su situación en alta mar, la experiencia vivida y los retos que aún le quedan hasta alcanzar la Guayana francesa, su punto de destino.

-¿Cómo se encuentra tras diez días de navegación?

Bien, bien... muy animado, intentando disfrutar de cada instante.

-¿Realmente se cree que está cruzando el mar a remo, metido en una aventura de tal dimensión?

(Sonríe) Es que en esto hasta lo más insignificante es una gran aventura. Por ejemplo, salir de Dakar con el barco ya ha sido culminar la aventura. Dakar es un caos en muchas cosas. Eran tres barcos los que tenían que llegar, pero al principio sólo llegaron dos, menos mal que el mío era uno de ellos. Todo son improvisaciones cuando se está en ese país.

-¿Qué hizo en los días previos a su partida el domingo 17?

Arreglar el barco, ultimar detalles, pintar el casco con pintura antimoluscos. La primera anécdota fue por eso, pinté el fondo del barco con antimoluscos de color azul, cuando tendría que haber sido roja por si vuelco y se tiene que realizar una búsqueda aérea. En fin, cosas que ocurren cuando no tienes experiencia.

-¿Cómo fue su partida...?

Llena de anécdotas. A la lancha que me tenía que acercar al barco se le estropeó el motor y casi nos vamos contra las rocas. Pero también fue emotiva. Cuando estaba en el barco ví que llegaba a la cosa un grupo de militares españoles para despedirme. Uno de ellos se lanzó al agua y me acercó una bandera de España, que es la que ahora mismo llevo en la embarcación un militar nadando

-¿Y los primeros días, cómo han sido?

Duros, mucho. Los primeros días han sido complicados porque no se esperaba tan mal tiempo como el que hemos tenido.

-¿A qué se ha tenido que enfrentar?

He tenido olas de seis metros, vientos muy fuertes, tormentas. Las olas pasaban por encima del barco como si nada. Ha habido momentos en el que el barco se ha puesto literalmente como palillo clavado en el agua, casi en 180 grados vertical.

-¿Y en esas condiciones cómo ha sido el día a día?

Remar ha sido muy duro, pero también gratificante por lo extremo de la situación. He tenido que emplearme a fondo para que el barco no se diera la vuelta. No he podido comer nada sólido durante los primeros cinco días, sólo líquidos energéticos, batidos de Nutrisport y galletas de Gullón.

-¿Y nada ha podido cocinar?

(Sonríe) Nada, imposible. Y poco voy a poder cocinar... El primer día que saqué la sartén fuera se la llevó una ola.

-¿Y dormir?

En estos diez días he dormido una media de dos horas cada jornada, más imposible. El barco se ha movido como un corcho en el medio de una tormenta y encima, y esta es otra de las anécdotas, sólo a mí se me ocurre meter un colchón de aire para dormir. Ese colchón, en el espacio tan diminuto como el que tengo, multiplicaba el efecto del mar. Al final he tenido que deshinchar el colchón y duermo en una tabla.

El aventurero leonés, en uno de sus entrenamientos.
El aventurero leonés, en uno de sus entrenamientos.

-¿Ha tenido que 'sobrevivir' al paso de 'Ana', la tormenta que arrasó el norte peninsular provocando importantes daños?

Nadie me quería decir que venía 'Ana' para o asustarme. Me decían que me llegaría una tormenta bastante fuerte, pero nada más. Cuando al final me lo comentaron me preparé para lo peor y la verdad que fue como en las películas. Primero el mar en calma y el silencio... Y a las dos horas... Toda la furia del mar... tuve que refugiarme en el interior del barco y desde el interior estabilizarlo como podía para que no volcara. Fueron momentos duros.

-¿Y ahora en qué situación se encuentra?

La previsión es de nuevas tormentas, pero las sensaciones son buenas. He podido disfrutar de dias espectaculares remando. Por momentos he tenido la sensación de estar en un inmenso río de aguas bravas y me lo he pasado hasta bien. Pero luego te das cuenta que eso no lo puedes hacer aquí. Remas, te dejas llevar por las olas, y luego te das cuentas que te has ido fuera de ruta y que tienes que volver a remar para recuperar lo que has hecho mal, aunque disfrutaras.

-¿Merece la pena todo el esfuerzo?

Desde luego, merece mucho la pena. Hay que sufrir, pero los que somos autónomos estamos acostumbrados porque siempre nos toca pelear en solitario.

-¿Qué hace en los pocos momentos de descanso?

Miro el mar, el horizonte, y es espectacular. Cuando he tenido momentos de calma disfrutas con el ruido del mar. Me siento en el barco, veo cómo saltan los peces voladores y como un poco de chorizo y de cecina para acordarme de mi tierra.

Ramón Gutiérrez, en color verde, en el seguimiento vía satélite.
Ramón Gutiérrez, en color verde, en el seguimiento vía satélite.

-¿Chorizo y cecina?

(Sonríe) Desde luego que sí... Me he traído cecina y chorizo... Y aquí lo tengo... Está buenísima la cecina...

-¿Todo en orden en la logística, la depuradora de agua, los teléfonos, el radar...?

Bien, bien. La depuradora apenas la he utilizado. Cargué 120 litros de agua potable. Mi barco pesaba 150 kilos de más pero quería asegurarme de que tenía reservas suficientes. Todo está en orden.

-¿Lo mejor y lo peor de estos diez días?

Lo mejor, el mar, la sensación de estar ante la inmensidad. Lo peor el segundo día cuando me crucé con un barco inmenso que me hizo cambiar de rumbo porque si no me llevaba por delante. Además varió de ruta en el mismo momento en el que yo lo hice y eso complicó aún más todo.

-¿Piensa en todo lo que aún le queda?

No no... Llevo diez días y aquí solo vale disfrutar en el momento. La ruta completa a remo pueden ser 55 días, o 60 días. No lo pienso. Importa lo que ocurre ahora mismo, el resto llegará con los días.

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