León sufre la mano de los pirómanos y la superficie calcinada supera las 22.250 hectáreas

El mayor de los incendios comenzó en Encinedo. / CÉSAR SÁNCHEZ

Los incendios dañan en mayor medida a la provincia leonesa que posee el 53% de la superficie quemada en 797 incendios a lo largo de todo el año 2017

INÉS SANTOSLeón

León sigue temiendo la lacra de los incendios intencionados que un año más devastan la provincia. A falta de cerrar los datos del mes de diciembre León ha sufrido un 30% de los incendios de la comunidad con un total de 797 frente a los 2.642 que se han desarrollado en Castilla y León. Las cifras son más alarmantes si se fijan en la superficie calcinada, donde León ha perdido más de 22.265 hectáreas según los datos facilitados por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente. Una cifra que supone el 53% de la superficie total perdida en la comunidad.

Los incendios a lo largo del año 2017 en la provincia leonesa han puesto varias ocasiones en jaque al medio rural que ha perdido gran parte de su encanto en un año en el que la sequía también afectó a la fácil propagación de los fuegos. La falta de humedad y las rachas de viento superiores a los 30 kilómetros por hora también fueron claves importantes en la difícil extinción de algunos de los incendios. Sobrado, Benuza, Palacios del Sil, Encinedo, Ponferrada y otro en Benuza fueron los seis incendios que más daño provocaron en la provincia arrasando más de 500 hectáreas cada uno, en alguno de ellos la pérdida se elevó hasta las 9.820 (Encinedo).

Quince días de horror

Un año inolvidable para la comarca de La Cabrera. Unos días en los que los vecinos de los pueblos de la zona veían como poco a poco las llamas devoraban el increíble paisaje de la zona dejando un manto negro a su paso. Quince días de infierno. Quince días en los que La Cabrera lloraba su gran pérdida natural y sentía la impotencia de no poder hacer nada para salvar su patrimonio. Cerca de 10.000 hectáreas, el pulmón de esta zona de la provincia leonesa, se convirtieron en humo y cenizas por la mano del hombre que nunca dejará de destrozar el medio en el que vive.

El incendio comenzaba en la tarde noche del 21 de agosto en el municipio de Encinedo. Las llamas que arrasaban con todo a su paso obligaban a desalojar, en el segundo día del fuego, a los vecinos de la pequeña localidad leonesa de Villarino, como también ocurría con los habitantes de Truchas. “Hay mucho humo y no se aguantaba ya; estaba pegado a las casas; no sé si se habrá quemado ya alguna”, lamentaba uno de los habitantes de Santa Eulalia. Los testimonios daban una muestra más del horror vivido y de la desesperación de los habitantes de la zona.

La cercanía de las llamas a las viviendas hacían tomar las medidas de precaución necesarias para que no hubiese que lamentar daños personales. El fuego avanzaba motivado por el calor y las llamas atravesaban valles y carreteras con una longitud de varios kilómetros, lo que imposibilitaba la extinción del mismo. Pequeñas ráfagas de viento y el matorral que cubre los montes de la comarca hacían la combinación perfecta que provocaba el avance del fuego sin discriminación.

Los días avanzaban en el calendario y lejos de ser controlado, el incendio se extendía cada vez más. En el epicentro de la catástrofe, la intensa humareda provocó que la visibilidad se viera reducida considerablemente. El olor a humo se hacía perceptible desde varios kilómetros de distancia y la continua caída de ceniza desde el cielo fue la tónica dominante de unos días, marcados por el paso ininterrumpido de los servicios de extinción. La complicación llegaba también por la naturaleza, los medios aéreos no pudieron trabajar en la zona hasta pasadas las 11 horas de la mañana, un hecho que tuvo que ver con el fenómeno de inversión térmica que provocó que el humo ascendiera rápidamente, impidiendo la visibilidad de los equipos de extinción.

El incendio alcanzaba en su tercer día activo el nivel 2, que mantuvo a lo largo de las semanas con el temor de que las llamas se colasen en las localidades de La Cabrera y los daños fuesen incalculables.

León también se tiñe de negro

Los incendios marcaron este año la actualidad informativa en León. No sólo La Cabrera, Las Medulas y otras zonas de la provincia vieron como las llamas se abrían paso entre los valles y montes. También la capital leonesa fue, en varias ocasiones, pasto de los pirómanos.

Las investigaciones continúan en la capital, donde en el mes de julio las llamas pusieron en jaque el barrio de Cantamilanos.

Un virulento incendio tiño de negro la capital. Los Bomberos de León intentaban, sin éxito, apagar el fuego que en sus inicios no daba sensación de ser peligroso, pero con el paso de los minutos obligó a desalojar la residencia de ancianos Misioneros Claretianos Casa de Ejercicios. Las llamas se extendían y el viento provocó un cambio de dirección, por lo que las inmediaciones del Seminario Menor de León también acabaron calcinadas.

En paralelo, los efectivos trabajaban por impedir el avance de las llamas hacia el Monte San Isidro, así como a las viviendas próximas a la carretera de Carbajal. Esta fue una de las zonas más conflictivas, donde varias viviendas sufrieron importantes daños materiales.

El día reunió todas las características para que las llamas se cebasen con la capital. Las altas temperaturas, la baja humedad y el fuerte viento avivaron el fuego haciendo necesaria la intervención de medio centenar de efectivos.

En cuatro días se había convertido en el peor incendio de Castilla y León en lo que iba de año y las cosas no iban a mejorar. La calma llegaba en forma de espejismo cuando parecía que iba a ser controlado. La junta mantenía el nivel 2, pero el perímetro estaba estabilizado y se mantenían cerca de medio millar de efectivos trabajando en la zona. Algunas localidades como Forna respiraban tranquilas, aunque su imagen era desoladora y tan solo las casas se salvaron de las llamas, que tiñieron de negro el resto del paisaje. Pero los vecinos de Trabazos permanecían aun fuera de sus casas.

Semillas para crecer

Fuegos provocados nunca más, era el lema que marcaba la concentración de los vecinos de La Cabrera en la localidad de Encinedo, cuando el fuego ya parecía controlado pero aún seguía vivo. Un millar de personas secundaron esa movilización en la que estuvieron presentes representantes de todos los municipios y juntas vecinales de la comarca. Los presentes reclamaron un plan de prevención de incendios, la implicación de las administraciones y el desarrollo de proyectos que den utilidad a la biomasa que genera la zona.

La lectura del manifiesto dio paso a la interpretación de la canción, considerada casi un himno en distintas zonas de la provincia, ‘Viva la Montaña’ y posteriormente varias personas se desplazaron a la localidad de Losadilla, donde se originó el incendio, para esparcir semillas de centeno, con la intención de que contribuyan a fijar el terreno devastado por las llamas.

El 4 de septiembre, quince días después de su inicio, la Junta daba por extinguido el incendio intencionado que asoló la comarca de La Cabrera. Las llamas que avanzaron sin discreción por los valles y montes de la comarca se llevaron por delante un total de 9,965 hectáreas, según los datos de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente. El fuego quemó 3.330 hectáreas de arbolado (roble, pino, encina, chopo, abedul y sauce), 5.944 de brezales y matorrales mixtos, 404 de pastizal y otras 284 de superficie no forestal.

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