Gigantes de circo

‘La Pequeña Nave’ lleva tres años siendo el punto de encuentro de los artistas circenses en la capital leonesa

Actuación de práctica del circo./Peio García
Actuación de práctica del circo. / Peio García
M.ESCUDERO

Lejos de ser un taller o un almacén, la nave número 16 de la Avenida Alcalde Miguel Castaño 115 esconde en su interior una escuela de circo. ‘La Pequeña Nave’ es el espacio donde se practican, se comparten y se aprenden técnicas circenses en la capital leonesa.

La escuela se abrió en 2014 de la mano de los componentes de la compañía de espectáculos ‘La Pequeña Victoria Cen’. «Nos instalamos en la nave para entrenar y al poco tiempo nos dimos cuenta de que teníamos que compartir este espacio, con tantas posibilidades, con quien estuviese interesado en el mundo del circo», explica Pablo Parra, uno de los fundadores de la escuela. Así, con la vocación de ofrecer formación en diferentes disciplinas, se instalaron en la nave de la calle leonesa, rodeados de almacenes y edificios industriales.

‘La Pequeña Nave’ imparte cursos trimestrales de telas aéreas, malabares y acrobacia colectiva y talleres puntuales de iniciación, circo en familia y equilibrio, entre otros, para grupos de adultos y de niños a partir de ocho años.

Aunque al principio, la escuela se pensó para dar clase sólo a adultos, al cabo de dos años, tras un contacto de Pablo con adolescentes a través de proyectos de inclusión, se dieron cuenta de que también los más jóvenes pueden estar interesados en esta disciplina. «Llevamos muy bien el trabajo con los niños. Ellos entienden cuándo es momento de jugar y cuándo hay que estar más concentrado. Les gusta mucho porque para ellos representa un desafío, pero eso sí tienen que ser mayores de ocho años para que puedan asimilar las técnicas», apunta.

Los tres especialistas que iniciaron este ilusionante proyecto tienen una formación muy variada. «Victor viene del mundo de la danza contemporánea, Elena trabajó con la gimnasia aunque se especializó en música y yo me formé en el circo», manifiesta Parra. Fue durante sus estudios de magisterio cuando el artista tuvo su primer contacto con el mundo escénico, los malabares y la acrobacia y «me enganchó». Tras formarse en escuelas de Madrid, Italia y Brasil y especializarse en modalidades tan diferentes como trapecio, acrobacia o telas aéreas, decidió volver a León y, junto a sus compañeros, instalar en la capital un espectáculo que, hasta entonces, había sido ambulante.

Con vocación de enseñar, pero también de compartir, los profesores de la escuela destacan que conciben ‘La Pequeña Nave’ como un punto de encuentro entre gente que sabe y que quiere aprender estas habilidades. «Estamos siempre abiertos a cualquiera que se acerque a proponer proyectos. Queremos compartir técnicas y lugar de entrenamiento y por eso siempre intentamos dar cabida a todo el mundo», declara.

'La Pequeña Victoria Cen'

Aunque son los talleres los que costean el mantenimiento de la escuela, los tres artistas son, por otro lado, los componentes de ‘La Pequeña Victoria Cen’. Esta compañía de circo- teatro fusiona las técnicas circenses con personajes teatrales, danza, música y humor, dando como resultado diferentes espectáculos para todos los públicos.

La formación, que ha participado en festivales y ferias de todo el mundo, tiene ahora en marcha dos espectáculos. ‘Trío de dos’ es el más «familiar y divertido» y se basa en los malabares y la acrobacia para crear un humor en la línea del cine mudo. El otro, ‘Gigante’ es un ‘show’ más «tierno y conmovedor» pensado para ambientes no tan festivos.

La inclusividad como esencia

El circo contemporáneo a diferencia del clásico se ha alejado cada vez más de la búsqueda de la perfección en la técnica y se ha ido empapando de una actitud de medio de expresión y del arte entendido como forma de comunicar.

En esta línea, Pablo Parra, con 40 años recién cumplido, confiesa no tener ningún miedo a que su estado físico le obligue, en unos años, a alejarse de su pasión. «Aunque una persona de 60 años no pueda subirse a cuatro metros o cabalgar de pie sobre un caballo, siempre puede comunicar. Eso es lo más bonito de este trabajo, que todo el mundo puede utilizar una de las mil técnicas y combinarla con su forma de verlo, de relacionarlo y de sentirlo».

El especialista insiste en que la clave para lanzarse a practicar este espectáculo, para el que no hay edad de jubilación, son las expectativas y las capacidades. «Tienes que plantearte hasta dónde quieres llegar y dedicarle horas y esfuerzo, pero lo primero es atreverse».

'Ven y prueba' es la máxima con la que anima a todo aquel que quiera probar sus

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