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León celebra su lucha

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Dos féminas en el corro de León capital. / Sandra Santos

  • El tradicional corro de San Froilán de lucha leonesa, que se celebra ante la Catedral de León, recibe a 1.000 espectadores entre los que se citan algunos ilustres como el antaño campeón de campeones Felipe León

En un marco incomparable, ante unas gradas abarrotadas y con la esencia del deporte más autóctono.

La lucha leonesa ha vuelto a la capital leonesa para celebrar el tradicional corro de San Froilán ante la atenta mirada de la Pulchra Leonina.

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  • Ante la Pulchra Leonina

Eran las 17:00 horas cuando la ciudad ha vuelto a sentir la presencia de los púgiles, esos que defienden un deporte que el paso del tiempo amenaza con hacer desaparecer.

Entre las 1.000 personas congregadas en la plaza de Regla había un ilustre, ése que en sus ojos aún se siente el brillo de la lucha de antaño, en la que Ribera y Montaña competían por reinar en la provincia. Es un campeón de campeones, es Felipe León.

Un campeón de campeones

El veterano luchador comenzó a coronarse en el corro a los 15 años, logrando su primer entorchado provincial. Sus inicios fueron con 70 kilos y logró 16 campeonatos. A lo largo de 18 años de lucha, tan solo dos púgiles fueron capaces de derribarle: Martínez y Fulgencio, el águila rubia.

El octogenario sigue siendo fiel a la cita con la lucha leonesa, de la que teme por su supervivencia porque «ahora no hay dinero, todo es por afición. Cree que su deporte no ha cambiado tanto desde su época hasta ahora: «La única diferencia es que antes era sin tiempos y ahora va a tres minutos». De hecho, se siente identificado con varios luchadores de la actualidad.

Este veterano sigue llevando el aluche por sus venas. Asiste a los corros y cree que sigue habiendo algunos luchadores muy buenos. «Uno se lesionó en el último corro, Clemente Fuertes. También está Héctor García, que es muy bueno, y ahora está saliendo Tomasín, de La Vecilla y Rodrigo, de Cistierna»

El corro de la capital destaca, sin duda, por la belleza de su entorno. Además, al ser al aire libre, atrae a mucho público. Felipe León se queda con los de Riaño y Boñar, los mejores que había hace décadas.

La Catedral ha vuelto a revivir el espíritu del púgil, la esencia de la lucha y el arraigo por un deporte autóctono, en peligro de extinción, y por al que León debe seguir agarrando por el cinto para no dejarlo caer.