Crónica de cuatro crímenes

La crónica judicial del 2017 ha estado marcado por la celebración de cuatro judicios mediáticos, principalmente el del boxeador Roberto Larralde y la peregrina Denise Pikka

A.C.

El juicio por el crimen de Isabel Carrasco en el 2016 marcó un antes y un después en la historia judicial de la provincia de León. Nunca un caso había despertado tanto interés mediático tanto a nivel nacional como internacional.

Pese a ello, el 2017 también ha sido un año en el que la crónica judicial ha tenido un peso importante. La Audiencia Provincial ha vuelto a ser el escenario de juicios tan mediáticos como el del crimen del boxeador Roberto Larralde o el de la peregrina estadounidense Denise Pikka.

Robos, estafas, intentos de asesinatos y agresiones han centrado la crónica judicial del 2017, en el que han destacado estos procesos.

Crimen, pasión y venganza

Entrada accidentada de la viuda de Roberto Larralde a la Audiencia Provincial.
Entrada accidentada de la viuda de Roberto Larralde a la Audiencia Provincial. / ICAL

Venganza, pasión, suspense, intriga y misterio, ingredientes explosivos, típicos de una novela negra, se daban cita en la Audiencia Provincial de León que abría sus puertas y se convertía en el foco de todas las miradas en el arranque de este 2017. León celebraba el juicio por la muerte de Roberto Larralde, asesinado de un disparo el 13 de septiembre de 2014.

Un juicio que se preveía más controvertidos e intenso en León. Y así fue. Las agresiones, los insultos y la intervención policial marcaron su arranque. Ni las vallas ni las medidas de protección impidieron que familiares del fallecido agrediesen a la principal acusada por este caso, Miriam Caballero, la viuda del boxeador.

Junta a ello su amante, Julio López, el presunto cerebro del crimen, dos de sus trabajadores –José Ramón Vega y Carlos Heli-, un detective privado –Froilán Álvarez- y otros dos hombres acusados de tenencia ilícita de armas –Adrián Martínez y Antonio Gabarri-, en un caso liderado por uno de los letrados más mediáticos de España, Marcos García Montes, al frente de la acusación.

Tras más de 92 declaraciones, el jurado popular condenaba a los principales acusados por un delito de asesinato, exculpando únicamente a uno de los acusados, Carlos Heli. Seis meses después, el TSJCYL absolvía de toda cara a la viuda del boxeador y al detective privado. Semanas atrás, el autor material del crimen, José Ramón Venga, aparecía muerto en la celda de la prisión donde cumplía condena, alimentando aún más el morbo de este caso.

Una mancha de sangre en el Camino

Miguel Ángel Múñoz, el asesino de Denise Pikka.
Miguel Ángel Múñoz, el asesino de Denise Pikka. / ICAL

Días después de conocer el veredicto, la Audiencia abría de nuevo para celebrar el juicio por el crimen que manchó de sangre el Camino de Santiago. Miguel Ángel Muñoz Blas en el banquillo de los acusados como autor confeso del asesinato de la peregrina Denise Pikka.

Su letrado, por el contrario, clamaba por la inocencia de su cliente, advirtiendo de que la presión llevó a Miguel Ángel a confesar un crimen que no cometió, inventándose la reconstrucción de los hechos. Es más, llegó a apuntar a la intervención de un senador de USA como el desencadenante para proceder a la detención de su cliente a pesar de que la existencia sólo de elucubraciones disfrazadas de pruebas.

Las pruebas practicadas y los diferentes testigos, entre ellas una peregrina alemana que logró escapar del ataque de Miguel Ángel, no hicieron más que confirmar la culpabilidad del único acusado que paso de estar impasible los primeros días del juicio a mostrar su malestar por las informaciones publicadas. Es más, no dudo en dedicar una peineta a los medios de comunicación.

Era la evidencia del nerviosismo al ver cómo la estrategia de su defensa se caía a pedazos, estrepitosamente. Finalmente, fue condenado a 23 años de prisión y, hasta la fecha, los intentos de su defensa por intentar revocar el veredicto apelando a su locura no han tenido éxito.

El crimen del Húmedo

Los dos implicados en el crimen del Húmedo.
Los dos implicados en el crimen del Húmedo. / ICAL

En mayo tocó el turno al juicio del conocido como crimen del Húmedo. El ‘bicho’ llegaba a la Audiencia acusado de acuchillar de muerte a Raúl López, apodado el 'zorro' en la madrugada del 28 de octubre de 2012. Junto a él, el pinocho acusado de un delito de encubrimiento. Ambos negaban el delito.

Es más, para José Ignacio ‘el zorro’, la del 28 de octubre del 2012 fue una noche más. “Como otra cualquiera en la que salí con mis amigos a pasarlo bien y regresé a casa”. Porque esa noche, según puntualizo, ni acuchilló ni acabó con la vida de Raúl Pérez.

Así lo reiteró en múltiples ocasiones durante su declaración en la Audiencia Provincial de León, en el que señaló que huyó de León por temor a las posibles represalias de la familia del fallecido con el que tomó una copa la noche de los hechos en un local del Barrio Húmedo.

Versión que refrendó Sergio, ‘el pinocho’, que no sólo negó el delito de encubrimiento, sino que exculpó a José Ignacio, al intentó proteger ante el temor de que las sospechas de la familia de la víctima.

A pesar de su intento por negar la acusación, ambos fueron condenados a 17 años de prisión y año y medio, respectivamente. Una sentencia que no llevó a prisión al acusado, que mantendrá su condición de libertad condicional hasta que la sentencia sea firme, y que su defensa ha recurrido ante el TSJ.

Sangre por unas castañas

El asesino de su sobrino tras una disputa por castañas.
El asesino de su sobrino tras una disputa por castañas. / ICAL

El último juicio relevante que acogió León fue la del vecino de San Juan de Paluezas que el 9 de octubre de 2015 mató de un disparo a su sobrino de 36 años de edad tras una discusión por unas castañas.

Unos hechos que, dos años después, reconocía entre sollozos, visiblemente arrepentid en la Audiencia Provincial de León. Hasta allí llegaba esposado, con una petición de prisión de 20 años por un delito de asesinato con alevosía y pidiendo perdón. Porque, según su declaración, no tuvo ninguna intención de matarle ni tan siquiera fue consciente de lo ocurrido. “Era mejor que me hubiera matado yo, no lo sabe usted muy bien”.

Es más, durante la celebración del juicio aseguró que tras la discusión su intención no era otra que echar un tiro al aire. Es más, advirtió de que si su intención hubiera sido acabar con la vida de su sobrino no hubiese llamado al 112 ni se hubiese entregado en las dependencias de la Guardia Civil de Ponferrada, haciendo entrega del arma del crimen.

Finalmente, fue condenado a siete años y medios de prisión y a 15 años de destierro de pueblo donde reside su hermana y madre de la víctima tras apreciarse los atenuantes de colaboración, consumo de alcohol y colaboración con la justicia.

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