CCOO denuncia «estar de manos atadas» cuando quiere «señalar injusticias» en la Inspección de Trabajo

Rosa Castro y David Fernández, durante la rueda de prensa. / Sandra Santos

El Observatorio Sindical de las Migraciones señala a León como la provincia que más población extranjera gana en relación a la pérdida de nacionales | Entre los objetivos está el de «tumbar mitos» sobre la inmigración

N. BARRIO León

Ni son en su mayoría personas mayores, ni vienen en masa y nunca vuelven a su país, ni se aprovechan del sistema sanitario. Estos son algunos de los «mitos» que pretende tumbar el Observatorio Sindical de las Migraciones en Castilla y León de Comisiones Obreras.

El primer mito lo tumban con la estadística. Basándose en los datos del INE, Rosa Castro señaló que en todas las provincias de la Comunidad la edad que prevalece entre los inmigrantes es la que va de 16 a 44 años, siendo residual el porcentaje que supera los 65. «La población extranjera no colapsa los servicios sanitarios ya que tiene una edad media menor que la española», comentaba.

Y tampoco están sobre todo en las ciudades. De hecho, seis de cada diez inmigrantes que viven en León están en el mundo rural, lo que «dificulta su acceso a la información sobre sus derechos», como apuntaba Rosa Castro.

Los marroquíes son mayoría dentro de la población inmigrante en León, seguidos de los portugueses, rumanos, búlgaros y colombianos; y en la Comunidad el 86% de la población castellana y leonesa extranjera tiene residencia de larga duración.

La provincia está a la cabeza (solo por detrás de Valladolid y Burgos) en nacionalidades españolas adquiridas en los últimos cuatro años, con un total de 3.896.

Con la precariedad salta el problema

Si la brecha salarial es un hecho entre mujeres y hombres españoles, en el caso de los inmigrantes la cuestión se dispara. «Se pueden dar casos de triple discriminación: por ser mujer, inmigrante y además según el país, una traba más, porque no es lo mismo ser argentina que marroquí», denunciaba David Fernández, técnico del CITE.

La hostelería y la agricultura copan las ocupaciones de los inmigrantes, con una temporalidad superior al ochenta por ciento. Y es aquí donde llegan los problemas. «En ocasiones queremos denunciar situaciones en la Inspección de Trabajo, porque se dan casos que casi rozan la explotación, pero en muchas empresas se firman pactos de silencio por los que los inmigrantes no pueden decir nada», denunciaba Rosa Castro. De hecho, la crítica iba directa «a un vivero y un matadero de pollos de la provincia, donde se realizan largas jornadas de trabajo siendo la mayoría de empleados marroquíes».

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