Cascón sentencia que la integración de Caja España y Caja Duero era «antinatural» y fue «impuesta» por el Banco de España

El expresidente de la Comisión de Control de Ceiss, Carmelo Cascón Merino, comparece e la Comisión de Investigación sobre las Cajas de Ahorro./Miriam Chacón
El expresidente de la Comisión de Control de Ceiss, Carmelo Cascón Merino, comparece e la Comisión de Investigación sobre las Cajas de Ahorro. / Miriam Chacón

El expresidente de la Comisión de Control de Ceiss denuncia que «nadie» en Caja Duero quería la fusión con Caja España y «con personajes que en muchos casos no eran del agrado»

LEONOTICIASLeón

El expresidente de la Comisión de Control del Banco de Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria (Ceiss), Carmelo Cascón, destacó que en Caja Duero no eran partidarios de la fusión con Caja España, que fue «impuesta» por el Banco de España y apoyada por la Junta. Aseveró que se trataba de «una fusión antinatural, contraria totalmente a nuestros intereses, y con personajes que en muchos casos no eran del agrado de Caja Duero». «No quería entrar en Caja España, ni yo ni nadie de Caja Duero», sentenció.

El exresponsable financiero resumió que la operación «rotundamente fue una imposición del Banco de España» porque «todo el mundo estaba en contra, desde impositores, hasta empleados, sindicatos, políticos y clientes». Cascón, que compareció ante la Comisión de investigación sobre las cajas de ahorro, insistió en que no querían esa relación con Caja España, porque «siempre fue su competidora», eran «antogónicas», su entidad tenía 125 años y «Caja España se creó para macharse a Caja Duero».

El exconsejero bancario aseguró además que los técnicos y responsables de la entidad consideraban además que Caja Duero estaba «saneada» y la fusión «solo nos podía traer perjuicios y se nos dijo desde el primer momento que era 'eso si o si'». Así, indicó que votó a favor porque «era lo que procedía».

Imagen de la comisión durante este jueves.
Imagen de la comisión durante este jueves. / Miriam Chacón

Una designación accidental

Carmelo Cascón explicó que fue consejero de Caja Duero desde 1996 hasta septiembre de 2010 y en octubre de ese año fue designado como presidente de la Comisión de Control de España-Duero, que creó banco Ceiss en 2011, hasta el 30 de junio de 2013, cuando se extinguió la entidad, que fue absorbida por Unicaja. En este sentido, destacó que su designación en el cargo fue «accidental« por «no ser de Salamanca ni de León» y carecer de peso «en ninguna de las entidades anteriores». «Me tocó esta china que en principio era un honor», dijo, hasta que llegó la crisis.

Cascón, que reside en Extremadura, recordó que con Caja Salamanca y Soria y luego Caja Duero disfrutó «de muchas satisfacciones, con mucha Obra Social» tanto en Castilla y León como en la autonomía en la que vive. «Durante muchísimos años todo fue muy positivo, se hizo una gran Obra Social, los resultados eran extraordinarios y el patrimonio era excelente», dijo, para reseñar que a partir de 2007-2008 empezaron a cambiar las circunstancias y estuvieron «prácticamente intervenidos, o controlados muy de cerca, con personal incluso del Banco de España dentro de la caja controlando algunas cosas».

En este contexto, aprovechó para denunciar que la situación «anómala» de la crisis se aprovechó para cargarse a las cajas. «Las cajas no se han suicidado y no fue normal que ninguna caja fuera buena, pero es que había muchos intereses en bancos y de ciertos personajes y se aprovechó la coyuntura» en España y en Alemania, indicó.

Un instante de la comparecencia de este jueves.
Un instante de la comparecencia de este jueves. / MIriam Chacón

Sin herramientas ni conocimientos

En cuanto a su labor al frente de la Comisión de Control, defendió que «fue honesta» y tuvieron siempre «la confianza, la sensibilidad e información de que todo se hizo de forma correcta y con el visto bueno del Banco de España y la CNMV». Comentó que las cajas tenían su misión y su sistema de control, pero «el más eficaz, desde el minuto uno» era el que ejercía al Banco de España, que podía tomar «las decisiones correspondiente» si detectaba anomalías.

Aclaró que se reunían en los diez días después de los consejo de administración, se les informaba de lo acordado en los mismos, por el director general, y toda la información que se les daba «era absolutamente correcta, fiable». «No tuve nunca nada que objetar», afirmó, para indicar que «no tenía argumentos de ningún tipo de que se hubiera cometido ninguna irregularidad».

Aclaró que podían intervenir si detectaban alguna anomalía en la gestión, en el funcionamiento del Consejo, pero no era trabajo de la Comisión entrar en el fondo de la concesión de los préstamos. En este sentido, remarcó que el órgano que dirigía carecía de conocimientos ni herramientas para actuar sobre la concesión de préstamos, ni la posibilidad de decir a un presidente o director general que no podía otorgarlo. «Ni yo ni ningún miembro de la Comisión de Control podíamos cometer tal osadía», dijo.

Merino destacó que si hubiera tenido que asumir esa responsabilidad «no lo hubiera hecho gratis» porque sólo cobraban dietas. Aseveró que nunca contó con una oficina, ni ejerció gestión alguna ni tuvo ningún trabajador a su cargo en la entidad.

Repitió que no disponían de expedientes de cómo se tramitaban los préstamos, algo que entendía que se examinaba por órganos superiores. En su caso, se les informaba de que se había concedido y ellos entendía que era «correcto».

En cuanto a las partidas judicializadas concedidas al presidente de la entidad, el leonés Santos Llamas, insistió en que no tenía «ni idea», y repitió que en la Comisión de Control no votaban ni aprobaban préstamos de ningún tipo. Concluyó que no conocía al presidente hasta la fusión.

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