La campaña ‘Sin prejuicios en la lengua’ ha llegado 850 niños para concienciar sobre el buen uso del lenguaje sobre discapacidad

Una de las aulas en la que se realizó la campaña. /
Una de las aulas en la que se realizó la campaña.

Este año la campaña está dirigida a grupos de 4º de Educación Primaria

LEONOTICIAS León

La concejala de Familia y Servicios Sociales, Aurora Baza, ha participado en el Colegio Carmelitas Sagrado Corazón en una de las actividades del programa de sensibilización en los centros ‘Sin prejuicios en la lengua’.

La finalidad de esta campaña es la de concienciar al conjunto del alumnado sobre la importancia del adecuado uso del lenguaje cuando nos referimos a las personas con discapacidad, promoviendo un cambio de actitudes a través del conocimiento y aceptación de la diferencia como valor, a través de una metodología activa, participativa, dinámica y abierta.

Veinte centros escolares del municipio se han adherido a esta campaña que ha llegado a 850 niños y niñas de 5º y 6º de Educación Primaria. Esta iniciativa se dirigirá este año a niños de 4º de Primaria. Aurora Baza ha señalado que el principal objetivo es concienciar sobre el uso del lenguaje en cuestiones sobre discapacidad y el impacto que éste puede tener en las personas con discapacidad, con el fin de conseguir “una ciudad más inclusiva” erradicando los términos despectivos.

Los objetivos

· Proporcionar al alumnado conocimientos y herramientas sobre el uso correcto el lenguaje cuando nos referimos a las personas con discapacidad.

· Aportar a la población escolar experiencias empáticas que faciliten la comprensión del impacto que tiene el uso del lenguaje.

· Sensibilizar al alumnado para que tome mayor conciencia respecto al lenguaje utilizado para referirse a personas con discapacidad.

· Promover entre los profesionales que trabajan con este colectivo, un cambio de actitudes y estereotipos para favorecer percepciones positivas sobre las personas con discapacidad.

Esta campaña da algunos ejemplos de los términos que podrían ser lesivos para este colectivo, entre ellos:

· Se utilizan etiquetas genéricas para los grupos de personas con discapacidad, como ‘los sordos, los ciegos, los enfermos…’. Lo razonable es poner el énfasis en las personas, no en las discapacidades. Se debería decir ‘personas que tienen…’.

· Sustantivamos adjetivos como ‘discapacitado’, cuando deberíamos utilizar otros términos menos absolutos poniendo la palabra ‘persona’ delante. Se debe decir ‘persona con discapacidad’ o ‘persona con Alzheimer’.

· Fuera y dentro del propio colectivo, se usa la palabra ‘normal’ cuando se compara a la persona con discapacidad con otro individuo o colectivo social. Ejemplo: las personas con discapacidad tienen menos oportunidades de trabajar que las personas normales. Es imprescindible ver a estos ciudadanos como diversidad social y entender que, en muchísimas ocasiones, una buena parte de las limitaciones que tienen proceden de la propia sociedad y no de su discapacidad. Se debe decir “personas sin discapacidad” en vez de “personas normales”.

· También se usa con cierta frecuencia la palabra ‘postrado’ (está postrado en una cama o en una silla de ruedas), cuando el verbo postrar, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, significa “rendir, humillar, enflaquecer, debilitar, quitar el vigor, arrodillarse…”. Se debería utilizar otro tipo de verbos como “es usuario de silla de ruedas” o “está en una cama”.

· Se utilizan eufemismos condescendientes como “personas diferentes”, “con problemas físicos”, “físicamente limitados”, “invidentes”, y diminutivos como “sillita” o “carrito” para referirse a la silla de ruedas, o “taca taca” para definir un andador. Todos estos términos impiden mirar a la discapacidad de frente. Lo correcto sería hablar de “personas con discapacidad física o con problemas de movilidad” o “personas con discapacidad visual”.

· Se presentan en los medios de comunicación a las personas con discapacidad que han tenido éxito como si fueran superhombres o supermujeres. La superación de las múltiples barreras que impone la discapacidad y la sociedad requiere de circunstancias personales, culturales, educacionales y afectivas muy específicas que no todo el mundo está en condiciones de poseer.

· Se perpetúan otro tipo de confusiones como la de seguir utilizando “discapacitado psíquico” para referirse a personas con discapacidad intelectual o a personas con trastornos o enfermedades mentales indistintamente, cuando ya se definen de un manera mucho más exacta las distintas discapacidades, incluso dentro de cada colectivo (síndrome de Down, autismo, esquizofrenia, trastorno bipolar, etc.). Se recomienda utilizar los términos genéricos “discapacidad intelectual y discapacidad psíquica” y “personas con enfermedad o trastorno mental”.

· Otro término inadecuado es “sordomudo”. Se debe utilizar “personas con deficiencia auditiva”.

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