Cuando la ayuda llega del cielo

El Grupo de Rescate y Salvamento de Protección Civil presta auxilio a los accidentes en zonas hostiles y de difícil acceso, centrando su actividad en las zonas de alta montaña, siendo Picos de Europa y los Ancares algunos de los puntos más conflictivos de Castilla y León

Grupo de Rescate y Salvamento de Protección Civil. / S. Santos
A. CUBILLASLeón

Siete hombres y una mujer dan alas al Grupo de Rescate y Salvamento de Protección Civil, un cuerpo especializado de la Junta de Castilla y León que nació en el año 2006 para atender aquellos rescates en zonas hostiles y de difícil acceso y que suma más de 900 rescates, con una medida de 60 actuaciones anuales y un máximo de cuatro en un solo día.

15 años del 112

Ningún recoveco, ninguna cima, ninguna pared es obstáculo alguno para estos profesionales, que miran de frente al miedo. A diario se entrenan al límite, dentro y fuera de su base, sita en Alcazarén, a escasos kilómetros de la localidad vallisoletana de Olmedo, en alerta desde el alba hasta el ocaso, a la espera de esa llamada de auxilio.

Su lema es “entrenar como trabajas” porque, según remarca, nada se puede dejar a la improvisación. Por ello, realizan prácticas semanales en el entorno de la base y un entrenamiento trimestral en la montaña, principalmente en Picos de Europa, los Ancares, la montaña palentina, Guadarrama o Gredos, las zonas más conflictivas.

Anécdotas

-El 112 recibió una llamada desde Caín de Valdéon alertando de que cinco horas atrás había escuchado voces de socorro que procedían de una canal de los Picos de Europa. Una información que apenas ofrecía esperanza alguna ni tan si quiera fiabilidad. Sin embargo, el Grupo de Rescate y Salvamento puso en marcha una operación de búsqueda especialmente complicada. La suerte quiso que los efectivos localizaran a una pareja de orientales que se había desorientados y que presentaban síntomas de hipotermia. En buena parte fue gracias a que habían colgado bolsas azules en sus bastones a forma de banderas. Tras su evacuación, la pareja no dudó en hacer una foto con ellos, para posteriormente ofrecerles una reverencia en agradecimiento a un gesto que les había salvado la vida.

-Los miembros de este cuerpo no olvidan el día en el que tuvieron que realizar cuatro rescates ni tampoco a su última víctima. Se trataba de un joven que sufrió una aparatosa caída en la montaña palentina. La coincidencia quiso que el herido estuviese presente en el primer rescate que efectuaron en esa misma zona. A pesar de las múltiples lesiones que presentaba, el joven salvó la vida.

-Desde el Grupo de Rescate y Salvamento aseguran que cada vez es mayor la colaboración ciudadana. Sin embargo, recuerdan una intervención que tuvieron que llevar a cabo en la Ruta del Cares, donde la única indicación fue que el herido llevaba una camiseta naranja. La casualidad quiso que ese día fueron numerosos los montañeros los que optaran por ese color, lo que, junto con las señas de saludo, dificultaron la localización del herido.

El Centro Coordinador de Emergencias, con base en Valladolid, es el encargado de activar a este grupo. En cada rescate, un piloto, un operador de grúa y dos rescatadores con titulación médica que, seis minutos después de recibir el aviso, están en vuelo a más de 220 kilómetros por hora.

Evaluación de la zona

Un trayecto que permite ampliar y gestionar la información para establecer la maniobra a realizar. “En el vuelo gestionamos la operación hasta llegar al lugar del incidente. Así mismo vamos evaluando los problemas con los que nos podemos encontrar, la climatología, la orografía”, señala Gustavo Cifuentes, piloto del Grupo de Rescate.

Una vez en el lugar, la coordinación entre los cuatro efectivos es clave para preservar su seguridad y la de los heridos; también la confianza, al fin de cuentas, el operador de grúa se convierte durante toda la operación en los ojos del piloto. Previamente, el piloto realiza un vuelo de reconocimiento antes de acceder a la víctima.

Simulacro

En este caso es un simulacro de un rescate de un herido en una zona de difícil acceso. El helicóptero mantiene el vuelo estacionario para facilitar el descenso a tierra de los dos rescatadores que, tras acceder al herido, proceden a encamillarlo antes de izarlo a través de la grúa con ayuda de un cabo guía que evita el ‘penduleo’ de la camilla y garantizar el rescate de la víctima.

Posteriormente, será trasladado hasta el punto de encuentro acordado previamente con el Sacyl, donde será traslado, bien por medio aéreo en ambulancia, al Complejo Asistencial o centro médico más cercano. Finalmente, el helicóptero regresa al lugar para recoger a los dos rescatadores aún en tierra con los que se comunican a través de un lenguaje de signos.

Son conscientes de la peligrosidad que entraña cada una de sus intervenciones, pero también que, en una gran mayoría, representa la vida o la muerte. Es más, recuerdan cómo muchos accidentados reconocen “haber visto a Dios” al escuchar el helicóptero. “Muchas víctimas saben que si no hubiera sido por nosotros no hubiera podido salir de allí”.

Contenido Patrocinado

Fotos