Más de 4.000 musulmanes inician en León el mes del Ramadán bajo un ambiente de «respeto y libertad»

Más de 4.000 musulmanes inician en León el mes del Ramadán bajo un ambiente de «respeto y libertad»

La Mezquita Grande de León se convierte en el punto de encuentro de la población musulmana para los rezos durante el mes de piedad y privación

A.C. León

Me de piedad y privación, mes de oración y sacrificio. León inicia el mes de Ramadán. Los 3.000 integrantes de la comunidad musulmana que conviven en la capital leonesa –casi 5.000 en el conjunto de la provincia- han iniciado, como en casi todo el mundo, su mes más sagrados.

Un periodo de ayuno caracterizado también por los opíparos banquetes nocturnos y en el que el recogimiento de los más píos se mezcla con un ambiente festivo en el que la noche se transforma en la protagonista de cada jornada de este mes.

Abdellah Zahdali, presidente de la comunidad islámica en León, recuerda que en estos días se crea en un ambiente «muy especial», que durante minutos «nos traslada hasta nuestro país», y asegura que la unidad de la comunidad y el importante número de musulmanes facilita el respeto al ayuno.

«Se lleva bien. Puede ser duro cuando estás solo pero no cuando estás rodeado por una amplia comunidad», señala Zahdali, que además remarca el respeto que encuentran en su entorno. «Practicar hoy en día la religión no es un bache ni está señalado por el dedo. Hay más libertad y en León hemos encontrado una convivencia con respeto».

Es más, Abdellah Zahdali asegura que ya son una veintena los leoneses que en los últimos años se han convertido al Islam.

Un mes, el del ramadán, en el que la actividad se acelerará en la Mezquita Grande de León, que se convertirá en lugar de encuentro de la población musulmana durante los rezos de la noche. «Las cinco oraciones diarias se convierten durante este periodo en seis y aunque se pueden realizar desde cualquier sitio la mezquita siempre es el mejor lugar para hacerlo».

Ayunar todo el día, rezar por la noche

Ayunar desde el amanecer hasta la puesta de sol, romper el ayuno inmediatamente después de que el sol se ponga y siempre acompañado de la oración del magrib, practicar deporte antes de la comida, evitar disputas, malos pensamientos y no tener relaciones sexuales, son alguno de los mandatos que el buen musulmán debe respetar con especial celo.

«Los hombres permanecen en el bien mientras no retrasen la ruptura del ayuno después de la puesta del sol», dicen las escrituras. Así que la única comida del día es un momento festivo en el que la familia se reúne y realiza una copiosa cena en la que no suelen faltar los dátiles y la Harira, sopa tradicional marroquí.

Las mesas familiares a la hora del «iftar« (la comida que pone fin al ayuno) consisten en una sucesión de sopas, tortas, huevos, leche y dátiles para la ruptura, seguida un par de horas más tarde por un guiso de carne o pescado, todo regado con leche, zumos o gaseosas y terminando con frutas y pasteles llenos de azúcar, mantequilla y miel.

De entre los alimentos cuyo consumo más crece en Marruecos estaban la fruta (+163 %), la leche y sus derivados (+47 %), la carne (+35 %) y los cereales (+35 %). Parecidos porcentajes pueden suponerse en todos los países musulmanes.

Contenido Patrocinado

Fotos