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Gerardo Gutiérrez, presidente del Consejo Social de la Universidad de Valladolid.
Gerardo Gutiérrez, presidente del Consejo Social de la Universidad de Valladolid. / Leticia Pérez

Gerardo Gutiérrez: «El actual sistema de elección de rectores es perverso para el buen funcionamiento de la universidad»

  • El presidente del Consejo Social de la UVa critica la pasividad de los políticos que, ante la aparición de problemas, «prefieren ponerse de perfil antes que buscar soluciones»

Nacido en México (1953), aunque de padres leoneses de Riaño, Gerardo Gutiérrez Fuentes es uno de los empresarios castellanos y leoneses más brillantes. En la actualidad es miembro del consejo de administración de Amri, multinacional norteamericana en la que en 2015 se integró Gadea Grupo Farmacéutico, sociedad fundada por él en 1991 y que cuenta con más de 300 empleados repartidos en León, San Cristóbal de Entreviñas (Zamora) y Boecillo (Valladolid), aunque también tiene presencia en Malta y en China. A lo largo de su carrera siempre ha demostrado su compromiso con la Comunidad, tanto en su etapa al frente el Clúster de Biofarmacia de Castilla y León (2011-2013), como en la presidencia de Empresa Familiar, asociación que dirigió entre 2012 y 2014. Ese mismo año y en sustitución de José Vicente de los Mozos, director de Fabricación y Logística del Grupo Renault, Gerardo Gutiérrez se convirtió en presidente del Consejo Social de la Universidad de Valladolid (UVa). Gutiérrez tiene claro que la universidad debe dejar de mirarse el ombligo, acabar con el actual sistema de elección de rectores y, siguiendo el ejemplo catalán, contratar directamente a los mejores profesores, pero también plantea la necesidad de abrir un debate en profundidad sobre el modelo educativo que acabe con los errores de la Logse.

- ¿Qué medidas ha adoptado desde su llegada al Consejo Social de la UVa para promover las relaciones entre la Universidad y su entorno cultural, económico y social?

- Yo llego al Consejo Social con un razonable conocimiento del mundo empresarial, con un no despreciable conocimiento del ámbito social, pero sin saber cómo funciona la propia institución universitaria. Por tanto, para mí y para el resto del Consejo el primer reto fue interaccionar con los distintos grupos que componen la Universidad, lo que nos ha llevado a visitar todos y cada uno de los 26 centros que tiene la UVa en las cuatro provincias -Valladolid, Palencia, Soria y Segovia-, a los grupos de investigación y otros centros como museos o bibliotecas. Gracias a este trabajo, mi visión sobre la Universidad dista en buena medida de la que tenía cuando llegue a la presidencia del Consejo.

- ¿Cuál ha sido el cambio?

- La percepción que se tiene de la Universidad y que se ha ganado a pulso, es que se trata de una institución que se mira mucho al ombligo, muy introspectiva y con la que la colaboración es casi imposible. Yo he tenido acuerdos con hasta ocho universidades para hacer desarrollos químicos y todos se saldaron con fracasos. La única vez que pude tener una colaboración estable fue con un profesor de la UVa, pero para poder avanzar tuvo que hacerlo de forma externa al departamento y crear una 'spin-off'. Reconozco que el espíritu con el que llegue al Consejo no era el mejor. La mitad de mis amigos me decían que a los doce meses estaría defraudado y decepcionado ante una comunidad universitaria que sólo mira por sus intereses de grupo, y la otra mitad sólo me auguraba en el cargo seis meses. La realidad es que han pasado tres años y sigo aquí. Durante este tiempo, y éste ha sido el cambio fundamental, con lo que me he encontrado es con mucha gente que merece la pena y que trabaja en unas condiciones muy complicadas, pero que tiene muchas ganas de hacer las cosas bien. No estoy hablado de una generalidad, pero para mi fue una sorpresa encontrarme con este tipo de personas y con unas estructuras y unos sistemas de administración que ninguna mente en su sano juicio podía imaginar. Trabajar con eficacia en esta institución tiene un mérito tremendo.

- ¿La sociedad y la universidad están muy distanciadas?

- Sin duda. A pesar de que hoy se habla mucho del debate sobre el modelo educativo, la realidad es que se trata de un tema que en el fondo preocupa poco. En nuestra sociedad tiene más repercusión la huelga de los deberes que lo que debe ser la educación de futuro. El desinterés social por el modelo educativo es una realidad, igual que lo es que a la universidad, históricamente, le ha preocupado muy poco lo que ocurría de paredes afuera. Se trata de una institución todavía muy endogámica.

- ¿Qué modelo educativo tendríamos que intentar imitar?

Lo primero es que la sociedad española acabe de definir qué es lo que quiere ser de mayor. Si nos planteamos un modelo económico basado en nuestros recursos naturales, en el turismo y en la construcción, no hace falta tener tanta preocupación por nuestro modelo educativo, pero si aspiramos a una economía más estable, más industrial y basada en la llamada sociedad del conocimiento, la educación hay que situarla en primer plano para que sea el foco de atención de toda la sociedad.

- ¿La Universidad está de espaldas a las necesidades de profesionales que demanda el tejido productivo? ¿La crisis está sirviendo para conjugar estos intereses?

- Este es un asunto polémico y objeto de debate en el propio Consejo. Mi opinión personal y basada en mi propia experiencia, por haber participado directamente en todos los procesos de selección de los universitarios, en nuestro caso de químicos, biólogos y farmacéuticos, es que ha habido un deterioro importante y claro en la formación. No sólo a nivel de conocimientos, sino fundamental en la preparación de sus competencias. Yo he contratado a estudiantes brillantes de la Universidad de Valladolid hasta el año 2000 y 2002, pero a partir de esas fechas, y como consecuencia de la aplicación de la Logse, hay un cambio radical. Vienen mal de conocimientos, siguen sin tener una preparación de idiomas pero, sobretodo, observo una carencia desde el punto de vista competencial. Los alumnos llegan sin saben cómo abordar problemas, no tienen capacidad de comunicación y no saben trabajar en equipo.

- Pero mucha gente opina que estamos ante la generación de jóvenes mejor formada de nuestro país. ¿Comparte esta idea?

- Yo no me lo creo. Después de todas las reuniones que hemos mantenido con los profesores de los distintos centros, el común denominador que nos trasladan es la mala preparación con la que llegan los estudiantes a la universidad, mientras que los profesores de Secundaria se quejan de falta de preparación con la que llegan los estudiantes de Primaria. Yo cuestiono todo el sistema educativo en su conjunto. Es cierto que estamos ante la generación más titulada de la historia. Nunca hubo tantos estudiantes en las universidades españolas y en los últimos años la media de nuevos titulados que salían al mercado laboral era de 200.000. Estamos ante una provisión con talento muy importante para el mercado de trabajo, pero yo cuestiono su calidad.

- ¿Se están tomando medidas para adecuar la demanda laboral de las empresas a los estudios universitarios?

- Todavía no, pero considero que es muy bueno que estemos hablando de este problema. Hay que reconocer que la mayoría de los estudiantes realizan prácticas en empresas antes de licenciarse , pero se trata de experiencias muy cortas y fuera de lo que debe ser la formación dual, un modelo que está dando buenos resultados en otros países europeos y por el que nosotros deberíamos apostar de una forma más decida.

- ¿Qué supondrá el nuevo mapa universitario pactado entre la Junta y las instituciones educativas?

- El nuevo mapa universitario responde a un intento de la propia Consejería de Educación de tratar de poner una racionalidad a toda la maraña en la que se ha convertido la oferta de titulaciones en Castilla y León, aunque estamos ante un problema que afecta a toda España. En este momento creo que en nuestro país andamos por las 2.800 titulaciones de grado, que encima no son intercambiables entre universidades y que dificultan la movilidad de las personas. Es necesario poner racionalidad a situaciones como que en la Comunidad tengamos once centros en impartiendo Educación o ciencias del ámbito agrario. En el primer caso con un número muy desaforado de alumnos, mientras que el segundo la matriculación es raquítica. Al final, lo que se ha pactado entre la Consejería y los rectores se reduce a replantear de cara al futuro todo lo que es la enseñanza ‘online’ y a congelar, momentáneamente, la puesta en marcha de nuevas titulaciones. Se trata de un buen acuerdo, aunque desde mi punto de vista se ha quedado cortísimo. Considero que es necesario una planificación y abrir un debate. Sin entrar a discutir si son muchas o pocas, creo que tenemos que decidir si las universidades deben seguir siendo generalistas, permitiendo que los alumnos tengan acceso a todos estudios en su propia ciudad o provincia o, por el contrario, si buscamos universidades especializadas que apuesten por la calidad.

- ¿Puede peligrar el futuro de las universidades de Castilla y León ante la falta de oportunidades del mercado laboral de la Comunidad que obliga a muchos jóvenes a marcharse fuera?

- Las estadísticas del INE relativas al año 2014 señalaban que casi un 8 por ciento de los licenciados se había marchado fuera de España a trabajar, pero en nuestro país también hay jóvenes de otros países trabajando. No hay dramatizar cuantitativamente lo que está pasando, en este momento el espacio europeo está abierto para el movimiento de las personas y lo que no podemos seguir teniendo en la cabeza es que el trabajo lo tenemos que tener siempre en España o, lo que es peor, siempre en la ciudad en la que vivimos. Otra estadística demoledora de esa misma promoción de licenciados es que tres de cada cuatro no habían salido a trabajar fuera de su provincia. La demanda social de tener la universidad y el trabajo al lado de casa es algo que contrasta con la movilidad que existe en Europa y, sin conocer los datos, estoy seguro que hay muchos más franceses trabajando fuera de Francia que españoles fuera de España Asunto distinto es que el tejido industrial de la Comunidad pueda ofertar suficientes puestos de trabajo a nuestros licenciados. Esta claro que no. Castilla y León es una región muy envejecida que pierde población de forma continuada, con poco tejido industrial y con empresas muy pequeñas. Es evidente que este caldo de cultivo no ayuda para propiciar que aparezcan empresas basadas en el conocimiento.

- Los expertos en tecnología vaticinan que el 65 por ciento de los niños de Primaria trabajarán en puestos de trabajo que ahora no existen. ¿Está preparada Castilla y León y sus universidades para este cambio?

- Es evidente que se están haciendo esfuerzos, pero si comparamos el estado de las cuatro universidades públicas de Castilla y León con las punteras en España nos damos cuenta que estamos muy lejos. Todos sabemos los elementos que las diferencias y que las hacen mejores, pero esta tarea no se aborda de verdad. Si las universidades en Cataluña son las que, año tras año, se van posicionando mejor y si todos reconocemos que el sistema universitario catalán es el que funciona mejor, es lógico que pensemos que detrás de esta situación se encuentra la política de la Generalitat que ha propiciado la contratación, no como funcionarios, de hasta 250 profesores e investigadores de calidad de todo el mundo, los llamados Icrea. Como anécdota, el impulsor de esta decidida política, Andreu Mas-Colell, sólo impuso como condición para aceptar el puesto que su cargo se denominase vicepresidente de Economía y Conocimiento. Mas-Colell tiene clarísimo la importancia del conocimiento para la economía y viceversa y cuando él plantea la mejora del sistema universitario incide en lo que todo el mundo sabe que es la piedra angular de cualquier sistema educativo, que no es otra que la calidad de sus profesores. Ahora mismo, en el sistema universitario de Castilla y León no cabe la contratación de un profesor o de un investigador de fuera. Todos sabemos cuál es el camino y lo que hace falta es ponerle el cascabel al gato.

- ¿Hay algún intento de poner ese cascabel?

- Hasta hoy yo no tengo constancia. Sé que hay gente importante en la Comunidad conocedores de la estructura universitaria regional y del sistema de investigación y desarrollo que están sugiriendo que debemos ir hacia un modelo como el catalán donde se contrata a la gente por méritos y desde un comité que nada tiene que ver con el ejecutivo autonómico ni con las universidades.

- ¿Desde la Junta y el rector se escuchan sus propuestas?

- Los consejeros sociales se pusieron en marcha en los años ochenta con muy buena intención como organismos de representación de la sociedad frente a la universidad, pero su funcionamiento real ha sido nulo. Durante las visitas que he realizado a los distintos centros me he encontrado con mucha gente que ni siquiera sabía que existía este organismo. Ni aquí, ni en el resto de España han existido consejos sociales proactivos que propusiera ideas a los equipos rectorales

- Pero usted parece que se está tomando más serio el cargo. ¿Por qué?

- Nosotros hemos asumido una responsabilidad y lo intentamos hacer bien. Frente al rector jugamos un papel de soporte, a veces algo molesto ya que se nos puede tomar como el Pepito Grillo que viene desde fuera a decir lo que tenemos que hacer los que llevamos aquí toda la vida. Pero en general mantenemos una relación fluida y buena.

- ¿Y con la Junta?

También. El problema no está en el entendimiento o en compartir el análisis de cuál es la situación, ni siquiera en consensuar soluciones de futuro. El problema es que ellos tienen un componente político del que nosotros carecemos y que muchas veces les lleva a reducir su capacidad de acción debido al miedo a la respuesta política a cada una de sus decisiones. Si el cargo de director general de una empresa fuera elegido por los propios trabajadores, está claro que el ganador de los comicios sólo respondería ante los intereses de sus electores y no ante los fines de la empresa. Lo mismo ocurre con los rectores, que sólo responden a los intereses de su gente y no a los fines de la propia institución universitaria. El actual sistema de elección de rectores es absolutamente perverso para el buen funcionamiento de la universidad y es uno de sus talones de aquiles. Todos sabemos, incluido los propios rectores, que debe modificarse más pronto que tarde.

- ¿Entonces, qué impide a los políticos coger el toro por los cuernos y cambiar este sistema de elección?

Aunque hay excepciones y en este momento en Castilla y León contamos con un consejero de Educación que permite albergar cierta esperanza, lo que he visto en las distintas consejerías a lo largo de mi carrera empresarial es que un político es una persona que está en el cargo intentando que no le lluevan los problemas. Además, en el caso de aparezcan dificultades, tienen claro que es mejor ponerse de perfil a esperar que escampe, que abordar el problema y dar soluciones.

- ¿Cuál sería el sistema ideal?

En muchas universidades europeas lo que existe es una especie de consejo de administración que es el encargado del nombramiento del rector. En mi propia empresa, en AMRI, una de las consejeras también forma parte del consejo de administración de la universidad de Cambridge.