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Cáritas cree que la ropa que acaba tirada en el rastro «viene de fuera» y confía en su control sobre las donaciones

Ropa de segunda mano en el mercadillo de León.
Ropa de segunda mano en el mercadillo de León. / leonoticias
  • La organización establece un sistema que limita el número de prendas por familia y el número de veces que acuden al ropero / Las familias que reciben las donaciones se hacen un carné y reciben seguimiento

«No puede ser ropa de Cáritas». Así de contundente ha sido la gerente de Cáritas León, María Jesús Álvarez, en relación a la ropa de segunda mano que se vende en el mercadillo a precios irrisorios y que acaba tirada en la calle.

La afirmación de Álvarez no se basa en una suposición o en un deseo, sino que se fundamenta en el control que esta entidad realiza de la ropa que se dona desde su ropero. «Nosotros ayudamos el año pasado a 1.300 familias. Todas ellas son conocidas porque se tienen que hacer un carné y se les hace un seguiento», explica.

    No solo se controla a quienes reciben las donaciones sino que además hay un protocolo establecido que limita la ropa que se lleva cada familia. «Solo pueden venir cada dos meses a retirar piezas del ropero y además el número de prendas está limitado en función de los miembros que haya en cada familia», detalla.

    Estas medidas que establece la organización hacen muy dificil que unas pocas personas acumulen ropa para vender en un mercadillo: «Es mucha ropa la que se ve en las fotos y es imposible que sea del ropero de Cáritas», insite la gerente. «Es que no da para tanto la ropa que damos, aunque la quisieran vender solo damos cantidades para uso familiar así que es imposible junten tanto montón», añade.

    Procedencia desconocida

    Tampoco le consta haber sufrido robos: «Ningún contenedor nuestro ha sufrido daños», refiere. «Nosotros tenemos un proyecto común con Asprona para recoger ropa. Asprona la utiliza para reciclarla y arreglarla y de este modo dar trabajo a personas discapacitadas», cuenta. «Además, aunque nos hubieran robado alguna bolsa no daría para tanto como para venderla en el mercadillo», repite.

    María Jesús Álvarez desconocía que existía esta práctica de venta de ropa de segunda mano —y de dudosa procedencia— en el mercadillo de León y muestra suspicacias sobre el origen de la misma: «A saber de dónde procede», dice, «igual ni siquiera es de aquí y viene de fuera», elucubra.

    Para esta organización es claro que su sistema de control garantiza que el uso final de la ropa donada sea el de ayudar a familias desfavorecidas y no otro. «Tendremos los ojos abiertos pero estoy segura de que esa ropa no es nuestra», concluye la gerente.