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El otoño trae de vuelta al castañero

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En sus ratos libres, Ángel aprovecha para leer el periódico. / Inés Santos

  • Como cada otoño, Ángel González vuelve a estacionar La Changai a los pies de Botines para deleitar con sus cucuruchos a los paladares leoneses

Las castañas llegan a León. Y lo hacen para dar vida a la ciudad de una manera diferente. «Las castañas te calientan el bolsillo, te alimentan, te alientan el corazón, te dan memoria, te ayudan a compartir... es una historia muy social», así lo explica Ángel González que este año se ha adelantado a la cita con la ciudad de León y ha llegado antes que el frío.

Un otoño más, el castañero más famoso de León estaciona su locomotora, la conocida Changai de 1936, a los pies de Botines para deleitar con este manjar a todos los que transitan por la ciudad.

Estos 'aperitivos' son mucho más que algo para picar, son los recuerdos de los leoneses que salieron de la provincia y ahora vuelven o de los que nunca se han ido. «La castaña y el castañero vienen a ser un recuerdo», explica Ángel. La gente recuerda «como se calentaba y reconfortaba en los fríos inviernos de León» y después de muchos años vuelven esos recuerdos a su cabeza al volver a ver la locomotora.

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  • El castañero regresa a Botines

Los clientes siempre vuelven

Con el frío llegan las castañas, pero este año Ángel González se ha adelantado a la cita con la ciudad de León. Un otoño más el castañero más famoso de León estaciona su locomotora, a los pies de Botines, para deleitar con este manjar a todos los que transitan por la ciudad.

Esperando que llegue el invierno y el frío, para que el producto que oferta se deguste con mayor ilusión, Ángel despacha a pequeños y grandes los deseados cucuruchos de castañas y asegura que aunque hay muchas caras nuevas, «los clientes siempre vuelven año tras año».

Una vida de anécdotas entre castañas

Ya son 36 los inviernos que Ángel despacha a pequeños y grandes los deseados cucuruchos de castañas. Anécdotas e historias que merece la pena recordar se acumulan en sus pensamientos, y Ángel siempre dispuesto a compartirlas recuerda entre ellas las palabras de un sacerdote que hace años se acercaba por su locomotora.

«Un cura mayor que venía hace años decía que para él comprar las castañas era una comunión laica», explica Ángel con una sonrisa mientras insiste en que para él «las castañas son mucho más».

Son tres meses los el Changai se verá estacionado en Botines, para que un año más los leoneses y visitantes puedan seguir calentando sus manos y sus corazones gracias al buen hacer de Ángel.

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