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Donar vida desde la vida

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La Asociación Alcles ayuda e informa sobre la donación de médula. / Noelia Brandón

  • La asociación Alcles lleva desde 1994 ayudando a quienes padecen enfermedades de la sangre e informan y guían a quienes quieren hacerse donantes de médula

Hay historias que tocan el corazón de las personas y que remueven conciencias hasta tal punto que hacen que esta sociedad, que a veces parece en estado de hibernación, despierte de su letargo y dé lo mejor de sí misma para ayudar a sus semejantes.

El caso de un joven malagueño afectado de leucemia se ha convertido en viral en las Redes Sociales y ha conseguido que muchas personas en toda España empiecen a interesarse por la donación de médula como forma de ayudar a los demás donando vida.

En León la asociación Alcles lleva ayudando a personas con enfermedades de la sangre desde 1994 y desde 2007 cuentan con un piso de acogida donde dan alojamiento a familias que tienen que llegar a León a recibir tratamiento.

En los últimos meses, gracias al empuje de la campaña llevada a cabo por el joven andaluz, reciben cada vez a más ciudadanos que se quieren informar de cómo formar parte del Redmo, el Registro de Donantes de Médula Ósea.

Donar médula es fácil

«Nosotros les citamos aquí les explicamos todos los requisitos y si de verdad se quieren incluir, les ayudamos a cumplimentar el consentimiento informado, vía internet, que es el procedimiento nuevo que ha salido ahora», explica la Trabajadora Social del Alcles, Laura Abril. Una vez que les hemos cumplimentado el consentimiento informado, les llega su correo electrónico y luego les citan en el banco de sangre para la muestra para saber la compatibilidad. A partir de ahí ya quedan incluidos en el Redmo», detalla.

Los únicos requisitos para ser donante es tener entre 18 y 55 años, disfrutar de buena salud —no tomar medicación crónica— y adquirir un compromiso moral, es decir, sean conscientes que se están incorporando en el Redmo y el día de mañana les pueden llamar para salvar una vida. No obstante, las posibilidades de que llamen a un donante incluido en el Redmo —registro que funciona a escala mundial— es de una entre 40.000, ya que se debe tener un alto grado de compatibilidad con el paciente.

Cuando se encuentra una coincidencia, es decir cuando un paciente necesita trasplate y se encuentra un donante compatible en el registro, se pone en marcha el protocolo. Se llama al donante compatible y «se vuelve a confirmar su voluntad». Después, «se vuelve a repetir toda la analítica de sangre para confirmar que se es compatible con el paciente y luego hay dos formas de hacer la donación», explica Laura. «La que más se está haciendo en la actualidad se llama sangre períferica y sigue existiendo la segunda forma que es por punción en la médula ósea que es con anestesia general o epidural», detalla.

Un proceso sencillo, anónimo, atruista y con riesgos mínimos. Donaciones que no pueden ser dirigidas salvo en caso de familiares, pero quienes han recibido la generosidad de estas personas saben que tienen un hermano de médula en algún lugar del mundo.

«Yo gracias a un donante aquí estoy»

La otra cara de la donación la ponen miles de pacientes que cada año reciben donanciones de médula en todo el mundo. «Yo empecé en el 2004 con un linfoma no hodgkin nivel 4 y me estuvieron tratando con quimio con radioterapia y con imanes y con todo lo que yo necesité en ese momento», recuerda Nonia Alejandre, paciente trasplantada de médula ósea.

«En el 2010, me vieron unas células en uno de los controles que nos hacen y vieron que había un problema, entonces decidieron que tenían que buscar un donante que fuera externo», cuenta.

«Entonces buscaron en el Redmo, tardaron un tiempo, fue lo más inquietante, el tiempo que estás de espera, y por fin apareció una donante», explica Nonia. «Los datos que tengo de ella es que era una chica alemana, que pesaba cincuenta y cuatro kilos, y tenía treinta y tantos años», detalla.

Ingresada en aislamiento del Hospital Clínico de Salamanca, Nonia recuerda el proceso: «Primero te matan tu médula con una quimio específica y cuando ya tienes tu medula muerta, te ponen las células del donante». Nonia recuerda cómo se sentía mientras le realizaban el trasplante de células: «El trasplante es muy humilde porque no hay sangre, no hay carreras, no hay quirofanos. Es una cosa muy sencilla. Es una transfusión de las células del donante que normalmente le han recogido por aféresis [sangre periférica] y son como 30 minutos en los que tú te concentras en pensar en que si alguien ha donado células de vida desde la vida es porque a ti te va a ir bien», determina.

Nonia, está feliz después de muchos años y anima a todo el mundo a que se haga donante de médula: «Hay que concienciar a la gente, donas vida a muchas personas. Yo gracias a un donante aquí estoy o sea que animo a todos a donar vida», apostilla.

La gratitud y la esperanza son los sentimientos que con más fuerza transmiten quienes han recibido la solidaridad de aquellos que desde el anonimato y la generosidad decidieron salir del letargo y ofrecer a un desconocido el más valioso de los regalos: la propia vida.

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