Leonoticias

«Los pastores nos hemos dormido y debemos salir a buscar a la gente, llevar el mensaje de la Iglesia»

vídeo

Seminaristas del Seminario Redemptoris de León. / Sandra Santos

  • En el día del Domund el Seminario Redemptoris abre sus puertas para descubrir la vocación de los seminaristas que se forman para evangelizar una sociedad que vive inmersa en una crisis de fe y vocación, especialmente en España «donde nos hemos dejado deslumbrar por la sociedad del bienestar»

  • Su rector recuerda sus años de misionero en Medellín, en la época de Pablo Escobar y las FARC

Comunidad misionera por excelencia, León mantiene vivo el espíritu por de la evangelización que se respira entre los muros del Seminario Redemptoris Mater “Virgen del Camino”. A punto de cumplir diez años de vida, este seminario ligado al Camino Neocatecumenal cuenta con 18 seminaristas de 12 nacionalidades que reciben una exhaustiva educación para dedicar su vida a la misión, a llevar el mensaje de Jesucristo por el mundo.

Al frente del seminario, Manuel Flaker, leonés de nacimiento, colombiano de corazón. A los 23 años y tras la llamada de Jesucristo, salió de su casa rumbo a Medellín donde se formó como seminarista. Eran los años 90, una época “compleja” marcada por las mafias y los cárteles de la droga. En concreto, según recuerda, la época de Pablo Escobar.

“Me tocó ver el sufrimiento de las personas, tocar de cerca el sufrimiento y eso me hizo especialmente sensible a la violencia y a la guerra”, recuerda Flaker que además pudo de conocer de primera mano a los implicados de los conflictos durante los cuatro años que hizo pastoral en la cárcel de Bellavista.

“Allí pude conocer de primera mano a sicarios, a miembros de las FARC y a mafiosillos pero que tienen detrás una historia una vida que te lleva a entender lo que han hecho y el sufrimiento que cargan. No es fácil poder salvar a estas personas. ¿Quién les puede ayudar? O se encuentran con Jesucristo o se suicidan o les matan”.

"Era la época de la Colombia convulsa, la que dormía con ráfagas de metralletas. Recuerdo ir por la calle y casi a diario tirarme al suelo ante para evitar los disparos. No hice el servicio militar pero me esperaba en Colombia”. Una tierra que, si bien, le dio mucho, mucho más de lo que entregó.

“Colombia es mi segunda patria, sus gentes me dieron mucho. Muchas veces dices que vas a dar algo y la verdad que damos poco”, señala Manuel que dos décadas después regresaba a España, concretamente a su tierra, para ocupar el cargo de rector del seminario Redemptoris Mater, que echó a andar en septiembre del 2007 a petición del Obispo Julián López.

La misión como misión

Se trata de uno de los 15 seminarios de estas características repartidos en España, 115 en todo el mundo, que nacieron con el espíritu de la evangelización de la mano del Papa Juan Pablo II ante las preocupaciones que le expresaron en una cena en el año 1987 en la que se ponía de manifiesto las dificultades de evangelización al norte de Europa-

“Estos seminarios nacen pensando en el norte de Europa donde se habían enviado familias en misión pero no tenían sacerdotes que les acompañaran ante lo que el Papa impulsó la creación de un seminario para las vocaciones. A partir de este momento fueron proliferando por todo el mundo, con especial incidencia en España”.

Un seminario que, en el caso de León, sirvió de estímulo para una tierra tradicionalmente misionera, representado en figuradas como la del Segundo Llorente, el primer sacerdote católico en formar parte de una legislatura norteamericana, o Toribio Alfonso de Mogrovejo.

En él, 18 seminaristas, vocaciones que llegan por sorteo, se forman en su globalidad. Reciben una formación humana, espiritual e intelectual. “Es el centro de formación más grande que existe, por encima de la universidad”, señala Manuel, que recuerda que además durante su etapa formativa dan catequesis o son los encargados de la celebración de la palabra en ausencia del sacerdote. “De esta forma, van viendo la perspectiva de misión que les espera”.

La experiencia de la fe

Una vocación, la de misionero, que surge de la experiencia del descubrimiento de la fe, del amor de Dios en su vida, que les hace dejar todo. “Aquí no tienen dinero, deben abandonar su vida y no es fácil pedírselo a una persona si no tiene una experiencia de fe, si no se ha encontrado con Jesús, si no ha visto que su vida con Jesús es maravillosa y que está agradecida”.

Precisamente, Manuel recuerda que él jamás pensaba dejar su casa. Es más, su proyecto de vida era casarse, sin embargo, la experiencia del encuentro con Cristo cambió su destino. “Vivimos en una sociedad que a pesar de que tenemos todo, estamos tristes y existe una frustración existencial. Sin embargo, el encuentro con Jesucristo no deja a nadie frustrado. Aunque hay que vivir esa experiencia”.

Un encuentro que vivió Daniele, un joven italiano de 25 años al que la vocación le surgió cuando apenas tenía 16 años. Recuerda que su objetivo era estudiar Estadística, es más, bromea con que el que pensaba en casarse con una “mujer guapa”. Su vida se centraba en estudiar, ordenador y salir, sin embargo, asegura que no era feliz.

“Me sentía vacío. Intentaba rodearme de gente pero aun así me sentía solo y me preguntaba dónde estaría la felicidad. Y fue al escuchar las palabras de Benedicto XVI y Kiko Arguello cuando me sentí querido por Dios y lo aposté todo. Si era verdad que ahí estaba la felicidad decidí irme a un seminario”.

Diez años después, asegura sentirse pleno. "Más que feliz me siento pleno porque a veces relacionamos el concepto de felicidad a momento de fiesta y yo siento que ahora mi vida tiene sentido”, asegura Daniele, que señala que lo que le anima a ser sacerdote es el hecho de ser misionero.

Comparte su vida en el seminario con Bernadim, un joven haitiano, que desde pequeño tuvo clara su vocación dentro de la Iglesia católica a pesar de formar parte de una familia en su mayoría protestante. Es más, reconoce que en un principio se encontró con el rechazo de sus padres.

Ambos entienden que su vocación resulte extraña entre los jóvenes de su generación porque, reconocen, no se han encontrado verdaderamente con Jesús y “sin ello es imposible seguir este camino”.

Crisis de fé, crisis vocacional

Pero la mies es mucha y los obreros pocos. La crisis vocacional es hoy una realidad a la que la Iglesia no puede ni debe darle la espalada, más en un país como España que, según reconoce Manuel, ha vuelto a convertirse en tierra de misiones.

Una crisis vocacional que obliga a hacer un análisis pastoral y sociológico. Flaker reconoce que en la sociedad española en los últimos 40 años ha habido una crisis de fe porque no se ha puesto la semilla de la fe a través de la evangelización a lo que se suma la sociedad del bienestar “que nos ha deslumbrado a todos, llevándonos a la deriva”.

“Quizá los pastores nos hemos dormido insistiendo en una pastoral que llega a poca gente a través de la celebración de la eucaristía. Hoy por hoy no debemos pensar así. Hay que salir a buscar a la gente, hay que ir al bar, tomarse un vino e intentar que nuestro mensaje llegue a más gente”.

En cualquier caso, Manuel cree que en medio de esta crisis de fe hay valores interesantes. “No todo es malo porque la crisis de fe nos tiene que estimular para llevar el anuncio de la fe al mundo, es el motor que ahora nos debe guiar”.

Una crisis de fe y también de vocaciones, a fin de cuentas, recuerda Flaker, ni la fe ni las vocaciones misioneras se improvisan. “San Juan Bosco decía que el 75% de jóvenes están llamados a una vocación para la vida religiosa o misionera. Dios sigue llamando hoy pero quizá no ha sintonizado o no ha entrado la página web correcta o no ha llegado el mensaje de whastapp. Si no tienes esa fe difícilmente se puede responder y aún con teniendo fe existe un combate interno para romper con el proyecto de vida”.

Precisamente, la Iglesia ha hecho este domingo un guiño a la tarea de los misioneros motivo de la Jornada Mundial del Domund y ha lanzado a presbíteros, religiosos, seminaristas y a todos sus fieles la invitación de salir de tu tierra, para continuar con la universalidad de su misión evangelizadora.