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La flor más bella del jardín

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Natalia Crespo trabajando en su tienda de El Ejido. / Noelia Brandón

  • La florista leonesa Natalia Crespo consigue, desde su despacho en el barrio de El Ejido, el segundo premio en el certámen nacional de Mejor Artesano Florista celebrado en la localidad asturiana de Avilés

Un producto tan delicado como una flor puede acabar convirtiéndose en arte y sino que se lo digan a Natalia Crespo, una florista leonesa que acaba de obtener el segundo puesto en el premio al Mejor Artesano Florista de España.

Fueron 23 los finalistas, de doce escuelas diferentes, los que llegaron a Avilés para pasar 10 pruebas y demostrar la magia que se puede hacer con un ramillete de flores. Fue la mejor oportunidad para juntar la ciudad asturiana a la ‘flor y nata’ de un mundo con mucho por descubrir y poco reconocido en España.

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  • La flor de León

Natalia Crespo, descendiente de familia florista, tiene su negocio en el barrio de El Ejido, en la calle Virgen Blanca, y al principio le pareció imposible poder estar entre los mejores de España. «Estuve dudando si ir, lo veía difícil. Estoy acostumbrada a estar con mi gente, mi clientela, y afrontar estos retos me provoca cierto nerviosismo».

Pero nada más lejos de la realidad, poco a poco se lo fue creyendo y disfrutó con duras pruebas eliminatorias que le han ayudado a seguir aprendiendo en este arte.

«Aprendes a compartir, a liderar, a fusionarte, a dejarte llevar, porque de todo se aprende. Me vengo con un buen sabor de boca, todos juntos podemos tener ideas fantásticas y maravillosas», asegura esta profesional de la flor mientras sigue con sus tareas tras su mostrador.

Las pruebas en grupo, las más duras

Sin duda, para esta artista leonesa, las pruebas en grupo fueron las más duras, aunque también se dejó sorprender por la belleza de los escenarios en los que se desarrollaban. Recuerda que en el cementerio de Avilés tuvieron la posibilidad de desarrollar sus trabajos sobre tumbas de ilustres asturianos, todo ello trabajando en equipo y, aunque cada uno manda en su casa, lograron sacaron adelante los juegos de flores.

Una de las misiones más complicadas tuvo lugar entre los cinco últimos finalistas. El jurado del MAF ordenó desarrollar un ramo con la técnica de espiral con 100 rosas limpiadas a navaja. Una vez que el ramillete estaba concluido se debía cortar y depositarse encima de la mesa para que se mantuviera él solo. «Esta espiral al final le va dando holgura, con manos pequeñas se pasa realmente mal».

Este tipo de concursos sirven para que los floristas logren destapar el tarro de las esencias y evidencian una capacidad poco reconocida hoy en día. «Aconsejo a todos los floristas que sepan desarrollar con destreza cualquier prueba a la que les sometan, con alegría, ganas de poder compartir. No consiste en ser el mejor porque tú lo dices, sino porque tus trabajos tienen una lectura».

«Es importante saber expresar con las flores»

La pasión que despierta en Natalia Crespo el arte floral la ha llevado a tocar la cima de un mundo tan complicado como delicado, el de las flores, donde son muchos los misterios y variadas las técnicas que se pueden llevar a cabo con estos elementos.

Cada una de ellas es un mundo y, como los colores o los sabores, en la variedad está el gusto. «Es importante saber a quién va dirigida, depende del sentimiento con que llegues se puede orientar de una u otra manera».

Hay tantas flores como días, y cada uno puede pedir un motivo diferente, igual que cada persona. «Se puede llegar con una flor, si es para un hombre, una mujer creativa, escritora o para un cementerio».

La florista señala cómo cada flor necesita un cuidado y su trabajo también consiste en explicar a sus clientes la función, los cuidados y el tiempo que puede durar para no llevar a engaños. «Las flores duran lo que duran, no son eternas, pero una flor fresca puede durar 10 días, mínimo».

Su trabajo no termina en la tienda, esta vendedora y artista trata de transmitir el legado de su familia y su sabiduría sobre el mundo floral. Imparte talleres y allá donde necesiten su colaboración ella se siente dispuesta.

Natalia Crespo ha vuelto a demostrar que para crear un arte no hace falta más que ilusión, ganas e interés por aprender. Las flores son un mundo por descubrir y le ponen color y luz a la vida; será por eso que no existe un jardín sin flores.