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Se formó la melonera

  • León ha vuelto a revivir La Melonera, una tradicional romería sin ermieta ni procesión que ha llenado de folklore y vestimentas antiguas la plaza del Grano y que en esta edición ha revivido la tradición de la covada

“Era una fiesta auténticamente popular. Surgida del pueblo y mantenida por el pueblo, sin la intervención de ningún mando o poder. Nadie sabía quién convocaba para la celebración de la romería sin ermita ni procesión, pero llegado el día 8 de septiembre desde primeras horas del parque se cubría la pradera con una multitud alegre y confianza. En lugares bien estratégicos se amontonaban los melones y las sandias mientras sonaban los organillos de Felipe y las panderetas sonaban en los corrillos”.

Con estas palabras se refería el escritor Victoriano Crémer a La Melonera, una tradicional romería leonesa que data del año 1900 que inicialmente se celebraba en la explanada la melonera, actualmente la ubicación de la plaza de toros, para trasladarse a la plaza del Grano. Un festejo cuya última referencia es del 1920 y que por tercer año consecutivo desde el 2014 León ha vuelto a rememorar.

Desde primera hora de este sábado, la plaza del Grano se ha teñido con las vestimentas tradicionales y el mejor folklore leonés para iniciar una celebración que arrancó con una exposición de antigüedades del siglo XX y la tradicional parva, que es la acción de tomar orujo acompañado por pan.

Una puerta al pasado donde no ha faltado el reparto de 400 kilos de melones y 200 de sandía en una jornada en la que el acto central ha llegado por la tarde con el bautizo y representación de una tradición antediluviana, natural de la maragatería, como la covada.

Un acto cuya comitiva arrancó en Guzmán para en romería regresar al Grano y rememorar esa tradición en la que la mujer, tras dar a luz, reanudaba sus labores mientras que el marido, ocupando su lugar en la cama, tomaba al niño y recibía las felicitaciones y cuidados de sus vecinos.

Esta tradición se realizaba por tres motivos que no dejan claro su origen: Uno era que simbolizaba el rito de paso de transición de una sociedad matriarcal a una patriarcal. Otra de un ritual protector para que los malos espíritus que querían atacar a la madre se fueran a por el padre que era más fuerte. Y por último, una muestra de ‘paternidad’ para que se supiera que el niño era realmente del padre en cuestión.

Un festejo con el que León trata de recuperar sus tradiciones más señeras y mostrar sus raíces.