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Francisco Sosa-Wagner, durante la entrevista. / Inés Santos

Sosa Wagner: «León tiene que corregir las políticas erróneas con contundencia e imaginación»

  • El que fuera diputado europeo por UPyD analiza desde una relativa barrera los acontecimientos políticos y sociales de los últimos meses

Después de estar en el dique seco, vuelve a cuenta de una polémica por participar en un acto de Ciudadanos en las elecciones vascas. ¿Qué ocurrió?

Yo no he vuelto a la política, tengo una vida un poco más tranquila y además me he jubilado en la Facultad de Derecho, aunque eso no quita para que esté de un lado para otro. Con Ciudadanos ya estuve el año pasado en un pequeño grupo de trabajo, asesorando a Albert Rivera para la reforma constitucional, aunque los documentos se han ido modificando muchas veces, en función de los pactos.

Algunos pensaron que volvía...

No. Yo en política me he licenciado, me he doctorado y he hecho la mili. Sí que colaboro en estas cosas, porque, por un lado, me unen razones de amistad con Albert Rivera y en segundo lugar porque creo que es un proyecto digno de ser apoyado. Soy profesor de Derecho Público y algo puedo decir a las personas que se dedican a la política, y si estas lo aceptan mucho mejor.

Sobre participar en la campaña en el País Vasco, he vivido mucho tiempo allí. Además, el hecho de que Fernando Sabater sea vasco, empujó a Albert Rivera a animarnos a echarle una mano. No fue un mitin, fue una charla entre los tres moderada por una diputada del congreso, una charla en defensa de la Constitución. Fue hablar de lo de siempre, de la lucha contra los nacionalismos, contra los particularismos que son retrógrados, etcétera, defendiendo la Constitución como un texto de libertad. Esto se pone en buena medida por grupos políticos extremistas, aunque los mayores sabemos cómo se las gastaba el poder público cuando no había democracia y tratamos de hacer ver eso, aunque parece mentira que todavía haya que hacerlo ver.

Con este acto visibilizó su apuesta, aunque fuera solo ideológica, por Ciudadanos...

Yo me di de baja de UPyD hace dos años y renuncié a mi escaño. Me podría haber quedado en el Parlamento Europeo, pero no me encontraba a gusto y renuncié. Es raro, porque nadie lo ha hecho en el Parlamento para volver a la vida privada, pero yo lo hice y estoy contento. No me gusta recordarlo porque es una cosa muy antigua y muy aburrida.

Muchos ven al partido de Rivera como heredero de UPyD.

Sí, claro. Cuando tuve el lío con Unión Progreso y Democracia fue, además de por algunas cuestiones de organización, por un artículo que publiqué en el que decía que los miembros de Ciudadanos y UPyD podían ponerse de acuerdo para ofrecer un programa común. Lo hice con la mejor intención del mundo porque veía que eso era el futuro. Yo no soy un vidente, pero los cuatro diputados de UPyD y los dos de Ciudadanos en el Parlamento Europeo estábamos siempre juntos. La dirección aquello vio que no era así, y consideró que éramos dos partidos distintos. Lo demás no lo voy a explicar porque es evidente y claro, pero seguramente con un acuerdo UPyD hubiera sobrevivido.

Entiende que pueda haber molestado su participación en el acto de campaña, como manifestó Rosa Díez?

Yo no sigo las declaraciones de Rosa Díez, hasta que no termine de oír todas las Cantatas de Bach, las profanas y religiosas, no tengo tiempo.

A nivel nacional, ¿hacia dónde cree que va la situación política?

La política de pactos de Albert Rivera es auténtica política europea, que no se hace a base de enfrentamientos izquierda-derecha, tú estás aquí y yo estoy aquí. Es así hasta el punto de que en el Parlamento Europeo los socialistas, los populares y los liberales sostienen la presidencia de Junker. En España ni el PP ni el PSOE pueden pactar nada, pero en cuanto pasamos los Pirineos forman pactos. En el 90 por ciento de votos que emiten socialistas y populares en los plenos sobre mil y una cuestiones, mientras aquí no se entienden en nada, allí están perfectamente de acuerdo. Lo que ocurre aquí poco tiene que ver con las ideologías, sino con personalismos, con mantenerse en el sillón porque no tienen muchas posibilidades de prosperar fuera de la política. Los años capitales de la política alemana tuvieron en el gobierno a ejecutivos en coalición. Incluso llegaron a ser amigos entre liberales y socialdemócratas, y esto la ciudadanía española tiene que saberlo.

La solución entonces pasa por sentarse a hablar.

Mi tesis es que los pactos tienen que tratarse entre los técnicos, que hablan el mismo idioma entre ellos, porque han estudiado los mismos libros. Luego, lo de carácter más ideológico, para los políticos. Aquí se hace a base de una visita entre ellos, que está bien, pero luego hay que sentarse a hablar y lo que se alcance se cuelga en la web. Así cada uno es libre de ver luego si le satisface o no lo conseguido. Lo que ocurre en España es realmente infantil.

Sosa Wagner: «León tiene que corregir las políticas erróneas con imaginación y firmeza»

¿Tendremos gobierno o votaremos en navidad?

Espero que no haya que votar en navidad, que no nos hagan pasar esta broma. Creo que todos están en intentar evitarlo, que está el PP, buena parte del PSOE y Ciudadanos.

Fuera de esa ecuación queda Podemos...

Podemos tiene su papel, cinco millones y medio de españoles respaldan esa opinión y tienen que tener esa salida. Las democracias tienen esa 'ventanita' por la que entra el aire fresco. Está muy bien que el ambiente se renueve. En Alemania empezaron los verdes y todo el mundo se los tomaba a broma. Pasaron quince años y estaban sentados en el gobierno. Aunque eso sí, no comparto las opiniones de Podemos, porque tampoco se muy bien cuáles son.

¿Más allá de la amistad que les une, qué ve en Albert Rivera?

Veo en él lo que he visto en Europa, el tiempo dirá si es un hombre de Estado. Lo digo con la distancia necesaria, pero el es un hombre de pacto. Es joven, tiene la experiencia que ha adquirido en Cataluña y se ha percatado de la importancia del lenguaje del pacto. Lo otro es salvajismo.

El papel de la provincia León en la situación española parece de mero espectador, pero cuenta con sus propios problemas...

Sus problemas se inscriben en los de los grandes problemas de Europa. A mí en campaña me preguntaban que qué iba a hacer por la provincia, pero yo en el Parlamento representaba a todos los habitantes de la Unión. En todos los sitios se habla de soluciones muy parecidas. León es una provincia castigada por políticas de aquí y llegadas de fuera, y toca corregirlo. Es difícil, porque se parte del problema de la caída de la población. Procedería inventar cosas, no estar obsesionados con las formas tradicionales. No logro entender por qué no se explota más la naturaleza de León, veo los campos descuidados y por ahí se puede empezar. Hace falta contundencia e imaginación.

Sosa Wagner: «León tiene que corregir las políticas erróneas con imaginación y firmeza»

Sobre la minería, muchos miran a Europa con la mirada crítica...

Se hizo un pacto hasta 2018. Ahora mismo no se cómo está funcionando, pero sospecho que más mal que bien. Aquí estoy oyendo todos los días los problemas mineros, la compra del carbón de fuera... me parece muy mal que se compre el foráneo, hay que comprarlo el autóctono y alimentar con eso a las térmicas de aquí. Pero ojo, hay que saber que no se le pueden poner puertas al campo, la globalizan es la global. Y luchar contra la global es tratar de luchar contra el pedrisco que viene en una tormenta, eso no es posible. Entiendo que se haga el esfuerzo por mantener la explotación de determinadas minas, me parece bien y en eso deben estar los poderes públicos, pero sabiendo que eso tiene un futuro tirando a negro, como el carbón. Por ahí no va el futuro.

Después de todos estos años de trayectoria política, ¿teme ser recordado por aquella vez que enarboló un pepino en el pleno europeo?

Muchas veces se recuerda, pero estoy muy orgulloso del pepino porque con ello evité que siguieran los alemanes insistiendo en que los productores y los agricultores españoles eran los autores de todos los males. Con ello conseguí abortar todas esas denuncias que se hacían. He hecho muchas cosas más importantes en el parlamento que lo del pepino, pero en fin, ha quedado eso. Incluso una vez, paseando por Valencia, me invitaron a entrar en una heladería que hacía helados de pepino. Y me invitaron a uno.