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Exteriores de la Estación de Tren de León. / Noelia Brandón

Un año de la llegada del Ave a León: más turistas para una capital que quiere abrirse a España

  • El aterrizaje de la Alta Velocidad cierra sus primeros 365 con un aumento notable en pernoctaciones y visitantes | Solo en nueve meses suma 357.000 usuarios

El otoño leonés tiene aires de comienzo. Aires que vinieron empujados, un 9 de noviembre de 1863, por una gran máquina de hierro que hacía su entrada imponente en la capital. Los comienzos asustan y, en aquella ocasión, la primera locomotora que llegaba a León en la historia también generó dudas. Aunque achacó cierto malestar corporal, el obispo de León dejó un halo de espantada con su ausencia en la pertinente bendición, a la que si que acudieron sus homólogos de Palencia y Astorga. El progreso a veces se torna en mal trago.

El tren, que en aquel otoño leonés traía el avance sobre raíles, contaría con otra bienvenida para la que habría que esperar aún 121 años.

Fue un martes cuando la Alta Velocidad, que ya había llegado a España 22 años antes, aterrizaba en León. 162 kilómetros de vía desde Valladolid hasta la capital leonesa que cobraron vida tras una inversión de 1.620 millones de euros. El 29 de septiembre de 2015, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y la ministra de Fomento, Ana Pastor se subían en Chamartín al primer tren con destino a Palencia primero, y a León después.

Como recuerdan las crónicas de un año atrás, no eran aún las doce de la mañana cuando por los altavoces del tren se escuchaba a una azafata de Adif anunciando a los señores viajeros la próxima estación. «León, final de trayecto». Era el preludio del momento histórico. Un acontecimiento esperado, ansiado y prometido por los últimos tres presidentes del Gobierno y que había sufrido un baile de fechas desde el año 2008 que inquietaba a algunos y desesperaba a muchos.

Ahora, un año después, el impacto de la velocidad en la capital es notable. Tomás finaliza un servicio con su taxi y no evita comentar la jugada: «La llegada del Ave se nota, ahora tenemos más servicios y las horas de llegada del tren son importantes», comenta sin bajar del vehículo.

Para el viajero leonés, Madrid empieza a ser una capital cercana, dejando atrás la idea de un viaje en el que uno podía acabar con el cuadernillo de crucigramas antes de ver a lo lejos las torres Kio. Víctor se acerca a la nueva estación de León a sacar el billete para un próximo viaje a la capital, a pesar de que reconoce tirar más para el norte cuando tiene la ocasión: «Está muy bien, en dos horas te plantas en Madrid, pero debería haber algún tipo de descuento por usarlo con frecuencia». Este leonés lo tiene claro: «La gente de fuera se anima más a venir y los que trabajan lejos de León pueden hacerlo mejor».

El sector hotelero mira a los vagones con recelo. Aunque las cifras cantan (en lo que va de 2016, León suma 495.613 pernoctaciones, o lo que es lo mismo, 23.425 más que en todo 2015), la rapidez del Ave permite ir y venir a Madrid en el día, lo que para algunos hacer mella entre semana. «Si lo analizamos fríamente, tenemos menos gente durmiendo entre semana, aunque de viernes a domingo se nota la llegada de turistas», comenta Mario Sánchez, director del Hotel Alfonso V.

En sus primeros nueve meses de vida, son 307.334 los viajeros llegados a la capital, lo que supone 15.432 viajeros más con respecto a 2015, como registra el Instituto Nacional de Estadística.

No suelen faltar en las declaraciones públicas del alcalde, Antonio Silván, referencias continuas a las posibilidades de la Alta Velocidad. «Nosotros sabíamos que iba a marcar un antes y un después, pero seguramente no imaginábamos que lo haría tan rápido», concede el regidor. Centrado en la posibilidad de 'vender' León al resto de España, Silván defiende que «lo fundamental es el Ave Madrid-León, es lo que realmente nos interesa sin despreocupar el trayecto inverso. Las posibilidades que nos ofrece la capital son infinitas». Tras varias campañas de publicidad, el alcalde mira hacia Chamartín como quien ve una mina de oro aún por explotar, de forma que el tren vertebre un León «que está de moda», como reza uno de los eslogan que utiliza el Consistorio.

Un año ha pasado de aquel otoño leonés en el que el progreso volvió a entrar aminorando la marcha según se intuía la Catedral. Un tren que acorta distancias como lo hiciera 122 años atrás, con ese olor a nuevo tan propio de los comienzos.